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Martín todavía es oposición


Los rituales de la democracia han ido cumpliéndose, según lo programado. A las elecciones, siguió el recuento de los votos y la entrega de credenciales al presidente electo. Los recientes comicios han contribuido a fortalecer la joven democracia panameña y afirmado la confianza en los procesos electorales y las tradiciones de escrutinios transparentes.
Después de que el Tribunal Electoral (TE) reconoció el triunfo de Martín Torrijos, la noche del domingo, la presidenta Mireya Moscoso le comunicó que el prolongado proceso de transición sería ordenado. El ahora presidente electo reiteró su compromiso de iniciar una nueva forma de gobernar, sin revanchismos ni sectarismos, convocando a todas las fuerzas políticas y productivas a suscribir un nuevo pacto social para acabar con la pobreza, la corrupción y la desesperanza. Prometió a todos los panameños, los que le dieron su voto y quienes lo adversaron, que el primero de septiembre arrancará la construcción de la Patria Nueva de oportunidades, de justicia social y de solidaridad.
Quizá ese mensaje y la contundente victoria electoral de Torrijos, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y su aliado el Partido Popular (PP), es lo que desconcertó a los sectores conservadores del país.
En lugar de considerar como auspicioso el llamado a establecer un nuevo pacto social que alinee al país por la senda del desarrollo socioeconómico, y asimilar las lecciones claras que arrojan las recientes elecciones, están más preocupados por el PRD y su nuevo liderazgo. Parecieran mirar el nuevo escenario creado en el país como una suerte de amenaza para sus intereses estratégicos.
Una de las lecciones que deben tomarse en cuenta, es que los comicios recientes acabaron con el mito de que el techo histórico del PRD estaba conformado únicamente por el 33% de los votantes. En esta ocasión ese partido, con el respaldo del PP y de la mayoría de los 300,000 jóvenes que votaron por primera vez, superó el 47% de los votos.
Esa juventud, al igual que la mayor parte de los panameños, no está empantanada en el pasado, no le preocupa los regímenes autoritarios de antaño, ni las ya investigadas denuncias de violaciones de los derechos humanos. Esos jóvenes y la mayoría de los panameños están reconciliados con el pasado, han superado esa página de la historia nacional. Anclados en el presente, miran con esperanzas el provenir.
Al ahora presidente electo le han entregado un patrimonio de credibilidad, de confianza, de expectativas de cambios. La alegría ha despertado en la mayoría de los panameños. La población anhela ver el inicio de las profundas transformaciones del Estado, las reformas económicas, sociales y políticas prometidas por Torrijos.
En lugar de sumarse a las esperanzas de renovación y a las propuestas del gobierno de la Patria Nueva, los sectores conservadores parecieran estarse reagrupando bajo el paraguas de un nuevo activismo que podría comprometer la gobernabilidad, la estabilidad política y social del país. Esos sectores hablan de democracia, pero sus actitudes los desnudan como antidemocráticos. Su conducta revela que niegan la eficacia de las normas de convivencia establecidas en la nueva realidad democrática que está abriéndose paso en el país.
Sus aliados fueron derrotados en las urnas y se han quedado sin expresión política. Por eso, están tratando de reconstruir vínculos con sectores empresariales y medios de comunicación en una especie de cruzada contra la imagen de la principal figura del nuevo gobierno. Buscan minar el camino de la transición. No aceptan el compromiso de la presidenta Moscoso de darle oportunidad al nuevo gobierno. Contrario a esa postura, y reforzando el pronunciamiento de la actual mandataria, grupos políticos de la disuelta alianza oficialista Visión de País han asegurado que, cuando se instale el nuevo gobierno, harán una oposición vigilante, constructiva y responsable, sin afectar la gobernabilidad.
Las distintas fuerzas políticas del país, la mayoría del electorado y aún quienes no lo favorecieron con el voto, deben darle al nuevo gobierno el tiempo necesario que demanda una transición ordenada. El tratar de desgastarlo, sin que haya asumido el poder, es una acción irresponsable porque buscaría reducir las expectativas de cambios que se ha producido entre la población.
Torrijos ha reiterado su mensaje de que sí es posible enfrentar el desempleo, la inseguridad y la corrupción. Primero, debe estructurar cuidadosamente su equipo de gobierno. Luego, demostrar decisión y firmeza para cumplir sus promesas. La luna de miel no comienza antes de la toma de posesión. Ese es el tiempo de gracia al que tiene derecho, por tradición y por voluntad popular, todo gobierno al momento de asumir el poder. Mientras llega esa ocasión, para la que faltan casi cuatro meses, Torrijos todavía es oposición.

101 años de Panamá América

 
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