Marina Mercante
Por razones profesionales he tenido que atender por muchos años temas relativos a la Marina Mercante Panameña. He visto su desarrollo y crecimiento, así como compartido el esfuerzo de muchos colegas y funcionarios dedicados que, contra viento y marea, hemos invertido tiempo y recursos en promoverla, defenderla y orientarla como uno de los pilares fundamentales de la tradicional economía de servicios que presta nuestro país.
Hemos tenido tiempos difíciles, de riesgos grandes en torno a su futuro, de lucha contra enemigos solapados y declarados, pero en todo momento hemos trabajado desde la perspectiva de que además de ser un importante negocio, nuestro trabajo va íntimamente ligado al nombre de nuestro país en el exterior, para bien o para mal.
No cabe duda de que el tema ha evolucionado año tras año. Del concepto de registro de conveniencia, como se denominaba antes, al de registro abierto, como se debe considerar ahora, mucha agua ha pasado debajo del puente.
Panamá ha dado su cuota grande en la adaptación de su registro a todas las normas internacionales que de tiempo en tiempo se han promulgado, así como acrecentado su participación en las organizaciones internacionales que tienen competencia sobre la materia, formando parte inclusive de sus altos puestos directivos. También hemos sufrido las grandes incomprensiones y malquerencias que el primer puesto del liderazgo en la flota mercante internacional conlleva. De eso ha habido mucho, pero siempre se ha tratado de salir airoso, a pesar de las dificultades que nos imponen las circunstancias de ser un país pequeño y con grandes limitaciones económicas.
El concepto de país con devoción marítima ha ido también tomando fuerza y el hecho de ser hoy dueños y administradores del Canal, no cabe duda, es un gran valor agregado. No obstante, ese esfuerzo integral de todas las partes involucradas, tiene que verse reforzado y fuertemente respaldado por los gobiernos nacionales, independientemente de la línea política. De eso depende, en gran parte, que los problemas que vayan surgiendo se resuelvan prontamente y que la Marina Mercante, como institución, trabaje coherentemente teniendo en cuenta de que no importa si eres sector público o privado, el servicio oportuno y eficiente al cliente debe ser la prioridad número uno de todos.
El momento actual es propicio para reflexiones y decisiones en esta materia.
Pronto se inicia un nuevo gobierno y nuevas autoridades asumirán la conducción de las instituciones marítimas del país. Hay problemas graves y complejos en la agenda. En los últimos años, la comunicación no ha sido lo eficaz que se requería y la solución a viejos problemas han hecho crisis al punto de estar perdiendo credibilidad, precisamente, por no hacer lo que se dijo que se iba a hacer. Los ejemplos sobran, aunque no vienen a cuento en esta oportunidad.
Ahora con los temas relativos a la seguridad marítima y portuaria-Código ISPS-nuevas tendencias negativas se enfilan contra nuestro registro. Ninguna puede ser menospreciada porque todas tienen capacidad de acción y, aunque suene lejano, también se puede aplicar el refrán de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y pagar el precio de esas alianzas.
Es vital que se escuche y se atienda al sector. Ignorarlo o no verlo como el socio natural del gobierno en la promoción, defensa y fortalecimiento de la Marina Mercante es un grave error.
Con respeto, algunas firmas de abogados hemos recomendado al Presidente Electo el nombre de un apreciado y destacado profesional para ocupar la posición de la Autoridad Marítima, no como espacio de nadie ni para nadie, que no se me malinterprete, sino como una sana recomendación buscando contar con un profesional idóneo que entienda lo que tiene entre manos y que esté dispuesto a trabajar por el país en un tema en donde falta mucho por hacer, y rápido, ojalá que dentro del mayor sentido de trabajo en equipo posible. La decisión escapa por supuesto al ámbito de nuestras atribuciones. Sin embargo, ha privado la buena fe en el gesto y eso debe valorarse genuinamente para beneficio de un área importante y con grandes y mayores potenciales en nuestro futuro.
El futuro es promisorio si sabemos hacer bien las cosas en este sector. Las designaciones en el servicio exterior serán también clave para todo lo que está en juego. Eso es algo que demanda profundas rectificaciones, acorde con los tiempos que vivimos y alejadas del favoritismo para el exclusivo enriquecimiento personal de pocos. Es cuestión de voluntad más que de normas, de eso estoy seguro y el tiempo hablará por sí solo.
