Martín Torrijos y la Patria Nueva (I)
La avalancha de sufragios que el pasado domingo 2 de mayo consagró a Martín Torrijos como Presidente electo de la República, marca a partir del 1° de septiembre el inicio de la era de la "Patria Nueva", cuyas metas se enmarcan en la realización del programa de gobierno 2004-2009, auspiciado mancomunadamente por el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y el Partido Popular (PP). Los resultados de la elección tienen características sin precedentes en la historia del país.
La fecha del 2 de Mayo de 2004 permanecerá fresca en la memoria de la patria, y sus significados deberán ser analizados en términos que van más allá de los aritméticos o estadísticos. Por mi parte, estoy convencido de que la esperanza es el elemento totalizador que permite interpretar estos resultados.
La esperanza que Martín Torrijos supo transmitir al pueblo panameño, le permitirá asumir el poder con la seguridad de que ha recibido un mandato y también un crédito. El mandato es por cinco años y el crédito no tiene cortapisas. A lo largo de su campaña electoral le ha hablado al pueblo panameño de tareas que son posibles siempre y cuando todos contribuyamos a hacerlas posibles.
Viva está en la mente colectiva el lema "+ seguridad + empleo Ø corrupción" que hizo un impacto profundo en la conciencia de las panameñas y los panameños que votaron por una patria nueva impulsada por la ética, la rectitud, el civismo y la moralidad. En esta circunstancia me atrevo a decirle a Martín que para combatir la corrupción él está en capacidad de actuar con la voluntad firme y la fortaleza moral que todos le reconocemos para atacar formalmente tanto, a las causas como a los autores, cómplices y encubridores de la corrupción.
Utilizo el lenguaje de Omar para reiterarle a Martín lo que he venido predicando desde hace algunos años en esta columna de opinión, que la transparencia es la mejor vacuna contra la corrupción. (El Panamá América, "La corrupción en la estructura estatal", 28 de agosto de 2000; "La corrupción, las inversiones y la gobernabilidad", 18 de junio de 2001; "Transparencia, secretismo y desinformación", 10 de septiembre de 2001; "El país de las anomalías", 21 de enero de 2002; "El diagnóstico de la corrupción", 28 de enero de 2002; "Los rostros de la corrupción", 18 de noviembre de 2002 y "Ética, política y transparencia", 20 de enero de 2003). De ahí, que me atreva a señalarle que la ciudadanía le acreditaría como un golpe maestro contra la corrupción, que su primer acto de gobierno fuese la derogatoria del Decreto Ejecutivo No. 124 de 21 de mayo de 2002 por el cual se reglamentó la Ley No. 6 de 22 de enero de 2002 sobre la Transparencia de la Gestión Pública (Gaceta Oficial No. 24,476 de 23 de enero de 2002), que fue virtualmente anulada por el mencionado Decreto Reglamentario (Gaceta Oficial 24,557 de 22 de mayo de 2002).
En su campaña como candidato, Martín Torrijos hizo brotar en la mayoría de los electores una especie de vivero de esperanzas. En los próximos cuatro meses el Presidente electo estará muy ocupado en formar su equipo de gobierno y en cuidar que ese vivero no se marchite, por causa de errores o de malentendidos.
Al asumir el mandato presidencial, nuestro Presidente electo tendrá muchas tareas de las cuales algunas son urgentes y muchas son insoslayables. Reconforta pensar que podrá afrontarlas. El tiene la fortaleza de su juventud y la ventaja de un liderazgo generacional que le permite contar con la disponibilidad y la lealtad de jóvenes profesionales maduros y preparados para ejercer responsabilidades públicas.
Hay requisitos que determinan la necesidad de que haya crecimiento económico e inversiones. Esto es para los economistas tan obvio como el pan nuestro de cada día. Pero para el ciudadano común desempleado y con una familia por formar o por mantener no lo es. Estos desean tener un gobierno que haga las cosas pronto y bien. En estos tiempos caracterizados por el desempleo, el empleo precario y la pobreza de una parte considerable de la población panameña, los afectados por estos problemas parecen creer que la virtud más importante de cualquier gobernante debe ser que haga posible hasta lo imposible.
