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Martinelli a ritmo de reggae


Ricardo habla en el signo crudo de este Panamá post moderno. Como presidente, dobla la apuesta de la violencia del ghetto, con la violencia institucional -Meteré preso al que robe, sea pobre o ye yé-, pura clave reggae.

Sus recordables locuciones escurren textos rabiosos extraídos de la profunda decepción del pueblo -Entran limpios y salen millonarios-. Cual Danger Man redivido, desecha el lenguaje culto para conseguir que el pobre hastiado de incumplimientos considere que ya era tiempo, alguien cantara a los malos políticos una verdad incómoda. Este pregonero, en vez de desbocado, devino en "soldado del ghetto".

En su repertorio lingüístico perviven despreocupados errores sintácticos, verbos mal conjugados y anglicismos. Su lengua mezcla más con los modismos de un partido de dominó donde revientan fichas e idioma de Cervantes.

Prioriza el impacto del mensaje sin mostrar interés en personificar un modelo de buenas maneras, tal como uno esperaría, hicieran los políticos. Busca, eso sí, la forma de transgredir cuanta regla existe todo para mostrar su irreverencia con lo tradicional.

Ricardo ríe ante el efecto rebote contra el patrocinador de las campañas negativas. Entra con ganas a estigmatizar a un candidato como Varela percibido como "buen tipo", cuando afirma, sólo es "más de los mismo".

Un caballeroso Varela responde acusaciones en tempo de bolero. Apela a una fina metáfora de "jogging" con mar de fondo y en cámara lenta donde apenas insinuaba que el contrario era un viejo barrigón. Mas, los electores nunca leyeron la alegoría romántica y aquel sonsonete de los "huesos viejos" causó su caída en 10 puntos.

Ni el intento de convencer que "viene de abajo" y que quebró con el vandalismo de la invasión, tampoco sus vallas "bonitas y bien habladas", destilan comprensión de que en la clave reggae está el éxito de taquilla. Es cuando califica como "X de tú madre" a la incapacidad de 40 años de dos partidos tradicionales, cuando sintoniza con la desesperanza. Tampoco lo entienden unos quienes le disparan campañas negativas cual palos al aire y por ahora puede pregonar tranquilo.

Ricardo parece de esos que bailan la pieza anterior. Sucede que piensa y habla mucho más rápido, que mueve sus manos. El gesto, al apurar el paso para alcanzar la idea, termina en una morisqueta impulsiva y mal acompasada.

Donde demuestra no estar nada desorejado es en lo ideológico. La plena no se agota en el pregón del millonario que reflejó la decepción popular. A pesar de su fama contraria, resulta el más coherente entre todos los candidatos cuando, en su reggae nunca propone sustituir al sistema capitalista, sólo modernizarlo según los pregones del libre mercado.

101 años de Panamá América

 
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