Martín y la Cúpula
Forzada por la debacle de la reelección a buscar un sustituto viable al actual presidente de la República Ernesto Pérez Balladares, la alta dirigencia del oficialista Partido Revolucionario Democrático (PRD), tuvo que improvisar la candidatura de Martín Torrijos, un joven abogado de 36 años, quien hasta entonces tenía un desempeño menos que discreto, como viceministro de Gobierno y Justicia.
Seguramente, habría podido encontrar un candidato más acorde, de no ser por el desafío que le planteó Alfredo Oranges, quien reclamó para sí el sitial, a nombre de un "torrijismo auténtico" y "un gobierno más humano", en contraposición al neoliberalismo fondomonetarista de Pérez Balladares y su cúpula.
Aparte del resultado, la fuerza de Oranges preocupó inicialmente a la cúpula del partido, cuyas figuras más notorias son los exministros Francisco Sánchez Cárdenas y Mitchell Doens, conocidos por su militancia y sagacidad. Y hay quienes dicen que ambos condujeron a Pérez Balladares al matadero, a sabiendas de que perdería el referéndum, con el objeto de arrebatarle el control del partido, el cual ejerce en su calidad de secretario general. El mismo Sánchez Cárdenas fue precandidato a la presidencia y se dice, - con evidente malicia-, que le fue descubierto material impreso de su campaña, confeccionado con antelación al referéndum.
El hecho es que Oranges se interpuso en los planes de la cúpula, debiendo acelerar el cronograma de lanzamiento de Torrijos, el cual estaba previsto para cinco, diez y hasta quince años más adelante. Por eso sus mentores llevaban su carrera política sin mayores sobresaltos. Antes, había sido secretario general de la juventud del partido y, seguramente, bajo un nuevo gobierno PRD ascendería seguramente a ministro o director de alguna entidad, donde ensayara sus dotes administrativas; pero no mucho más que eso. Ahora, lo tenemos, por fuerza de la circunstancia, como candidato a presidente, teniendo como singular mérito político, el ser hijo de su padre.
Pero la candidatura no le asegura control sobre el partido, el cual todavía está en manos de Pérez Balladares. Por eso, la mayoría de los candidatos a legisladores, representan a la cúpula, no a Torrijos. Y por la misma razón, fueron sacrificados los aliados del colectivo en la mayoría de los circuitos electorales. Pero Torrijos, que no es ciego, anunció la semana pasada que, de ser elegido presidente, aspiraría a la secretaría general del partido, - precisamente, el puesto que ostenta Pérez Balladares-. Por eso, los desmentidos de ayer no hacen sino confirmar la lucha intestina que se fragua tras la cortina de cordialidad y armonía en el PRD.
Seguramente, habría podido encontrar un candidato más acorde, de no ser por el desafío que le planteó Alfredo Oranges, quien reclamó para sí el sitial, a nombre de un "torrijismo auténtico" y "un gobierno más humano", en contraposición al neoliberalismo fondomonetarista de Pérez Balladares y su cúpula.
Aparte del resultado, la fuerza de Oranges preocupó inicialmente a la cúpula del partido, cuyas figuras más notorias son los exministros Francisco Sánchez Cárdenas y Mitchell Doens, conocidos por su militancia y sagacidad. Y hay quienes dicen que ambos condujeron a Pérez Balladares al matadero, a sabiendas de que perdería el referéndum, con el objeto de arrebatarle el control del partido, el cual ejerce en su calidad de secretario general. El mismo Sánchez Cárdenas fue precandidato a la presidencia y se dice, - con evidente malicia-, que le fue descubierto material impreso de su campaña, confeccionado con antelación al referéndum.
El hecho es que Oranges se interpuso en los planes de la cúpula, debiendo acelerar el cronograma de lanzamiento de Torrijos, el cual estaba previsto para cinco, diez y hasta quince años más adelante. Por eso sus mentores llevaban su carrera política sin mayores sobresaltos. Antes, había sido secretario general de la juventud del partido y, seguramente, bajo un nuevo gobierno PRD ascendería seguramente a ministro o director de alguna entidad, donde ensayara sus dotes administrativas; pero no mucho más que eso. Ahora, lo tenemos, por fuerza de la circunstancia, como candidato a presidente, teniendo como singular mérito político, el ser hijo de su padre.
Pero la candidatura no le asegura control sobre el partido, el cual todavía está en manos de Pérez Balladares. Por eso, la mayoría de los candidatos a legisladores, representan a la cúpula, no a Torrijos. Y por la misma razón, fueron sacrificados los aliados del colectivo en la mayoría de los circuitos electorales. Pero Torrijos, que no es ciego, anunció la semana pasada que, de ser elegido presidente, aspiraría a la secretaría general del partido, - precisamente, el puesto que ostenta Pérez Balladares-. Por eso, los desmentidos de ayer no hacen sino confirmar la lucha intestina que se fragua tras la cortina de cordialidad y armonía en el PRD.