Mantengamos las Partidas Circuitales
El tema de las Partidas Circuitales ha sido, en las últimas semanas, materia favorita de muchos politólogos y de otros críticos profesionales, además de algunos ciudadanos serios y responsables.
Entre las críticas que se le hacen, está la de que se aduce que los legisladores son elegidos para hacer leyes y para fiscalizar al Ejecutivo y no para gestionar la ejecución de obras y proyectos o cambiar dineros que son del Estado, por lealtad o apoyo político. Y en lo referente a esto último, no dejan de tener razón.
A mi juicio y según mi experiencia en ese cargo, lo medular es que tales partidas deben dedicarse, exclusivamente, a satisfacer necesidades o demandas comunales o de sectores de la población y en ningún sentido al beneficio dadivoso o corrupto de personas o familias, en particular.
Tomemos un ejemplo: En la campaña para las elecciones de 1999, en el circuito electoral donde resido, le explicaba a un elector, amigo mío, las características positivas del candidato a legislador que estaba apoyando. En tono triste, mi amigo, de pocos recursos económicos, me contestó: "Estoy de acuerdo con Ud., ingeniero pero, lamentablemente, yo tengo que votar por el actual legislador porque, si no lo hago, me quita la beca que le está dando a mi hija".
Se trataba de una de las más de mil becas que, con los recursos de su partida circuital (que es dinero nuestro.. de la ciudadanía) procuraba este legislador, compulsar a la gente pobre o ignorante de mi circuito, a que votara por su reelección. (Ni qué decir que así lo logró).
Esto es lo que se debe repudiar y erradicar mediante la adecuada reglamentación inmediata del uso de estas partidas.
Yo sí creo que deben existir las Partidas Circuitales y diré por qué.
En todos los circuitos electorales hay obras y proyectos pendientes, que son de gran necesidad o interés para los sectores menos afortunados de la localidad y que nunca el Presupuesto General del Estado o la programación de los Ministerios o Entidades Autónomas correspondientes, tienen o destinan recursos para satisfacerlas.
Pues bien, es en la solución de tales necesidades que deben funcionar las Partidas Circuitales, en cuyo caso tendrían un valor social considerable y resulta que es el legislador el funcionario de mayor influencia o penetración en el gobierno de turno, para lograr las partidas necesarias, a fin de satisfacer tales necesidades populares o sociales de los circuitos.
En el período legislativo 1989-1994, cuando me tocó ser legislador el uso de tales partidas se dedicó a obras y proyectos comunales o sea que beneficiaban al conglomerado social y no a determinadas personas, parientes o familiares, como lo han hecho de 1994 para acá, con las becas, los PARVIS, los regalos de materiales, las operaciones quirúrgicas innecesarias hechas por médicos candidatos, etc., todo ello para comprar conciencias, corromper ciudadanos y asegurar votos para las elecciones.
Ante el grave nivel de corrupción de estas prácticas, yo creo que lo que se necesita es que el manejo de las Partidas Circuitales, sea conjunta y no individual y discrecional del legislador. Así:
Debe prohibirse el uso de ellas para beneficios personales, individuales o de pequeños grupos favorecidos con privilegios,
a cambio de votos. Deben dedicarse a satisfacer necesidades sociales de la comunidad.
Debe crearse un organismo circuital, colegiado o sea una Junta o Concejo (como quiera llamársele) integrado por los
presidentes de las Juntas Locales. (no los de las Juntas Comunales, pues éstas suelen ser manipuladas por el Representante),
los Representantes de Corregimientos o sus suplentes, el o los Alcaldes del Circuito, un auditor en representación de la
Contraloría General y el legislador (o los legisladores) o su representante.
La función de esta Junta o Concejo, sería la de escoger las obras que se realizarán en cada regimiento, barrio o corregimiento, con el monto de la Partida Circuital y supervisar la adecuada ejecución de los proyectos que el grupo programe.
Me parece que en esa forma se minimizaría si no es que se erradicaría el uso abusivo y personalista de las Partidas, entregarlas a los Representantes, como algunos sugieren, sería provocar que éstos cometan los mismos abusos que ahora cometen los señores legisladores.
