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María, ejemplo de esperanza


La segunda quincena de diciembre tiene sus características muy especiales. Algo se termina. Algo se acaba. Por otro lado, domina el apuro, la celeridad como si quisiéramos en ese corto período salvar distancias y ventajas perdidas. Asimismo, coincide con lo que nuestra fe cristiana llama la Navidad, el recuerdo devoto de la primera venida de nuestro Salvador.
Estamos en la segunda parte del adviento y concretamente en el último domingo de Adviento. Las liturgias locales encenderán la última vela de la corona de Adviento, otros del tronco de Jesé.
En el recuerdo, en estos días, subyacen memorias de hechos dolorosos, para los mayores de 20 años, persiste todavía el trauma de la invasión con toda la secuela de historias tristes; es decir, la caída y fin de los 21 años de dictadura militar al ser derrocado por fuerzas extranjeras, y tratado de intentar una democracia y ahora, en casi los mismos días, el hallazgo aparatoso de otro dictador escondido y disminuido de Irak y todo el enjambre de problemas que hay que dilucidar con los cuestionamientos obvios sobre qué hacer ahora con él, cómo juzgarlo, cómo hacerlo objetivamente, y todas las otras arandelas que se siguen de tenerlo preso, con la seguridad de que no por ese hecho va a cesar en un ápice la situación de Irak, en donde continúa la resistencia.
En este mes de diciembre donde se dan conferencias sobre el papel de los juguetes, de qué es lo más recomendable según la edad, en donde curiosamente se aconseja que no se compren juegos que les gusten a los papás, sino a sus hijos. En donde se sostienen debates sobre los sucesos últimos ocurridos concretamente sobre el muro fatal y las víctimas del derrumbe y el hecho climatológico e innegable de las lluvias, ya que jamás había caído tanta agua sobre el país y uno llega a pensar que con tanta agua que ha corrido también hay mucha agua que está presa en muchos muros, sin llorones y en construcciones y que no sólo ese muro es el que cayó sino que indiscutiblemente habrá muchos otros que amenazarán con caerse. En medio de tan distintas opiniones, llegamos al último domingo de Adviento con todos sus mensajes escriturísticos tomados de Malaquías, de la carta a los Hebreos y del evangelio de San Lucas.
Durante toda esta tercera semana con la cita del adivino antiguo de mala reputación que era Balaán de quien se sirve Dios para profetizar a favor de su pueblo, sobre todo, sobre la grandeza de Israel y la aparición en lontananza del Mesías y luego con las palabras de Sofonías, quien profetizó un siglo después Isaías, sacándole partido de la situación humillante del pueblo escogido para que se reconociese pobre y humilde ante Dios y aceptara el universalismo religioso. Entonces, desde esa humildad asimilada en el Jesús pequeño con cuyo nacimiento se cumplirá con nosotros la promesa del Señor, en Sofonías: "El resto de Israel no conocerá maldades ni mentira". Lo cual nos debe llevarnos a asumir sin complejos de inferioridad la situación de minoría significativa en la ciudad secular edificando desde ahí una Iglesia sin prepotencia ni malicia ni hipocresía. Para transmitirnos la bendición en el Génesis traído por la liturgia, la bendición de Jacob sobre Judá de las doce tribus resulta sobresaliente, porque en su geografía se encuentra la patria chica del Mesías. Y, tú Belén, no eres la menor entre la tierras de Judá, porque de ti nacerá el caudillo que rija a mi pueblo. Desde el recuerdo entrañable de la visita a Belén o desde la imaginación piadosa de la realidad, alabemos ese pedazo de tierra bendita que entre todas las del planeta azul, tuvo el privilegio de recibir la visita del Mesías Prometido.
Miles y miles de mujeres y hombres han vivido con expectación la venida de Dios. Muchos profetas y reyes desearon verlo y no lo lograron. Siglos de espera y de ansia precedieron aquel momento en la vida de la Virgen María cuando a ella le constó por fin la llegada del Mesías anunciado y que eso iba a suceder a través de ella. En aquel punto de la historia se concentraban todas las esperas y expectaciones. Abraham bajo la encina de Mambré mirando el horizonte, Jacob soñando con la escala que llegaba hasta los cielos. Moisés hendiendo las aguas y caminando hacia la tierra prometida. El profeta más menudo y menos anunciando días de salvación, de gozo, Juan el Bautista proponiendo. Y en aquel punto ella, María, la doncella de Nazaret, afrontando la promesa, prometiendo fidelidad, viviendo la esperanza increíble. María vivió el primer Adviento, el mejor. Ella es la gran maestra de la espera, guía de las promesas cumplidas. Desde entonces ella está ahí como referencia para nuestra Navidad cristiana.
