Mártires
La comunidad de los Padres Jesuitas de la provincia de Centro América el día 16 de noviembre recordó en San Salvador, El Salvador, la fecha del asesinato de los 5 Padres españoles y un salvadoreño y dos ayudantes de la casa de la Comunidad, ocurrido hace 10 años.
Se siguió una aparente investigación procesal y se condenó a un par de presuntos asesinos, aunque quedan muchas incógnitas por despejar, sobre todo la participación del Servicio Secreto del Norte.
De Roma vino Monseñor Guissepe Pitau, Obispo que presidió la Eucaristía solemne concelebrada incluso, por el actual Arzobispo Sáenz de San Salvador y de varios Provinciales Jesuitas de España y de Hispano América.
La participación popular fue multitudinaria y devota y el recuerdo agradecido de ese pueblo tiene características de imborrable.
Mártires no sólo han sido los Jesuitas sino otros muchos sacerdotes de ese país y de su vecina Guatemala y Honduras.
Estamos hablando de una noche negra que no sabemos si ya ha pasado. No sabemos tampoco a ciencia cierta fuera de estas manifestaciones y recuerdos, si se han obtenido las metas redentoras que se aspiraban.
Martirizado fue, sobre todo, Monseñor Oscar Romero Galdamez, cuya causa de canonización aparentemente se ha introducido. Pero junto a estos clérigos y prelados, hay que añadir muchos "soldados desconocidos", laicos que también perecieron en una lucha por la justicia y la fe. Son los "unknow christian soldiers".
Estos mártires del siglo 20 son las semillas de la Iglesia del siglo 21.
Los primeros cristianos decían que la "sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos". Aparentemente todavía al final de este siglo están ocurriendo muertes violentas de cristianos perseguidos por no cristianos en la India, en China, en el Sudán, en Ruanda Burundi.
Su Santidad Juan Pablo II ha dicho que la Iglesia una vez más, de nuevo ha llegado a ser una Iglesia de mártires". Más aún ha mostrado su voluntad de que se confeccione un martirololgio ecuménico a fin de que estos testimonios viales de los mártires de este siglo no fueran a ser olvidados.
Hasta la última semana, la lista de más de 10,000 nombres figuraban de manera inconfundible. Un vocero del Vaticano encargado de hacer un censo martirial, reconoce que solo Dios sabe cuántos nombres de incontables millares que murieron a las manos de nazis, comunistas y revolucionarios anti cristianos. En mayo del 2000, el Papa honrará la memoria de todos los mártires del siglo en una ceremonia que oficiara en el Antiguo Coliseo Romano, sitio donde muchos de los primeros cristianos derramaron su sangre al morir a manos de sus sectarios verdugos.
El martirio, afirma el pontífice, es "un supremo acto de amor y fidelidad a Cristo que llega a ser un testimonio y un ejemplo- un mensaje duradero para la humanidad, tanto del presente como en el futuro". Considero que, decididamente es una vocación muy especial la de ser llamado al Martirio. Nadie puede escoger ser mártir ni hacerse el mártir, es una gracia muy especial que el Señor concede a quien quiere que le dé testimonio con su sangre. Por tanto, no es asunto de vindicarse el título o la propensión. Se me ocurre que tiene todo cristiano que vivir con tal coherencia su fe que califique para que el Señor lo escoja. Por tanto, yo creo que debe haber una correlación entre vida y el final de una muerte por una vida consecuente. No creo en eso de mártires al acaso, como por lotería. Mártir porque estorbabas con la práctica de vida cristiana, me imagino que es lo que pretendemos decir. Recordemos agradecidos a todos nuestros mártires.
Se siguió una aparente investigación procesal y se condenó a un par de presuntos asesinos, aunque quedan muchas incógnitas por despejar, sobre todo la participación del Servicio Secreto del Norte.
De Roma vino Monseñor Guissepe Pitau, Obispo que presidió la Eucaristía solemne concelebrada incluso, por el actual Arzobispo Sáenz de San Salvador y de varios Provinciales Jesuitas de España y de Hispano América.
La participación popular fue multitudinaria y devota y el recuerdo agradecido de ese pueblo tiene características de imborrable.
Mártires no sólo han sido los Jesuitas sino otros muchos sacerdotes de ese país y de su vecina Guatemala y Honduras.
Estamos hablando de una noche negra que no sabemos si ya ha pasado. No sabemos tampoco a ciencia cierta fuera de estas manifestaciones y recuerdos, si se han obtenido las metas redentoras que se aspiraban.
Martirizado fue, sobre todo, Monseñor Oscar Romero Galdamez, cuya causa de canonización aparentemente se ha introducido. Pero junto a estos clérigos y prelados, hay que añadir muchos "soldados desconocidos", laicos que también perecieron en una lucha por la justicia y la fe. Son los "unknow christian soldiers".
Estos mártires del siglo 20 son las semillas de la Iglesia del siglo 21.
Los primeros cristianos decían que la "sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos". Aparentemente todavía al final de este siglo están ocurriendo muertes violentas de cristianos perseguidos por no cristianos en la India, en China, en el Sudán, en Ruanda Burundi.
Su Santidad Juan Pablo II ha dicho que la Iglesia una vez más, de nuevo ha llegado a ser una Iglesia de mártires". Más aún ha mostrado su voluntad de que se confeccione un martirololgio ecuménico a fin de que estos testimonios viales de los mártires de este siglo no fueran a ser olvidados.
Hasta la última semana, la lista de más de 10,000 nombres figuraban de manera inconfundible. Un vocero del Vaticano encargado de hacer un censo martirial, reconoce que solo Dios sabe cuántos nombres de incontables millares que murieron a las manos de nazis, comunistas y revolucionarios anti cristianos. En mayo del 2000, el Papa honrará la memoria de todos los mártires del siglo en una ceremonia que oficiara en el Antiguo Coliseo Romano, sitio donde muchos de los primeros cristianos derramaron su sangre al morir a manos de sus sectarios verdugos.
El martirio, afirma el pontífice, es "un supremo acto de amor y fidelidad a Cristo que llega a ser un testimonio y un ejemplo- un mensaje duradero para la humanidad, tanto del presente como en el futuro". Considero que, decididamente es una vocación muy especial la de ser llamado al Martirio. Nadie puede escoger ser mártir ni hacerse el mártir, es una gracia muy especial que el Señor concede a quien quiere que le dé testimonio con su sangre. Por tanto, no es asunto de vindicarse el título o la propensión. Se me ocurre que tiene todo cristiano que vivir con tal coherencia su fe que califique para que el Señor lo escoja. Por tanto, yo creo que debe haber una correlación entre vida y el final de una muerte por una vida consecuente. No creo en eso de mártires al acaso, como por lotería. Mártir porque estorbabas con la práctica de vida cristiana, me imagino que es lo que pretendemos decir. Recordemos agradecidos a todos nuestros mártires.