Martinelli, entre palabras y acciones
Luego de haber escuchado, íntegramente, el discurso del presidente Ricardo Martinelli, pude concluir lo siguiente: Martinelli no es hombre de discursos. Mal podría serlo. Es un hombre, tras su larga hoja de vida consagrada al comercio, de tomar decisiones inmediatas y llevarlas al plano de la facticidad. Como decían los romanos: “res non verba”.
No soy hombre de adular a nadie. Todos saben, a ciencia cierta, que adversé al hoy presidente Martinelli durante la contienda electoral. También lo hizo, en gran parte de ella, el actual vicepresidente del país, Juan Carlos Varela, como también su hermano, el hoy presidente de la Asamblea, Popi Varela.
Como que los panameños y panameñas estamos acostumbrados a que nos impresionen con discursos plagados de eufemismos, de centenares de promesas y expectativas que terminan, en la mayoría de los casos, siendo eso tan solamente: promesas. Sin embargo, quiero señalar que pude advertir en la intervención de Martinelli un cierto deje de transparencia y de buena fe, de querer, efectivamente, hacer las cosas bien en pro de las grandes mayorías nacionales. Creo que nos equivocamos con respecto al tecnócrata, si es que lo es. Lejos de escuchar frases y expresiones que puedan alienarse a concepciones recalcitrantes de la izquierda o de la derecha, de radicalismos políticos extremos, escuchamos a un hombre desnudarse ante la Patria, en alma y cuerpo, solamente para supeditar sus programas y sus planes al bienestar de nuestra pobre gente pobre.
No se advirtió en su presentación la amargura ni la frustración, la malquerencia ni las amenazas vedadas, como tampoco la actitud alpinista de quienes se quieren montar sobre los errores y fracasos de los demás para justificar sus propias falencias. Habló, como se pudo apreciar, hacia futuro inmediato. El futuro es el segundo que sigue en el diario bregar y el pasado lo que se ha hecho en ese ínterin.
Deseamos que el presidente Martinelli trabaje con denuedo y devoción. Como compatriotas comprometidos con el bien de nuestra gente y con el firme anhelo de que se robustezcan las instituciones públicas del Estado panameño, estaremos vigilantes de las acciones del gobierno y de los efectos de éstas en nuestra sociedad.
Estimo en gran parte injustas algunas censuras que se han hecho al ex presidente Torrijos, de quien pienso positivamente; si embargo, creo que hay lugar en señalar que sus grandes éxitos durante su gestión se vieron empañados por: poco o nada hacer en la materia del transporte; poco o nada en la materia de la seguridad ciudadana y poco o casi nada en la materia de la salud.
Vislumbro a la nueva administración gubernamental regentada por Martinelli, como una que, ante el cúmulo de esperanzas sembradas en la psiquis de nuestro pueblo, tiene un gran reto: cumplir al menos una parte de ellas.