Nuestra real ventaja comparativa es nuestra posición geográfica. En ella, el sector marítimo y su potencialidad son fundamentales. Todo integrado, definirá mejor la visión correcta de hacia donde debemos avanzar con sentido claro de nuestras oportunidades.
Hemos tenido tiempos difíciles, de riesgos grandes en torno a su futuro, de lucha contra enemigos solapados y declarados, pero en todo momento hemos trabajado desde la perspectiva de que además de ser un importante negocio, nuestro trabajo va íntimamente ligado al nombre de nuestro país en el exterior, para bien o para mal.
No cabe duda de que el tema ha evolucionado año tras año. Del concepto de registro de conveniencia, como se denominaba antes, al de registro abierto, como se debe considerar ahora, mucha agua ha pasado debajo del puente.
Panamá ha dado su cuota grande en la adaptación de su registro a todas las normas internacionales que de tiempo en tiempo se han promulgado, así como acrecentado su participación en las organizaciones internacionales que tienen competencia sobre la materia, formando parte inclusive de sus altos puestos directivos. También hemos sufrido las grandes incomprensiones y malquerencias que el primer puesto del liderazgo en la flota mercante internacional conlleva. De eso ha habido mucho, pero siempre se ha tratado de salir airoso, a pesar de las dificultades que nos imponen las circunstancias de ser un país pequeño y con grandes limitaciones económicas.
El concepto de país con devoción marítima ha ido también tomando fuerza y el hecho de ser hoy dueños y administradores del Canal, no cabe duda, es un gran valor agregado. No obstante, ese esfuerzo integral de todas las partes involucradas, tiene que verse reforzado y fuertemente respaldado por los gobiernos nacionales, independientemente de la línea política. De eso depende, en gran parte, que los problemas que vayan surgiendo se resuelvan prontamente y que la Marina Mercante, como institución, trabaje coherentemente teniendo en cuenta de que no importa si eres sector público o privado, el servicio oportuno y eficiente al cliente debe ser la prioridad número uno de todos.
El momento actual es propicio para reflexiones y decisiones en esta materia.
Pronto se inicia un nuevo gobierno y nuevas autoridades asumirán la conducción de las instituciones marítimas del país. Hay problemas graves y complejos en la agenda. En los últimos años, la comunicación no ha sido lo eficaz que se requería y la solución a viejos problemas han hecho crisis al punto de estar perdiendo credibilidad, precisamente, por no hacer lo que se dijo que se iba a hacer. Los ejemplos sobran, aunque no vienen a cuento en esta oportunidad.
Ahora con los temas relativos a la seguridad marítima y portuaria-Código ISPS-nuevas tendencias negativas se enfilan contra nuestro registro. Ninguna puede ser menospreciada porque todas tienen capacidad de acción y, aunque suene lejano, también se puede aplicar el refrán de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y pagar el precio de esas alianzas.
Es vital que se escuche y se atienda al sector. Ignorarlo o no verlo como el socio natural del gobierno en la promoción, defensa y fortalecimiento de la Marina Mercante es un grave error.
Con respeto, algunas firmas de abogados hemos recomendado al Presidente Electo el nombre de un apreciado y destacado profesional para ocupar la posición de la Autoridad Marítima, no como espacio de nadie ni para nadie, que no se me malinterprete, sino como una sana recomendación buscando contar con un profesional idóneo que entienda lo que tiene entre manos y que esté dispuesto a trabajar por el país en un tema en donde falta mucho por hacer, y rápido, ojalá que dentro del mayor sentido de trabajo en equipo posible. La decisión escapa por supuesto al ámbito de nuestras atribuciones. Sin embargo, ha privado la buena fe en el gesto y eso debe valorarse genuinamente para beneficio de un área importante y con grandes y mayores potenciales en nuestro futuro.
El futuro es promisorio si sabemos hacer bien las cosas en este sector. Las designaciones en el servicio exterior serán también clave para todo lo que está en juego. Eso es algo que demanda profundas rectificaciones, acorde con los tiempos que vivimos y alejadas del favoritismo para el exclusivo enriquecimiento personal de pocos. Es cuestión de voluntad más que de normas, de eso estoy seguro y el tiempo hablará por sí solo.
Nuestra real ventaja comparativa es nuestra posición geográfica. En ella, el sector marítimo y su potencialidad son fundamentales. Todo integrado, definirá mejor la visión correcta de hacia donde debemos avanzar con sentido claro de nuestras oportunidades.