"Mano Dura" o "Mano que mece la cuna"
"Dura" es una palabra que no me resulta muy comprensible y si a la misma le precede un sustantivo, nos termina afectando la idiomática de Cervantes quien al paso diría "no hay mano dura" y tal vez en Panamá replicaríamos que existe un "Mano de Piedra" Durán. No entiendo lo de "mano dura". Tal vez los pugilistas me permitirán entenderlo mejor con lo del "noqueado".
Lo cierto es que dura está la calle por donde se transita y cuando no los huecos abismales son los parches mal trabajados los que nos convierten los carros en chatarras y duros son los precios de los benditos repuestos que andan siempre por las nubes y nunca al cliente se le concede un mínimo descuento. Gritaría el campesino de nuestro interior: "!Qué dura está la vaina!"; le seguiría el productor: "Vamos duro con lo del TLC", y ahora, como colmo mayor, lo más probable es que ni siquiera tomaremos nuestro propio café.
Dura es la jornada para el trabajador que de sol a sol no conoce descanso alguno y para colmo vienen los tribunos y le clavan sin piedad, una resolución que ordena el lanzamiento y cuando no lo notifican de la propiedad que perdió y si no la pensión que de alimentos ya no queda ni la sazón. ¡A la reja!
Dura sigue siendo para el cuadro familiar todo cuanto acontece en el remanso de paz que con el alto costo de la vida se ha convertido en un terrible e infernal solaz. Dura sigue siendo para el estudiante eso de ir a la escuela con el estómago pegado al espinazo y que al llegar a la casa corre a asomarse a la portaviandas para sólo encontrar el brillo rutilante que despide la paila que fregadita siempre está. Duro está el piso para los que duermen en el frío concreto sin manta ni sobrecama y que al despertar en la mañana tienen hambre y tienen frío pero que el destino les niega, inmisericorde, el mendrugo de pan que ya no comen nuestros pobres. Los pobres antes comían sardinas entomatadas; tunas con macarrones; patitas guisadas de gallina o de puerco; arroz de frijoles; poroto con rabito de puerco y ahora viven añorando esos platillos exquisitos cuyos precios están llegando al infinito.
Ya nadie se cree el cuento de la "canasta familiar", pues nos quieren meter dizque una dieta balanceada en la que sobra el almidón -"macarrón, macarrón, sheck arround"- y nada de proteínas ni de nutrientes. Si ayer el pobre comía la carne bien barata, hoy es gusto de ricos comer punta palomilla, jarrete o costillas y ya ni la mantequilla se encuentra en la canasta familiar por lo que el mendrugo de pan resulta muy duro de poder tragar. La madre que le grita al padre irresponsable y éste que le riposta que "los hijos son de quién sabe". Los muchachos que escuchan la discusión sin fin y por las noches la madre que gime, en silencio, el llanto que se traga en terrible e interminable angustia. La desintegración familiar llega a los extremos cuando en un cuarto, de esos que habla el poeta, se escucha a gritos una canción de protesta. Que la vaina viene bien dura, prepárense todo el mundo y aun Segismundo gritaría por lo duro que está todo en esta vida que nos traga audaz.
Duro es el trato que nos están dando con las negociaciones del TLC. Nuestros productores angustiados sufren porque ven amenazadas sus tierras y cultivos y, en lugar de la mano campesina que mueve la tierra, vislumbran con cierto tino la maquinaria asombrosa que arrasa tenebrosa sus propios cultivos.
Dura sigue siendo la cosa para todos en este país y ahora se nos habla que viene "dura la mano" contra la delincuencia y alguien ha dicho que por qué no empezaron por los grandes sinvergüenzas que a esta Patria han hurtado su dignidad y belleza acabando con sus riquezas. Delincuentes terribles son todos aquellos que con saco y corbata diezman a la nación y beben su tierna leche y lastiman su corazón. Han cosechado casi todas las mieses y ya ni el "untao" del vino queda en las copas palaciegas del Terraplén. "Delincuentes de cuello blanco" les llaman a los criminales, y no es que de ese color el cuello tengan sino que son "entogados" los delincuentes y al pobre hijo de la cocinera le extirpan el corazón y lo mandan a la Joya sin prendas ni debido proceso, lo que cuenta es que la "mano está dura", así lo gritó la Presidenta Mireya.