Panamá acumuló en el siglo XX una excepcionalidad económica derivada de la construcción y la operación del Canal que no nos protegió de la pobreza ni del subdesarrollo, pero dejó en nuestra estructura económica las huellas de una economía canalera. Esa excepcionalidad se ha ido desdibujando a causa de la globalización y, ciertamente, de la desaparición del enclave colonial de la Zona del Canal. Pero hay desafíos, tareas pendientes que no deben seguir postergándose, y a las cuales me propongo referirme en mis próximos comentarios, otorgándole prioridad a la cuestión de la expansión del Canal de Panamá.
No deseo entrar aquí en reflexiones acerca de ciertos traumatismos que afectan a nuestra sociedad causados por la pobreza, el desempleo, la corrupción, la droga, la ignorancia, etc. Pero sería una ceguera aberrante no ver que la sociedad panameña no goza de buena salud, ni física, ni mental, ni moral. Por lo demás, me parece evidente que sólo los buenos y sinceros diagnósticos alejan la posibilidad de las autopsias.
Debemos buscar y obtener rápidamente los métodos más apropiados para movilizar los esfuerzos con vista al interés general. Con este propósito, los responsables gubernamentales deben escuchar al pueblo y, con respeto, darle las explicaciones, pacientes y claras que serán necesarias para que el pueblo comprenda cuándo y cuánto es posible esperar del poder público y del poder económico. Martín Torrijos fue el único que se atrevió a imaginar que podrá luchar para ofrecerle al pueblo panameño nuevas formas de gobernar que confluyan al bienestar general.
No es suficiente desear un consenso puesto que hasta en la definición de ciertos problemas mayores hemos visto que no hay coincidencias. Son visibles las dificultades que encuentran los intentos reformadores. Esas dificultades derivan a veces de la resistencia que oponen algunos sectores. También derivan de las contradicciones que exhiben los mismos esfuerzos reformadores.
Hace poco tuve la ocasión de leer las confidencias que hizo a sus amigos íntimos un político célebre de un país europeo: las promesas electorales sólo comprometen a quienes las creyeron.
Creo que los panameños tenemos derecho a ser optimistas. Creo que Martín Torrijos cree en lo que prometió y creo que lo prometió porque lo cree posible. Por eso se justifica la gran esperanza que llena en estos días el corazón de la mayoría de los panameños.
La fecha del 2 de Mayo de 2004 permanecerá fresca en la memoria de la patria, y sus significados deberán ser analizados en términos que van más allá de los aritméticos o estadísticos. Por mi parte, estoy convencido de que la esperanza es el elemento totalizador que permite interpretar estos resultados.
La esperanza que Martín Torrijos supo transmitir al pueblo panameño, le permitirá asumir el poder con la seguridad de que ha recibido un mandato y también un crédito. El mandato es por cinco años y el crédito no tiene cortapisas. A lo largo de su campaña electoral le ha hablado al pueblo panameño de tareas que son posibles siempre y cuando todos contribuyamos a hacerlas posibles.
Viva está en la mente colectiva el lema "+ seguridad + empleo Ø corrupción" que hizo un impacto profundo en la conciencia de las panameñas y los panameños que votaron por una patria nueva impulsada por la ética, la rectitud, el civismo y la moralidad. En esta circunstancia me atrevo a decirle a Martín que para combatir la corrupción él está en capacidad de actuar con la voluntad firme y la fortaleza moral que todos le reconocemos para atacar formalmente tanto, a las causas como a los autores, cómplices y encubridores de la corrupción.
Utilizo el lenguaje de Omar para reiterarle a Martín lo que he venido predicando desde hace algunos años en esta columna de opinión, que la transparencia es la mejor vacuna contra la corrupción. (El Panamá América, "La corrupción en la estructura estatal", 28 de agosto de 2000; "La corrupción, las inversiones y la gobernabilidad", 18 de junio de 2001; "Transparencia, secretismo y desinformación", 10 de septiembre de 2001; "El país de las anomalías", 21 de enero de 2002; "El diagnóstico de la corrupción", 28 de enero de 2002; "Los rostros de la corrupción", 18 de noviembre de 2002 y "Ética, política y transparencia", 20 de enero de 2003). De ahí, que me atreva a señalarle que la ciudadanía le acreditaría como un golpe maestro contra la corrupción, que su primer acto de gobierno fuese la derogatoria del Decreto Ejecutivo No. 124 de 21 de mayo de 2002 por el cual se reglamentó la Ley No. 6 de 22 de enero de 2002 sobre la Transparencia de la Gestión Pública (Gaceta Oficial No. 24,476 de 23 de enero de 2002), que fue virtualmente anulada por el mencionado Decreto Reglamentario (Gaceta Oficial 24,557 de 22 de mayo de 2002).
