María, mujer de esperanza (II)
La prueba clara de que una persona está en la dimensión cristiana es que tiene la clase de fe que se traduce en una esperanza total y certeza absoluta en el poder de Dios. Esa creencia hace que, en verdad, se puedan mover montañas. Esa es la fe que hace milagros y que cualquier situación, aún la más difícil, se torne en algo nuevo y maravilloso. Para esa persona, no hay caso imposible. ¡Cuántas madres han pedido a Dios que aumente su fe y con oración constante por su hijo drogadicto o alcohólico, con el tiempo, mueven montañas logrando que ese hijo deje el vicio!
¿Cómo creen que nace cualquier obra grande que glorifica el nombre de Dios? Nace de una fe envuelta en esperanza, que "cree para ver". Es la diferencia entre la esperanza que, simplemente, es humana y con el tiempo se convierte en desesperanza y la esperanza que viene de lo alto. Esa es la esperanza de la Virgen María, Madre de Dios, ante el cadáver de Cristo, por la que creyó firmemente que su hijo muerto iba a resucitar. ¡Y resucitó al tercer día! Por eso, Jesús resucitado nunca se aparece a María, sino que se aparece a los apóstoles; porque la Virgen María no necesitó de ninguna aparición para creer.
Nuestro Dios sí es auténtico y ha dicho que oren, busquen y pidan cualquier cosa que quieran, no importa lo imposible que sea y si está de acuerdo con Su voluntad, lo obtendrán.
La fe, en verdad, mueve montañas y hoy es un día ideal y maravilloso para que usted pida al Señor que aumente su fe y esperanza.
Debe tener una fe total en el poder de Dios. Sin fe no se puede hacer nada. En la medida en que su fe aumente, su esperanza se activa y Dios hará una obra impresionante a través suyo.
Recuerde que sólo con Dios, usted ¡Invencible!