Invitamos al señor Contralor General y a los legisladores que, de buena fe, creen en la eliminación o reglamentación de estas partidas a considerar esta sugerencia.
Entre las críticas que se le hacen, está la de que se aduce que los legisladores son elegidos para hacer leyes y para fiscalizar al Ejecutivo y no para gestionar la ejecución de obras y proyectos o cambiar dineros que son del Estado, por lealtad o apoyo político. Y en lo referente a esto último, no dejan de tener razón.
A mi juicio y según mi experiencia en ese cargo, lo medular es que tales partidas deben dedicarse, exclusivamente, a satisfacer necesidades o demandas comunales o de sectores de la población y en ningún sentido al beneficio dadivoso o corrupto de personas o familias, en particular.
Tomemos un ejemplo: En la campaña para las elecciones de 1999, en el circuito electoral donde resido, le explicaba a un elector, amigo mío, las características positivas del candidato a legislador que estaba apoyando. En tono triste, mi amigo, de pocos recursos económicos, me contestó: "Estoy de acuerdo con Ud., ingeniero pero, lamentablemente, yo tengo que votar por el actual legislador porque, si no lo hago, me quita la beca que le está dando a mi hija".
Se trataba de una de las más de mil becas que, con los recursos de su partida circuital (que es dinero nuestro.. de la ciudadanía) procuraba este legislador, compulsar a la gente pobre o ignorante de mi circuito, a que votara por su reelección. (Ni qué decir que así lo logró).
Esto es lo que se debe repudiar y erradicar mediante la adecuada reglamentación inmediata del uso de estas partidas.
Yo sí creo que deben existir las Partidas Circuitales y diré por qué.
En todos los circuitos electorales hay obras y proyectos pendientes, que son de gran necesidad o interés para los sectores menos afortunados de la localidad y que nunca el Presupuesto General del Estado o la programación de los Ministerios o Entidades Autónomas correspondientes, tienen o destinan recursos para satisfacerlas.
Pues bien, es en la solución de tales necesidades que deben funcionar las Partidas Circuitales, en cuyo caso tendrían un valor social considerable y resulta que es el legislador el funcionario de mayor influencia o penetración en el gobierno de turno, para lograr las partidas necesarias, a fin de satisfacer tales necesidades populares o sociales de los circuitos.
En el período legislativo 1989-1994, cuando me tocó ser legislador el uso de tales partidas se dedicó a obras y proyectos comunales o sea que beneficiaban al conglomerado social y no a determinadas personas, parientes o familiares, como lo han hecho de 1994 para acá, con las becas, los PARVIS, los regalos de materiales, las operaciones quirúrgicas innecesarias hechas por médicos candidatos, etc., todo ello para comprar conciencias, corromper ciudadanos y asegurar votos para las elecciones.
Ante el grave nivel de corrupción de estas prácticas, yo creo que lo que se necesita es que el manejo de las Partidas Circuitales, sea conjunta y no individual y discrecional del legislador. Así:
Debe prohibirse el uso de ellas para beneficios personales, individuales o de pequeños grupos favorecidos con privilegios,
a cambio de votos. Deben dedicarse a satisfacer necesidades sociales de la comunidad.
Debe crearse un organismo circuital, colegiado o sea una Junta o Concejo (como quiera llamársele) integrado por los
presidentes de las Juntas Locales. (no los de las Juntas Comunales, pues éstas suelen ser manipuladas por el Representante),
los Representantes de Corregimientos o sus suplentes, el o los Alcaldes del Circuito, un auditor en representación de la
Contraloría General y el legislador (o los legisladores) o su representante.
La función de esta Junta o Concejo, sería la de escoger las obras que se realizarán en cada regimiento, barrio o corregimiento, con el monto de la Partida Circuital y supervisar la adecuada ejecución de los proyectos que el grupo programe.
Me parece que en esa forma se minimizaría si no es que se erradicaría el uso abusivo y personalista de las Partidas, entregarlas a los Representantes, como algunos sugieren, sería provocar que éstos cometan los mismos abusos que ahora cometen los señores legisladores.
Invitamos al señor Contralor General y a los legisladores que, de buena fe, creen en la eliminación o reglamentación de estas partidas a considerar esta sugerencia.