En su campaña como candidato, Martín Torrijos hizo brotar en la mayoría de los electores una especie de vivero de esperanzas. En los próximos cuatro meses el Presidente electo estará muy ocupado en formar su equipo de gobierno y en cuidar que ese vivero no se marchite, por causa de errores o de malentendidos.
Al asumir el mandato presidencial, nuestro Presidente electo tendrá muchas tareas de las cuales algunas son urgentes y muchas son insoslayables. Reconforta pensar que podrá afrontarlas. El tiene la fortaleza de su juventud y la ventaja de un liderazgo generacional que le permite contar con la disponibilidad y la lealtad de jóvenes profesionales maduros y preparados para ejercer responsabilidades públicas.
Hay requisitos que determinan la necesidad de que haya crecimiento económico e inversiones. Esto es para los economistas tan obvio como el pan nuestro de cada día. Pero para el ciudadano común desempleado y con una familia por formar o por mantener no lo es. Estos desean tener un gobierno que haga las cosas pronto y bien. En estos tiempos caracterizados por el desempleo, el empleo precario y la pobreza de una parte considerable de la población panameña, los afectados por estos problemas parecen creer que la virtud más importante de cualquier gobernante debe ser que haga posible hasta lo imposible.
Panamá acumuló en el siglo XX una excepcionalidad económica derivada de la construcción y la operación del Canal que no nos protegió de la pobreza ni del subdesarrollo, pero dejó en nuestra estructura económica las huellas de una economía canalera. Esa excepcionalidad se ha ido desdibujando a causa de la globalización y, ciertamente, de la desaparición del enclave colonial de la Zona del Canal. Pero hay desafíos, tareas pendientes que no deben seguir postergándose, y a las cuales me propongo referirme en mis próximos comentarios, otorgándole prioridad a la cuestión de la expansión del Canal de Panamá.
No deseo entrar aquí en reflexiones acerca de ciertos traumatismos que afectan a nuestra sociedad causados por la pobreza, el desempleo, la corrupción, la droga, la ignorancia, etc. Pero sería una ceguera aberrante no ver que la sociedad panameña no goza de buena salud, ni física, ni mental, ni moral. Por lo demás, me parece evidente que sólo los buenos y sinceros diagnósticos alejan la posibilidad de las autopsias.
Debemos buscar y obtener rápidamente los métodos más apropiados para movilizar los esfuerzos con vista al interés general. Con este propósito, los responsables gubernamentales deben escuchar al pueblo y, con respeto, darle las explicaciones, pacientes y claras que serán necesarias para que el pueblo comprenda cuándo y cuánto es posible esperar del poder público y del poder económico. Martín Torrijos fue el único que se atrevió a imaginar que podrá luchar para ofrecerle al pueblo panameño nuevas formas de gobernar que confluyan al bienestar general.
No es suficiente desear un consenso puesto que hasta en la definición de ciertos problemas mayores hemos visto que no hay coincidencias. Son visibles las dificultades que encuentran los intentos reformadores. Esas dificultades derivan a veces de la resistencia que oponen algunos sectores. También derivan de las contradicciones que exhiben los mismos esfuerzos reformadores.
Hace poco tuve la ocasión de leer las confidencias que hizo a sus amigos íntimos un político célebre de un país europeo: las promesas electorales sólo comprometen a quienes las creyeron.
Creo que los panameños tenemos derecho a ser optimistas. Creo que Martín Torrijos cree en lo que prometió y creo que lo prometió porque lo cree posible. Por eso se justifica la gran esperanza que llena en estos días el corazón de la mayoría de los panameños.