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Maltratados


El Tratado de Neutralidad del Canal y sus enmiendas es un tratado que nos maltrata, pues se constituye en un instrumento de permanente intervención militar de los EE.UU. en Panamá después del año 2000. El principal gestor de los Tratados lo reconoció en la ceremonia de firma de los Acuerdos en 1977, que el "Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal" nos situaba "bajo el paraguas defensivo del Pentágono", y podía convertirse en "un instrumento permanente de intervención" de EE.UU. en Panamá. Días más tarde Torrijos ratificaba sus palabras, declarando que el derecho de EE.UU. a la intervención, fue el precio que tuvo que pagar Panamá en las negociaciones del canal.
Por su parte Henry Kissinger, quien fue secretario de Estado norteamericano durante un período de las negociaciones, declaró un lustro después de la firma de los Tratados: "El nuevo acuerdo coloca a Estados Unidos en una posición moral y jurídica mucho más fuerte para, en tal caso, defender sus intereses, que la que le proporciona el tratado concertado en 1903, que ni siquiera fue firmado por un panameño y que universalmente se considera injusto. No volveremos a tener oportunidad de resguardar nuestros verdaderos intereses en el Canal bajo condiciones tan favorables, como las que se han negociado". Julio E. Linares, experto en derecho internacional sintetizó su opinión así. "Hemos sido tratados con más dureza que si hubiéramos perdido una guerra con los EE.UU."
El principal logro de los tratados es el hecho objetivo de que Panamá después del año 2000 va a administrar, defender, mantener y hacer funcionar la vía interoceánica, ha sido mediatizado por el Tratado de Neutralidad y sus correspondientes enmiendas, condiciones, reservas y entendimientos impuestos por el Senado norteamericano después de la firma de los tratados y del plebiscito efectuado en Panamá.
En el plano de la defensa, se erige amenazadoramente la Reserva de DeConcini, que reza en una de sus partes: EE.UU. se arroga "el derecho de tomar las medidas considere necesarias, de conformidad con sus procedimientos constitucionales, incluyendo el uso de la fuerza militar en la República de Panamá, para reabrir el canal o reanudar las operaciones del canal, según fuera el caso".
Es decir, sea por causas externas (guerras, situación internacional), o por causas internas (gobierno "hostil" a EE.UU., huelgas obreras, presiones populares), EE.UU. posee la decisión unilateral de intervenir en cualquier punto del país a perpetuidad, si interpreta que una situación determinada pone en peligro, su seguridad o el tránsito de la vía.
Estos derechos de EE.UU. no sólo alcanzan el actual Canal que funciona desde 1914, sino cualquiera otra vía que se construya parcial o totalmente por Panamá, sea que EE.UU. participe o no en su construcción y/o financiamiento. También mantienen el derecho al paso expedito de sus naves de guerra y auxiliares después del año 2000.
Los textos del Tratado con sus enmiendas abren también, la posibilidad de que los EE.UU. negocien y acuerden pactos militares después del año 2000, que permitan la permanencia de actuales o futuras instalaciones militares norteamericanas en el país.
El Tratado de Neutralidad no posee fecha de expiración, ni mecanismo de arbitraje obligatorio a nivel internacional para dirimir violaciones o desacuerdos. Además se constituye en un instrumento de amenaza intervencionista permanente para la independencia de la nación, y permite la injerencia norteamericana en asuntos que no le corresponderían a EE.UU. por estar el Canal bajo la total soberanía panameña. Es decir, la combinación de la presencia directa e indirecta del aparato bélico a perpetuidad contra la libre autodeterminación de la República de Panamá.
Las recientes declaraciones del jefe del Comando Sur, General Charles Wilheim, no hacen más que traer al tapete el tema de la libre autodeterminación de Panamá y la necesidad de reconstruir las relaciones entre los dos países sobre la base del respeto y la cooperación. El revivir invasiones e intervenciones sería quedarnos en un pasado doloroso y reproducir en el futuro la sangre derramada y los enfrentamientos.
Panamá estará mucho mejor, liberada de cuarteles de ejércitos de adentro o bases de militares de afuera, sin golpes de estado o invasiones. El tema de la frontera sur debe enfrentarse a través de una ofensiva política diplomática con las fuerzas colombianas en pugna, el desarrollo sostenible del Darién y el fortalecimiento de la seguridad fronteriza. En su momento Panamá debe buscar la eliminación de las cláusulas intervencionistas del Tratado de Neutralidad que lo convierten en un tratado que nos maltrata.

101 años de Panamá América

 
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