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Malos políticos y peor revolución


Cuarenta años después de la revolución, que nunca dejó de ser un vulgar golpe de Estado, es bueno recordar sobre el fatídico hecho, en momentos en que el sistema político, lejos de ser una democracia real y participativa, lo habían convertido en la hacienda de los económicamente poderosos, algo que el PRD recuerda "ad sempren" al mantener el 11 en su escudo de armas.

Para ganar aquellas elecciones, Arnulfo Arias, el presidente depuesto, se había unido a sus enemigos tradicionales: la oligarquía criolla. Apenas declarado electo, cometió todo tipo de tropelías en contra de diputados y concejales electos, regalando justificaciones a los golpistas. Para evitar lo tumbaran como en el ’41 y el ’51, decidió desmembrar el estamento de seguridad del Estado; de Argentina trae a Luis Carlos Duque, con estudios militares, para hacerse cargo de esa reestructuración. Frustrado su proyecto de mando, Arnulfo se desapareció...

Boris Martínez, el verdadero gestor del golpe, era Jefe de la Guardia Nacional en Chiriquí. Los oficiales jóvenes veían peligrar sus intereses en lo que hacía Arnulfo. Ese día Torrijos celebraba su nombramiento como agregado militar en El Salvador. Por ser teniente coronel, Martínez lo hace compartir el liderazgo hasta febrero del ’69, cuando lo destierran a Miami.

La deuda externa en el ’68 no superaba los $200 millones. Durante el régimen militar se construyen muchos mega proyectos que, a su vez, justifican fortunas mal habidas: la Autopista Panamá-La Chorrera, costó más del doble de lo que se presupuestó. Un ministro de Obras Públicas para justificar todo lo que robaba, siempre se ganaba la lotería.

Manuel Antonio Noriega, oscuro teniente en el ’68, desde diciembre del año siguiente, cuando le dan un golpe a Torrijos, al ser el artífice del regreso de éste al poder, gana gran escalafón, sobre todo en lo relativo a la seguridad estatal. Es absurdo dividir esa época en antes y después de la muerte de Omar: Noriega manda junto a él, hasta su misteriosa muerte, cuando detenta todo el poder.

Impunidad fue un término propio de una época carente controles. El único militar preso por corrupción resultó Luis Carlos Segura, gerente del INTEL, encarcelado con un promotor de bienes raíces por vender a la entidad con sobreprecio. Durante veintiún años los militares y sus amigos hicieron del país su fiesta.

Cuarenta años después, ¿habrán cambiado en algo los hijos de esa Revolución? ¿Habrá aprendido su lección la clase política que con su rebatiña en el ’68 remeció la enclenque democracia que teníamos? ¿Estaremos repitiendo escenarios que jóvenes de esa época como yo vemos con tanta preocupación?

Panamá ya tuvo su cuota de arnulfistas y PRDs, ahora clama por un cambio.

101 años de Panamá América

 
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