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Martín echó los dados


Cuenta la historia de la Roma antigua, que el río Rubicón marcaba cerca de Rimini, la frontera entre Galia Cisalpina donde César, el procónsul, tenía derecho de apostar sus soldados y la verdadera Italia, donde le era vedado conducirlos. Sin embargo, el 10 de enero de 49 AC, Julio César "echa los dados", pasa el Rubicón con una legión de 6000 hombres y enfrenta los ejércitos de Pompeyo, que le superaban en una relación numérica de doce a uno.
De igual forma, el joven Martín tuvo que pasar su "rubicón" antes de desechar las concepciones y prácticas políticas de los carcamales de hoy, hechos a imagen y semejanza de los que les antecedieron desde los inicios de nuestra vida republicana. Y es que con el acuerdo META, no sólo se logra el control del "rgano Legislativo y se le infringe un revés al clientelismo desvocado, sino que se derrumba un mito político criollo: La imposibilidad de la independencia y armónica colaboración real, entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Y aunque éste es el pan de cada día en otras latitudes, en Panamá el gamonalismo de los tiempos de la patria boba primero, y el clientelismo en la nueva democracia pos-invasión después, se confabularon durante el doloroso calvario republicano, para impedir la conquista de elevados escenarios políticos muy necesarios, sobre todo, en esta segunda modernidad llena de nuevos retos y huérfana de visión.
En efecto, contrario al secretismo del año pasado y al bochornoso espectáculo ofrecido a última hora por dos conocidas féminas en la Asamblea Legislativa. En esta ocasión, "a la vista del pueblo", una nueva generación de políticos en representación del PRD y el PDC, suscribieron e hicieron valer un pacto legislativo, que visto en perspectiva, constituye la más seria fórmula política para el fortalecimiento democrático e institucional del Estado panameño, explorada en los últimos años. El ensayo está orientado a devolver la credibilidad a dos instituciones esenciales para el desarrollo democrático: La Asamblea Legislativa y los partidos políticos.
Adicionalmente establece un precedente en la historia política del país: la directiva del parlamento es escogida en base a un acuerdo programático o agenda legislativa y no por medio de componendas. El compromiso PRD-PDC refleja en cierto modo, un salto cualitativo en materia de cultura política, pero también es expresión de una marcada necesidad política. Necesidad que no puede ser explicada en toda su complejidad por el traído y llevado y no menos simplista aforismo, de que "en política no hay sorpresas sino sorprendidos". No olvidemos que hace 32 años, antes que se produjera el golpe militar, ya la institucionalidad política-partidista había colapsado ante el sacudimiento demoledor de una profunda crisis económica, política, social y moral, concitada, entre otras cosas, por un desprestigio muy parecido al que hoy ostenta la Asamblea Legislativa y la denominada "clase política".
En conclusión, pienso que el arreglo que comentamos en principio le asesta un porrazo táctico a los sectores más atrasados de la política nacional, y, en última instancia, apuntala la gobernabilidad y proporciona un verdadero "salvavidas" a la deteriorada imagen de la Cámara Legislativa panameña.

101 años de Panamá América

 
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