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Martín, el fantasma y la Constitución


El Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa, inició su conferencia inaugural el 21 de febrero pasado, parafraseando las primeras palabras del Manifiesto Comunista, al decir: "¡Un fantasma recorre las democracias: el de la corrupción!". Esa referencia e incidencia de la corrupción en las democracias contemporáneas, particularmente en la nuestra, es importante porque apunta a una de las causas por las cuales se conocen ahora más casos, y muy graves, de corrupción moral que en el pasado.
En la medida en que la participación y la responsabilidad democrática de los ciudadanos ganan espacios en los distintos ámbitos que determinan la moral pública y la ética civil, emergen y se descubren más fácilmente las abundantes situaciones de corrupción moral que antes se encubrían y amparaban en impenetrables redes de control político-partidario y hasta mafioso, así como por las fuertes dosis de indiferencia, insolidaridad e irresponsabilidad socio-política con que se alimentaba la aletargada ética civil de los ciudadanos.
Este fantasma, al cual se refiere el cardenal Maradiaga, recorre la democracia panameña de manera amenazante. Nuestra democracia corre el peligro de ser rebasada por el autoritarismo, producto de una corrupción que se desarrolla bajo el amparo de un impenetrable control del poder político corrupto, ejercido de espaldas a la ética civil y al servicio de los más espurios intereses de camarillas allegadas a las grandes fuentes del poder económico y político indiscriminado. Este peligro ha generado todo un proceso, aunque incipiente de rearme moral, de solidaridad social y de responsabilidad política, que comienza a cuestionar y enfrentar con determinación ética esas redes de corrupción antes imbatibles.
Esta situación ha estimulado un debate a lo interno de la población por medio de entidades representativas de la sociedad civil, en cuanto a la necesidad de reformar nuestra actual Carta Magna (para unos) o de confeccionar una nueva constitución a través de una constituyente paralela (para otros).
La propuesta del Foro 2020 y el Consejo Ecuménico establece la inclusión de una quinta papeleta en el torneo electoral, en donde la persona acepte la creación de una nueva constitución en los dos primeros años de gobierno, a través de una asamblea constituyente paralela. Esta quinta papeleta es ilegal e inconstitucional. Es cuando surge la propuesta de Martín Torrijos, apoyada por el Partido Popular, la que sostiene que en el 2004 se den dos Asambleas diferentes, la del período que preside la señora Mireya Moscoso y la del próximo gobierno.
La propuesta de Martín, la más viable, realista y respetuosa del actual orden constitucional, sostiene que los cambios a la Carta Magna se den por los dos métodos constitucionales actuales y por una asamblea constituyente paralela, la cual estará integrada por cincuenta miembros elegidos de acuerdo a mecanismos establecidos por la propia Constitución y que asegure la representatividad de todos los sectores sociales, económicos y políticos panameños. Lo acordado será sometido entonces a un referéndum.
Esta propuesta sobre el cambio constitucional se convierte en un instrumento útil para la superación de la crisis moral del país, pero su efectividad dependerá, además, de que se genere una transformación ético-social, que se fomente una cultura política renovada, de manera que los cambios constitucionales den el resultado esperado y no terminen por frustrar las esperanzas de todo un pueblo.
Si seguimos el rumbo acertado, le estaríamos rindiendo, la generación que celebra el Centenario, un homenaje a las generaciones de panameños que lucharon y nos dejaron el legado "...se ilumina la nueva nación" y "El progreso acaricia tus lares..."

101 años de Panamá América

 
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