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Martín y el exceso de confianza


Con una ventaja tan amplia, el candidato del opositor PRD, apenas si tiene necesidad de mirar sobre sus hombros a los adversarios que lo siguen muy a la distancia. Según las encuestas, casi duplica a su más próximo rival y cuadruplica al siguiente, por no mencionar a otro que recién llega a la pista. Así las cosas, el problema más difícil para Martín Torrijos no es ganar, sino no perder. Restando nueve meses para las elecciones, demasiadas cosas pueden ocurrir, no tanto en términos de lo que sus contrincantes puedan avanzar sino en lo que él pueda retroceder.
Por momentos estuvo tocando el 50% de la intención de voto, lo que para los expertos es demasiado para una campaña anormalmente larga. En política, como en la hípica, el ciclismo y la maratón de larga distancia, puntear prematuramente, con demasiada holgura, siempre es un dolor de cabeza, conlleva al desgaste y al final a la derrota, que sobreviene más producto de la propia tensión y cansancio que por las virtudes de los rivales que, sobre la raya, terminan venciéndolo.
De hecho, ya empieza a descender a razón de un punto porcentual cada mes. A ese ritmo, para mayo del año próximo, estará cerca del promedio histórico de su partido, de 33%. La cuestión, para muchos de los allegados al cuartel general de su campaña es la capacidad de aplicar retrocohetes y paracaídas para que el descenso sea controlado, gradual e imperceptible, de modo que, a la hora de la hora, se presente lo más por encima de ese promedio. Otros son triunfalistas, sostienen que con 33% y cuatro candidatos, se puede ganar. Endara no pasa del 30% y parece haber alcanzado su techo, con lo que, con un 10% de abstención y votos nulos, quedan 27 puntos porcentuales para repartir entre los demás. Es la lógica del exceso de confianza.
Hugo Torrijos Richa, su primo y jefe de campaña, es un hombre ducho y habilidoso. No cree en nada ni en nadie. Dice que las elecciones se ganan y se pierden el día de la votación, el recuento de votos y los recursos legales. Por lo pronto, ha trazado una campaña de discreto perfil y de arriesgar el mínimo. Amante del fútbol, sabe que quien más ataca más se expone y que quien va ganando, lo único que tiene que hacer es detener su ofensiva, sumarla a la defensa y aguardar con paciencia el paso del tiempo hasta el pitazo final.
Nada para Hugo está ganado. En cada página de su agenda política diaria ha de tener escrito: Nuestro peor enemigo es el exceso de confianza y el divisionismo en las propias filas. Mantener compacto un partido de casi medio millón de afiliados, con casi cinco poderosas tendencias, es difícil. Y hacerlo durante nueve angustiosos meses que faltan es casi un milagro. ¿Lo logrará?

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