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Marginación de los obreros


Cuando muchos países están en la etapa de la rectificación de los tantos errores cometidos en nombre de la globalización de la economía, del neoliberalismo, nosotros todavía estamos porfiando en errores que han quedado demostrados hasta la saciedad. No tenemos que remontarnos fuera de nuestras fronteras para constatarlo. Tenemos en nuestro medio los suficientes ejemplos aleccionadores en este sentido: Air Panamá, empresa a cuya privatización estuvo ligado el actual Ministro de Trabajo y que sólo sirvió para traer cesantía y desasosiego entre quienes laboraban en ella y el propio INTEL, de que tanto se vanaglorian algunos neoliberales, ningún beneficio ha traído al país como para continuar con esta desafortunada aventura. Sin embargo, tenemos a este gobierno empeñado en vender el 49% restante de las acciones del INTEL y continuar con los planes de privatizar ATLAPA, el aeropuerto de Tocumen, la CSS, etc.
Una de las consecuencias sociales más alarmantes del neoliberalismo es la fragmentación del movimiento obrero, la reducción de los obreros a una mera "fuerza de trabajo mercantil" y desarticulada, precisamente cuando un aspecto esencial del neoliberalismo consiste en mantener elevadas tasas de desocupación a fin de obtener una mano de obra barata. Además, el miedo al desempleo y a la degradación social es uno de los más poderosos argumentos que paralizan la acción obrera y desquician sus posibilidades de acción conjunta y solidaria.
El neoliberalismo desearía que la "fuerza de trabajo" fuera simplemente objeto de contratación individual, sin capacidad de resistencia ni de acción conjunta. Ha procurado borrar la historia de más de 30 años de luchas obreras y sindicalistas. La solidaridad de clase es destruida y cambiada por un trabajador que tendría todas las competencias imaginables para actuar como sujeto pleno en el mercado, como agente económico individual, en el que, supuestamente, obtendría una y mil ventajas y que en realidad sólo logra ser presa, víctima del sistema. Para ello, entre otras cosas, se ha valido del soborno a sindicalistas que han traicionado por prebendas a sus compañeros tal cual como ocurrió cuando se hicieron las modificaciones al actual Código de Trabajo.
Ecos de esta concepción neoliberal se reconocen en las intenciones "privatistas" de nuestro gobierno de la Caja de Seguro Social (ya lo hicieron en El Salvador), y las vemos florecer en la irreflexiva campaña comercial de las empresas privadas que obtuvieron concesión para organizar planes de jubilación. Ahí, cada trabajador es considerado como individuo aislado y singular, como sujeto especial y diferenciado de crédito, con plena capacidad para contratar y recurrir a las ventanillas de cada empresa. La subsistencia del trabajador no depende ya de su solidaridad de clase, sino de su "asimilación" a los "libres" agentes de la economía en el mercado.
En más de un aspecto la ejecución del neoliberalismo en Panamá se ha valido del sistema presidencialista para entronizar medidas radicalmente inhumanas e inconstitucionales. La fragmentación de la clase obrera, la pérdida de sus capacidades para la lucha colectiva, el desmantelamiento del Estado benefactor y de las instituciones sociales, tales son algunas de los herencias sombrías del neoliberalismo y del endiosamiento del mercado en nuestro país. Claro está que todo ha sido posible con la benevolencia de los panameños quienes no hemos mantenido una posición beligerante en torno a este delicado problema social.
¿Hasta cuándo? Imposible predecir. El hecho de que las luchas sociales y democráticas se hayan desplazado en los últimos años a la sociedad civil es significativo, y debería dar claves interpretativas.
Veremos hasta dónde y hasta cuándo persistirá esa marginación del movimiento obrero respecto a las transformaciones democráticas de Panamá. Su presencia en la profundización de la democracia en Panamá es invaluable.
Los panameños todos estamos prestos a tener uno de los debates más fogosos de los últimos tiempos y me estoy refiriendo a la propuesta del gobierno Moscoso de echarle mano a los Fondos Fiduciarios para el Desarrollo (los dineros obtenidos de las privatizaciones) para pagarle a las IFIs una parte substanciosa de la deuda contraída en el pasado. Estoy ansioso por observar el protagonismo que en esta encrucijada asumirán los obreros panameños.

101 años de Panamá América

 
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