El Salvador y Honduras, hace algunos meses, pasaron la experiencia y los tribunales se sintieron inundados de miles de casos y por la puerta entraba el reo o delincuente y el juzgador que con mirada cuestionadora, a veces hasta ufano, preguntaba cuál era el cargo y analizaba que éste resultaba insuficiente por lo que mandaba al acusado para la casa sin hacerle el expediente. Finalmente en El Salvador declararon inconstitucional esas leyes de "mano dura" que fustigaba a los pobres y porque se dieron cuenta que el delito no se ataca con mano dura, sino a prevención buscando la solución, experimento tras experimento, y así lograr alguna alternativa.
La "mano dura" parece "la mano que mece la cuna" y que entierra, sin compasión alguna, la daga que fustiga la miseria de nuestros pueblos que viven transitando entre el juega vivo y las coimas del gobierno. La represión no es discurso del buen gobierno; por el contrario, es política autoritaria que los fascistas aplicaron en sus momentos y que luego la historia condenó en el averno. Mano dura hay que aplicar a los malos gobernantes, esos que cometen delitos en la oscuridad, en plena liviandad, y que luego aparecen jactándose de lo que tienen, de millones y riquezas, entre tanto el pueblo se come la yuca que aunque cocinada siempre está muy dura y que en la coyuntura nuestro pueblo siempre encuentra el castigo que fustiga en las elecciones a aquellos que contravienen los intereses del pueblo.
"Dura mano" hay que tener para cuando se vaya el Gobierno con aquellos que amasaron fortunas a costillas de nuestro pueblo. "Dura" será la mano para que no salgan del país, que se vayan a comer maíz con miel -o yuca- y que el pueblo humilde sepa y siempre presente tenga que el delincuente no es tal si no existe el escenario que le brinda el desempleo, cual perverso mercenario, o el hambre que mutila las ansias de vivir; la enfermedad que no termina porque no se tiene el medicamento o el desempleo que causa la incomodidad de nada tener en la vida ni nada en qué pensar. Sí "mano dura" que no es lo mismo, al decir de algún jocoso programa, que "duros en las manos". Ojo: La mofa es arte de antaño que dice las verdades sin que medie el engaño.
(stekrakri@hotmail.com)
Lo cierto es que dura está la calle por donde se transita y cuando no los huecos abismales son los parches mal trabajados los que nos convierten los carros en chatarras y duros son los precios de los benditos repuestos que andan siempre por las nubes y nunca al cliente se le concede un mínimo descuento. Gritaría el campesino de nuestro interior: "!Qué dura está la vaina!"; le seguiría el productor: "Vamos duro con lo del TLC", y ahora, como colmo mayor, lo más probable es que ni siquiera tomaremos nuestro propio café.
Dura es la jornada para el trabajador que de sol a sol no conoce descanso alguno y para colmo vienen los tribunos y le clavan sin piedad, una resolución que ordena el lanzamiento y cuando no lo notifican de la propiedad que perdió y si no la pensión que de alimentos ya no queda ni la sazón. ¡A la reja!
Dura sigue siendo para el cuadro familiar todo cuanto acontece en el remanso de paz que con el alto costo de la vida se ha convertido en un terrible e infernal solaz. Dura sigue siendo para el estudiante eso de ir a la escuela con el estómago pegado al espinazo y que al llegar a la casa corre a asomarse a la portaviandas para sólo encontrar el brillo rutilante que despide la paila que fregadita siempre está. Duro está el piso para los que duermen en el frío concreto sin manta ni sobrecama y que al despertar en la mañana tienen hambre y tienen frío pero que el destino les niega, inmisericorde, el mendrugo de pan que ya no comen nuestros pobres. Los pobres antes comían sardinas entomatadas; tunas con macarrones; patitas guisadas de gallina o de puerco; arroz de frijoles; poroto con rabito de puerco y ahora viven añorando esos platillos exquisitos cuyos precios están llegando al infinito.
