Maltrato psicológico en el trabajo
Así como existe maltrato psicológico en el ámbito familiar o en otros ambientes, también puede existir en el laboral. Empecemos por mencionar dos de las filosofías más comunes aplicadas por los empleadores en el trato a los empleados, éstas son el palo (el castigo) y la zanahoria (la recompensa). Aunque ambas son fuertemente criticadas, en nuestro país los empleadores, empresarios y bandos medios se inclinan por el palo, porque según lo manifiestan, es la forma más efectiva de controlar a los empleados y de hacerlos productivos. Para ello poseen toda una serie de castigos escalonados que van desde las suspensiones, hasta los despidos. Ahora si esta forma de administrar seres humanos es o no efectiva no lo vamos a discutir. Lo que sí queremos recalcar es que el palo puede pasar fácilmente a maltrato.
La experiencia que tuve un tiempo atrás es un ejemplo. Estaba reunido en la oficina de un empresario para el cual brindaba mis servicios profesionales, cuando de repente, éste llamó a su secretaria; para mi sorpresa, irrumpió en una sarta de insultos ante lo cual me quede atónito, jamás había escuchado algo semejante, esa era su forma de reprenderla.
El insulto, la humillación, son formas de maltrato que atentan contra la autoestima de la persona, y lo irónico es que muchos empleadores autoritarios utilizan este tipo de comportamiento como si fuera algo normal. Esta es una norma de castigo que según ellos es fundamental para mantener la autoridad y el control.
La agresión verbal es sólo una de las manifestaciones del maltrato en el ámbito laboral, pueden existir otras formas por omisión, como el muy común pago atrasado de las remuneraciones(pagar después de la quincena), el no-reconocimiento de las horas extras, el desprecio a través de gestos y palabras, inclusive la disminución del salario anterior a uno menor, y la movilización del empleado a labores que están por debajo de su nivel profesional e intelectual. Agregado a esto el muy sonado caso del acoso sexual bajo el cual son mujeres las mayores víctimas.
Este es un problema de cultura empresarial que esta sujeto a creencias que sustentan este modo de actuar. Pero lo que los empleadores no entienden es que estas formas de interactuar con sus subordinados más que favorable es perjudicial, pues no existe algo más desmoralizante y desmotivante para un empleado, que el no-reconocimiento de sus éxitos, actitudes negativas hacia el pago remuneración de sus servicios, continuas ofensas e improperios, y el irrespeto hacia la persona y su autoestima a través de cualquier forma ya sea por actos verbales o no verbales, en que pueda ser manifestado.
Es contradictorio ver cómo un gerente o propietario de una empresa exige a sus subordinados modales con sus clientes, cuando éste es incapaz de demostrar hacia ellos lo mismo. Este empleado carece de un modelo, un líder que seguir, y su jefe muchas veces es una especie de cavernícola encorbatado.
El empresario moderno no actúa de esta manera instintiva y es guiado por valores que le hacen sobresalir como un líder carismático. Su mayor valor es el respeto hacia las personas, sean negros, blancos, de bajo nivel académico, etc. Gracias a Dios en Panamá también existe esta clase de empresarios cuyo ejemplo hay que seguir.
Sin embargo en nuestro país todavía existen actitudes arcaicas en el manejo y administración del recurso humano, actitudes que llegan a convertirse en verdaderos martirios para los subordinados que producen mucho menos de lo que podrían producir, debido al nivel de estrés bajo el cual laboran.
Si deseamos un país más productivo y próspero económicamente tenemos que iniciar un proceso de cambio, que involucre tanto a empleados como a empleadores, con el fin de mejorar esa relación tan malograda durante años por creencias erróneas.
La experiencia que tuve un tiempo atrás es un ejemplo. Estaba reunido en la oficina de un empresario para el cual brindaba mis servicios profesionales, cuando de repente, éste llamó a su secretaria; para mi sorpresa, irrumpió en una sarta de insultos ante lo cual me quede atónito, jamás había escuchado algo semejante, esa era su forma de reprenderla.
El insulto, la humillación, son formas de maltrato que atentan contra la autoestima de la persona, y lo irónico es que muchos empleadores autoritarios utilizan este tipo de comportamiento como si fuera algo normal. Esta es una norma de castigo que según ellos es fundamental para mantener la autoridad y el control.
La agresión verbal es sólo una de las manifestaciones del maltrato en el ámbito laboral, pueden existir otras formas por omisión, como el muy común pago atrasado de las remuneraciones(pagar después de la quincena), el no-reconocimiento de las horas extras, el desprecio a través de gestos y palabras, inclusive la disminución del salario anterior a uno menor, y la movilización del empleado a labores que están por debajo de su nivel profesional e intelectual. Agregado a esto el muy sonado caso del acoso sexual bajo el cual son mujeres las mayores víctimas.
Este es un problema de cultura empresarial que esta sujeto a creencias que sustentan este modo de actuar. Pero lo que los empleadores no entienden es que estas formas de interactuar con sus subordinados más que favorable es perjudicial, pues no existe algo más desmoralizante y desmotivante para un empleado, que el no-reconocimiento de sus éxitos, actitudes negativas hacia el pago remuneración de sus servicios, continuas ofensas e improperios, y el irrespeto hacia la persona y su autoestima a través de cualquier forma ya sea por actos verbales o no verbales, en que pueda ser manifestado.
Es contradictorio ver cómo un gerente o propietario de una empresa exige a sus subordinados modales con sus clientes, cuando éste es incapaz de demostrar hacia ellos lo mismo. Este empleado carece de un modelo, un líder que seguir, y su jefe muchas veces es una especie de cavernícola encorbatado.
El empresario moderno no actúa de esta manera instintiva y es guiado por valores que le hacen sobresalir como un líder carismático. Su mayor valor es el respeto hacia las personas, sean negros, blancos, de bajo nivel académico, etc. Gracias a Dios en Panamá también existe esta clase de empresarios cuyo ejemplo hay que seguir.
Sin embargo en nuestro país todavía existen actitudes arcaicas en el manejo y administración del recurso humano, actitudes que llegan a convertirse en verdaderos martirios para los subordinados que producen mucho menos de lo que podrían producir, debido al nivel de estrés bajo el cual laboran.
Si deseamos un país más productivo y próspero económicamente tenemos que iniciar un proceso de cambio, que involucre tanto a empleados como a empleadores, con el fin de mejorar esa relación tan malograda durante años por creencias erróneas.