Todo nuestro contenido histórico es un contexto de espera y en María tenemos el ejemplo de esa espera del Salvador, razón de celebrar la Navidad.
Para evaluar la presencia de la Iglesia en los medios, se necesita abordar otro tema, el de los otros medios de comunicación social. El Padre Blanquer sólo menciona que él participó en Radio 10 por invitación del director de un programa.
Para completar el cuadro de la presencia de la Iglesia en los medios, habría que comenzar por Radio Hogar, fundado en 1954, por el Padre Manuel Maguregui, S.J. quien la dirigió hasta 1960 (curiosamente fue el representante en Panamá del gobierno vasco en exilio), y luego fue dirigida por los Padres Enrique María Laburu, Luis Medrano, Ignacio Castañeda, de nuevo Luis Medrano, quien fue expulsado del país por la dictadura el 3 de marzo de 1970, Jon Iriarte, Rosendo Torres, de 1974 a 1991, durante algunos de los peores años de la dictadura, y desde 1991 hasta ahora por el Padre Fernando Guardia. Hoy Radio Hogar se ha extendido a Penonomé, particularmente, con un programa de educación rural.
Desde 1969 se estableció en Santiago de Veraguas Radio Veraguas. Se informa que goza de una buena condición financiera y de gran capacidad de penetración. Por otra parte en la ciudad de Panamá, la Iglesia tiene otra radio, Radio María, y en el Interior Radio Voz sin Fronteras en Darién y Radio Católica de Chiriquí en David.
Sorprende sobremanera que entre todas estas radios católicas en Panamá no haya ningún vínculo orgánico, estable y cooperativo, para tener mejores noticieros, programas nacionales de mayor impacto y una mayor capacidad de captar publicidad. La conferencia Episcopal tiene el reto de obtener la información financiera, programática y de audiencia de cada emisora, de establecer una asociación que le permita a cada una de estas emisoras cumplir mejor aún con su misión particular y a todas en conjunto reforzar la pastoral en y por los medios .
Quedan por considerar los medios escritos. Desde el comienzo de la República hemos tenido unas 20 publicaciones, que no eran ni revistas ni boletines parroquiales o de movimientos y grupos de seglares: en 1912 La Defensa Social, en 1950 El Lábaro, en 1960 El Faro, en 1971 el Boletín Senda, cerrado por presión gubernamental a raíz del asesinato del Padre Gallego, y de 1976 a 1980 la Revista Senda. El semanario Panorama Católico, que existe desde 1985 hasta ahora, tiene actualmente una circulación nacional de 14,000 ejemplares. Se debiera analizar la circulación de Panorama Católico según se le de preponderancia a las noticias de la Iglesia para sus filigreses panameños o a las noticias nacionales e internacionales, tanto religiosas como seculares, desde un punto de vista de interpretación católica para un público más amplio. Y también se debe estudiar si habría posibilidad para otro tipo de publicación católica en Panamá. En cuando a las radioemisoras y publicaciones se debe recordar que ninguna comenzó con un fideicomiso equivalente al de FeTV. Para evaluar la presencia de la Iglesia en los medios en Panamá debemos tener presente las cartas pastorales de la Conferencia Episcopal Panameña donde ha manifestado sus valores y criterios al respecto, particularmente, la intitulada La Nueva Evangelización y Sociedad Panameña de 1993. En ella se sugieren tres líneas pastorales: 1. Apoyar y acompañar pastoralmente a los comunicadores sociales; 2. evangelizar el ámbito e inculturar la fe en el lenguaje de los medios; 3. animar la formación de agentes pastorales en el trabajo específico de esta evangelización. Y también plantea el deber de "fomentar las inciativas encaminadas hacia la democratización de la comunicación y, por ende, de la cultura" (carta pastoral antes mencionada II, 3, 154-8).
Al mismo tiempo hay que tener presente que la opinión pública exige de todos los medios que hagan transparente la sociedad global en la que vivimos, en nuestro caso Panamá como sociedad con su política y su gobierno, también hagan trasparente la comunidad más íntima que nos sustenta, en nuestro caso la Iglesia a la que pertenecemos, y finalmente hagan trasparentes los medios mismos que nos informan, incluyendo en nuestro caso sobre todo a FeTV, a las radioemisoras católicas panameñas y a Panorama Católico.

101 años de Panamá América

 
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