Ya nadie se cree el cuento de la "canasta familiar", pues nos quieren meter dizque una dieta balanceada en la que sobra el almidón -"macarrón, macarrón, sheck arround"- y nada de proteínas ni de nutrientes. Si ayer el pobre comía la carne bien barata, hoy es gusto de ricos comer punta palomilla, jarrete o costillas y ya ni la mantequilla se encuentra en la canasta familiar por lo que el mendrugo de pan resulta muy duro de poder tragar. La madre que le grita al padre irresponsable y éste que le riposta que "los hijos son de quién sabe". Los muchachos que escuchan la discusión sin fin y por las noches la madre que gime, en silencio, el llanto que se traga en terrible e interminable angustia. La desintegración familiar llega a los extremos cuando en un cuarto, de esos que habla el poeta, se escucha a gritos una canción de protesta. Que la vaina viene bien dura, prepárense todo el mundo y aun Segismundo gritaría por lo duro que está todo en esta vida que nos traga audaz.
Duro es el trato que nos están dando con las negociaciones del TLC. Nuestros productores angustiados sufren porque ven amenazadas sus tierras y cultivos y, en lugar de la mano campesina que mueve la tierra, vislumbran con cierto tino la maquinaria asombrosa que arrasa tenebrosa sus propios cultivos.
Dura sigue siendo la cosa para todos en este país y ahora se nos habla que viene "dura la mano" contra la delincuencia y alguien ha dicho que por qué no empezaron por los grandes sinvergüenzas que a esta Patria han hurtado su dignidad y belleza acabando con sus riquezas. Delincuentes terribles son todos aquellos que con saco y corbata diezman a la nación y beben su tierna leche y lastiman su corazón. Han cosechado casi todas las mieses y ya ni el "untao" del vino queda en las copas palaciegas del Terraplén. "Delincuentes de cuello blanco" les llaman a los criminales, y no es que de ese color el cuello tengan sino que son "entogados" los delincuentes y al pobre hijo de la cocinera le extirpan el corazón y lo mandan a la Joya sin prendas ni debido proceso, lo que cuenta es que la "mano está dura", así lo gritó la Presidenta Mireya.
El Salvador y Honduras, hace algunos meses, pasaron la experiencia y los tribunales se sintieron inundados de miles de casos y por la puerta entraba el reo o delincuente y el juzgador que con mirada cuestionadora, a veces hasta ufano, preguntaba cuál era el cargo y analizaba que éste resultaba insuficiente por lo que mandaba al acusado para la casa sin hacerle el expediente. Finalmente en El Salvador declararon inconstitucional esas leyes de "mano dura" que fustigaba a los pobres y porque se dieron cuenta que el delito no se ataca con mano dura, sino a prevención buscando la solución, experimento tras experimento, y así lograr alguna alternativa.
La "mano dura" parece "la mano que mece la cuna" y que entierra, sin compasión alguna, la daga que fustiga la miseria de nuestros pueblos que viven transitando entre el juega vivo y las coimas del gobierno. La represión no es discurso del buen gobierno; por el contrario, es política autoritaria que los fascistas aplicaron en sus momentos y que luego la historia condenó en el averno. Mano dura hay que aplicar a los malos gobernantes, esos que cometen delitos en la oscuridad, en plena liviandad, y que luego aparecen jactándose de lo que tienen, de millones y riquezas, entre tanto el pueblo se come la yuca que aunque cocinada siempre está muy dura y que en la coyuntura nuestro pueblo siempre encuentra el castigo que fustiga en las elecciones a aquellos que contravienen los intereses del pueblo.
"Dura mano" hay que tener para cuando se vaya el Gobierno con aquellos que amasaron fortunas a costillas de nuestro pueblo. "Dura" será la mano para que no salgan del país, que se vayan a comer maíz con miel -o yuca- y que el pueblo humilde sepa y siempre presente tenga que el delincuente no es tal si no existe el escenario que le brinda el desempleo, cual perverso mercenario, o el hambre que mutila las ansias de vivir; la enfermedad que no termina porque no se tiene el medicamento o el desempleo que causa la incomodidad de nada tener en la vida ni nada en qué pensar. Sí "mano dura" que no es lo mismo, al decir de algún jocoso programa, que "duros en las manos". Ojo: La mofa es arte de antaño que dice las verdades sin que medie el engaño.
(stekrakri@hotmail.com)