Manifestaciones en contra del conflicto Irak
Como una onda sísmica transcontinental, un gigantesco clamor contra la guerra recorrió las principales capitales de Europa: Madrid, Londres y Roma, especialmente y también los centros urbanos de mayor gravitación en otras partes, como Johannesburgo, Seúl, Kuala Lampur, Buenos Aires, Quito, Panamá y alrededor de 300 ciudades más. "No a la guerra de Irak" fue el lema que corearon en diversas lenguas, en forma multitudinaria padres de familia acompañados de hijos menores, jóvenes, mujeres, miembros de partidos políticos y de organizaciones de derechos humanos.
Expertos consideran que Londres vivió la mayor manifestación pacifista de su historia, con un millón de personas que abuchearon la política de alineamiento con Washington del primer ministro Tony Blair. Se asegura que los españoles fueron los que más salieron a protestar a las calles. Dos millones en Madrid; más de un millón en Barcelona, y centenares de miles de habitantes de Sevilla, Cádiz, Valladolid y otras ciudades. El secretario general del Partido Socialista, Rodríguez Zapatero, exclamó en un discurso que en esa ocasión no habló el primer ministro, José María Aznar, sino el pueblo español. Gritos de "dimisión" se oyeron en las ciudades españoles en una suerte de test político que afecta seriamente el compromiso del gobierno del PP de línea belicista detrás de la Casa Blanca. Al día siguiente de las manifestaciones, Aznar reaccionó haciendo llamadas telefónicas a diversos líderes del mundo árabe, en señal que intenta nuevas fórmulas de solución que lo ubiquen algo fuera del pelotón de Washington.
Matizando la caracterización pacifista de artistas modernos, personalidades del cine como el director Pedro Almodóvar y la actriz norteamericana Susan Sarandon participaron en marchas de sus respectivos países, pronunciando discursos o leyendo proclamas abogando por la paz.
Antes que un acto masivo de apoyo a Irak, las manifestaciones expresan el sentimiento pacifista del hombre común y corriente del mundo contemporáneo, opuesto a conflagraciones bélicas que diseminen violencia contra personas, máxime si las conflagraciones amenacen el uso de armas nucleares y bioquímicas susceptibles de lesionar el medio ambiente terráqueo. Desde ese punto de vista, no es incorrecto interpretar las manifestaciones internacionales también como rechazo multitudinario a la violencia del terrorismo en Colombia y España, a los palestinos suicidas y a las operaciones de represalia de Israel contra poblados del Medio Oriente. El mensaje enviado es claro y contundente: no a la violencia en cualquier lugar del mundo, pero de manera específica el agotamiento del diálogo y del trabajo de los inspectores de la ONU en Irak antes de empezar a lanzar misiles contra Bagdad.
Y no olvidemos, nadie es perfecto, y esta alternativa tampoco lo será, pero creo que si trata de inmunizarse, lo más posible, de las proclividades del "eje del mal" podría constituir un firme paso hacia el refinamiento de nuestro sistema político, que de democrático tiene muy, pero muy, poco.
Expertos consideran que Londres vivió la mayor manifestación pacifista de su historia, con un millón de personas que abuchearon la política de alineamiento con Washington del primer ministro Tony Blair. Se asegura que los españoles fueron los que más salieron a protestar a las calles. Dos millones en Madrid; más de un millón en Barcelona, y centenares de miles de habitantes de Sevilla, Cádiz, Valladolid y otras ciudades. El secretario general del Partido Socialista, Rodríguez Zapatero, exclamó en un discurso que en esa ocasión no habló el primer ministro, José María Aznar, sino el pueblo español. Gritos de "dimisión" se oyeron en las ciudades españoles en una suerte de test político que afecta seriamente el compromiso del gobierno del PP de línea belicista detrás de la Casa Blanca. Al día siguiente de las manifestaciones, Aznar reaccionó haciendo llamadas telefónicas a diversos líderes del mundo árabe, en señal que intenta nuevas fórmulas de solución que lo ubiquen algo fuera del pelotón de Washington.
Matizando la caracterización pacifista de artistas modernos, personalidades del cine como el director Pedro Almodóvar y la actriz norteamericana Susan Sarandon participaron en marchas de sus respectivos países, pronunciando discursos o leyendo proclamas abogando por la paz.
Antes que un acto masivo de apoyo a Irak, las manifestaciones expresan el sentimiento pacifista del hombre común y corriente del mundo contemporáneo, opuesto a conflagraciones bélicas que diseminen violencia contra personas, máxime si las conflagraciones amenacen el uso de armas nucleares y bioquímicas susceptibles de lesionar el medio ambiente terráqueo. Desde ese punto de vista, no es incorrecto interpretar las manifestaciones internacionales también como rechazo multitudinario a la violencia del terrorismo en Colombia y España, a los palestinos suicidas y a las operaciones de represalia de Israel contra poblados del Medio Oriente. El mensaje enviado es claro y contundente: no a la violencia en cualquier lugar del mundo, pero de manera específica el agotamiento del diálogo y del trabajo de los inspectores de la ONU en Irak antes de empezar a lanzar misiles contra Bagdad.
Y no olvidemos, nadie es perfecto, y esta alternativa tampoco lo será, pero creo que si trata de inmunizarse, lo más posible, de las proclividades del "eje del mal" podría constituir un firme paso hacia el refinamiento de nuestro sistema político, que de democrático tiene muy, pero muy, poco.