Mano a mano
Frente a la inseguridad creciente, uno de los problemas que más preocupa a la ciudadanía, la "mano dura" es presentada como la gran y exitosa solución salvadora. La verdad es que diversos estudios señalan que las políticas de mano dura aplicadas en otros países no han disminuido los números de la criminalidad, pues estas tienden a reaccionar en una sola dirección a las distintas manifestaciones de la delincuencia, lo que la aleja de la necesidad de tener diversas estrategias frente a diversas causas, dado que la criminalidad organizada ocurre junto a otro tipo de actos delictivos protagonizado en parte por los jóvenes.
Según Bernardo Kliksberg "Existe un 25% de jóvenes que han quedado fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo, y por lo tanto, se encuentran en una situación de altísima vulnerabilidad. Si en lugar de abrirles oportunidades se les aplica el mismo enfoque que al crimen organizado, solo se empeorarán las cosas. La homogeneización de la respuesta a los diversos tipos de criminalidad resulta, además de ajena a la ética, marcadamente ineficiente. Un sector muy importante de jóvenes, en diversos países de América Latina, tiene un solo vínculo con el Estado: la policía. No tiene contacto con la escuela, ni con el sistema de salud, ni siquiera con el correo. Solo con la policía, en su faz más represiva. El efecto de la mano dura es generar «carne de cañón» para el crimen organizado, que ofrece incentivos materiales y simbólicos, y ampliar su posibilidad de reclutar a jóvenes en situación de riesgo. El Estado, con ayuda de la sociedad, debería «competir » con las bandas organizadas para reclutar a los jóvenes vulnerables hacia el sistema educativo y el mercado laboral. Si en lugar de eso se limita a reprimirlos, solo conseguirá empujar a muchos al delito".
Otra secuela de la mano dura es el aumento de la población carcelaria con resultados actuales ya advertidos por Justo Arosemena hace siglo y medio: "El sistema penal es más propio para empeorar que para corregir a un delincuente. Nuestros presidios son focos de infección física y moral, escuelas de perversidad, en donde el hombre todavía sano se corrompe, y el malvado se perfecciona en el crimen perdiendo el último resto de pudor".
La mano dura contra estas formas de delincuencia no toca las causas reales que construyen el coctel explosivo de exclusión juvenil en lo educativo y laboral, redes sociales y familiares desintegradas, desigualdad socioeconómica y la discriminación.
Claro que hay que actuar con firmeza contra el crimen organizado, pero entender que la política integral debe ser de seguridad humana construyendo prevención y resocialización, y no solo castigo.
Hace falta construir una coalición entre todos los sectores sociales que en conjunto tejan y articulen una red de hilos y no de huecos, que en la medida que construya una mejor sociedad pueda afinar el tema de seguridad de forma diversificada, eficiente y eficaz. ¿Por qué solo una mano y dura? ¿Por qué no aplicar manos, pies, inteligencia, sentimientos, articulación, coordinación?