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"Mano Dura y la Teoría de las Ventanas Rotas"


Estoy de acuerdo con la operación "Mano Dura". Mi única objeción es que este gobierno esperó cinco años para ejecutarla, lo que le resta credibilidad a sus intención. Pero, pareciera que la medida está funcionando y felicito a la Policía. No han faltado las críticas por mil razones, sobre todo con el viejo argumento de que es a la sociedad a quien se debe juzgar y penalizar por ser responsable del mal comportamiento de esos "pobres angelitos" que caen en las redes policiales. Lo que me recuerdan las críticas en el pasado y quizás de la misma gente, por la falta de atención del gobierno a la inseguridad ciudadana.
Lo irónico es que ahora, aunque tarde, están haciendo algo, llueven las quejas por excesivo uso de la fuerza y otras consideraciones. Una situación que mi abuela la bien hubiera descrito como un caso de "palo porque bogas y palo porque no bogas". ¡Válgame Dios! Esas actitudes son las que da lugar a pensar que somos un país de opereta. Pues yo sí estoy de acuerdo con que les den duro. Esos "niños de pecho", a quienes los sociólogos y almas bondadosas defienden con ardor, son los que me han obligado y a cientos de miles de panameños, a vivir encerrados en nuestros hogares como prisioneros. ¿Quién defiende mi derecho de disfrutar paz, tranquilidad y seguridad en mi hogar y de transitar sin temor las calles? Por lo que me concierne, que le den plomo y más plomo. Ruego que el nuevo gobierno mantenga la "Mano Dura" y la extienda a los maleantes de cuello blanco, como sugiere mi buen amigo Bobby Eisenmann.
Hay fundamento real y buena experiencia en lo que trata de hacer nuestra Policía a través de dicha operación. La Policía de Boston, de New York y de otras ciudades de Estados Unidos, basadas en la llamada "Teoría de las Ventanas Rotas", lograron disminuir el índice de criminalidad y convirtieron sus ciudades en lugares más seguros para su habitantes.
¿Qué es la Teoría de las Ventans Rotas? Surge de un artículo en la Revista Atlantic Monthly (1982) escrito por James Q. Wilson y George I. Kelling, y establece que los barrios con signos de decadencia y desorden estaban abriendo sus puertas al crimen. Elabora en que si el desorden y la decadencia (deterioro, graffiti, basura y dilapidación, vagancia, beber en público, prostitución callejera, etc.) no se detienen y continúan sin control, son señales poderosas que indican que a nadie les importa y que nadie vigila, lo que estimula el crimen. Los maleantes emigran a esos barrios, pues pasan desapercibidos. Su nombre surge del ejemplo que usaron los autores para ilustrar su tesis, ellos indicaron que una ventana rota en un edificio que no es reparada produce una señal de que a nadie le importa y que romper más ventanas no traerá ninguna consecuencia y que pasará muy poco tiempo para que todas las ventanas del edificio sean rotas, de allí la creciente tendencia al deterioro fisco y moral de la comunidad. El mensaje era que había que actuar con firmeza para detener el decaimiento físico y moral comunitario y demostrar de que a alguien le importaba y que alguien vigilaba.
La teoría fue demostrada con éxito en New York bajo el nombre "Mantenimiento del Orden", que es la aplicación agresiva del peso de la ley contra el desorden y mal comportamiento público con el consecuente retiro de la calle del elemento maleante y perturbador (¿Mano Dura?). Aplicar agresivamente la ley contra delitos menores de mal comportamiento en la calle y en las estaciones de los transportes subterráneos, contrario a la estrategia anterior de concentrarse en delitos mayores, dio como resultado que el índice de criminalidad se redujera significativamente. Para su sorpresa, encontraron que entre los que arrestaban por delitos menores estaban los mismos que cometían crímenes mayores. Aumentó la percepción de seguridad de las comunidades y mejoró su actitud hacia la policía. Igual que "Mano Dura", la "Teoría de las Ventanas Rotas" tiene críticos. Ambas producen efectos sociales colaterales de cuidado. El más importante es que el retiro de maleantes de las calles aumenta la población penitenciaria, lo que trae otros problemas sociales. La disyuntiva está en optar por permitir que la delincuencia continúe controlando nuestras calles y barrios o aumentar el congestionamiento en las cárceles. Un verdadero problema, sin duda.
No hay excusa para mantener impunes en las calles a los delincuentes. Me inclino por la rápida búsqueda de mecanismos para ampliar los centros de confinamiento. Es más, me gustaría ver otra colonia penal y apoyo la revisión de penas carcelarias que propone este gobierno. Lástima que no pensaron en estas acciones al inicio de su gestión; pero, como sabemos, sus prioridades fueron otras que velar por nuestro bienestar social y seguridad personal.
(stekrakri@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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