Más allá del Sol
Sin lugar a dudas, el 2003 bien podría caracterizarse como el año de la angustia, la desesperación y el desaliento de miles de panameños que no lograron sortear sus carencias y calamidades. Sin embargo, hay que reconocer que nuestro pueblo, muy a pesar de todas las adversidades señaladas, no pierde la esperanza de un mejor mañana. Los panameños somos gente que no nos dejamos abatir y tenemos un espíritu que nos alienta a seguir siempre hacia delante.
Entramos al año 2004 con un cúmulo de contradicciones no resueltas, mismas que tendrán que encontrar soluciones que vayan en beneficio de esas grandes mayorías sufridas de la Patria. El nuevo año debe ser el de la dignificación del ser panameño. El Poder Social que emana de esas mismas mayorías marginadas de todo progreso, prosperidad o desarrollo individual y social, es de tal magnitud que en mayo del 2004 ostenta el poder dinamitero que detonará para producir los cambios políticos necesarios que, a su vez, deberán encausar a la nación entera por los derroteros de nuevas instituciones políticas, jurídicas, democráticas, educativas, sociales, culturales, que habrán de dar cuenta plena al pueblo de que sí somos una nación capaz de construir su propio destino, de lograr su propia identidad y personalidad dentro de un ambiente de paz, sosiego doméstico, progreso y desarrollo. Se trata de un Poder Social que tiene la competencia exclusiva de oxigenar a la Patria tras el desangramiento que los malos hijos han producido en sus propias entrañas.
La historia nacional está plagada de contradicciones que apenan a los buenos hijos de la Patria y quienes acusamos, de modo permanente, a aquellos que ofenden la entereza moral de nuestra nación, sea desde el ejercicio del poder político o desde la práctica de actos particulares o individuales. Los hombres nobles sabemos distinguir entre lo bueno y lo malo y es por ello que el pueblo panameño también ha sabido olfatear la fetidez que expiran las cloacas de un mal gobierno.
En el orden político tal pareciera que no aparecerán más contendores por el solio presidencial. El ajedrez electoral se encuentra definido: Martín Torrijos, Guillermo Endara, Ricardo Martinelli y José Miguel Alemán. Cada uno de ellos, como corresponde, se presenta ante la Patria y nuestro pueblo como la panacea, lo soñado, lo único, lo salvador, la mejor opción o propuesta política. Uno de ellos, Endara Galimany, ya ejerció el poder en el período que va desde 1990 hasta 1994, y a menos de un año de culminar su gestión presidencial, el pueblo panameño ya demandaba su renuncia, solicitud ésta que era secundada por fuertes y poderosos sectores de la economía nacional, entre ellos por uno de los más conspicuos patrocinadores de la actual campaña del precitado candidato. Martín Torrijos perdió en el pasado torneo electoral ante la actual Presidenta de la República. Cuando ganó Moscoso las elecciones fueron muchos los compatriotas, quienes la apoyaron, que vieron en esa opción política la concreta posibilidad de un mejor mañana. Las promesas de altas reivindicaciones populares quedaron en la nada; la participación ciudadana en los resortes del poder fue una quimera; el desarrollo social y el progreso de las grandes mayorías marginadas quedaron en la Utopía de Tomás Moro; la lucha contra la rampante corrupción melló aún más las altas esferas del poder y el Gobierno, así como el Órgano Judicial nada hicieron ni harán por demostrarle a la nación entera que todavía queda un mínimo de decoro o de transparencia y moralidad en la Patria.
El clásico bipartidismo político y el hecho de compartirse el ejercicio del poder, de manera alternativa por parte de las dos grandes agrupaciones políticas del país, son dos cuestiones que empiezan a dar muestras, lo más probable que así será, de que, al final de cuentas, sea el hijo del extinto General Omar Torrijos Herrera quien llegará a ocupar el solio presidencial. No obstante, nada está dicho de modo definitivo ni escrito en piedra.
Corresponderá a los dos candidatos de mayor opción política, que pienso que al final del torneo electoral estará definido entre Martín Torrijos y José Miguel Alemán, presentar y sembrar en la conciencia del pueblo panameño sueños con posibilidad de realización, materialización, respecto al mejoramiento de la justicia, de la eliminación progresiva y audaz de los altos niveles de pobreza que se encuentran en nuestra nación, mejores propuestas de trabajo, concreta seguridad ciudadana, efectiva y solidaria seguridad social, mejoramiento del sistema de educación y de salud, participación ciudadana en la administración de justicia y en el ejercicio del poder, mejoramiento de la Asamblea Legislativa para que deje de ser un recipiendario de las órdenes del Ejecutivo, que los magistrados sean hombres probos y rectos en su actuar, que los ministros serán los más capaces y no los siempre monos gordos de la política criolla, que tanta oportunidad tendrá el hijo de la cocinera como el del albañil, del empresario o del "cocotudo".
En fin, tendrán que venderle al pueblo, con capacidad de persuasión singular, la idea de que merecen el voto noble y honesto de nuestros hombres y mujeres. Ya basta de engaños a los humildes conciudadanos. La nación entera está sumergida en un solaz panorama de incredulidad, desasosiego e inestabilidad emocional. La Patria lamenta que haya hombres y mujeres amantes de la mentira, que se acuestan en terrible contubernio con el engaño, que trafican cual perversos filibusteros con la humildad y necesidad de una población sencilla, noble y franca, pero que nada tiene de ingenua o de tonta. Simplemente se trata de un pueblo que aún quiere creer.
El gobierno de doña Mireya Moscoso sólo ha dejado muestras claras de que el populismo engañador, hipócrita nunca produce buenos réditos a la Patria. El populismo no es malo, pero el demagógico, el que lleva in situ el infiel programa de la avaricia, de la codicia, del apetito voraz por ansias de riquezas, siempre ha traducido corrupción, malicia, y perversidad en toda política de gobierno. Miren, por ejemplo, lo que acaba de hacer el dictador Chávez en Venezuela, en plena burla hacia un pueblo humilde, dijo el 28 de diciembre -Día de los Inocentes- que renunciaba, que se retiraba del poder para luego advertir con sarcasmo extremo: "Inocente Mariposa". No rogaré a Dios para que tenga clemencia de él. Tampoco lo haré por los malos que no se arrepienten. Que Dios bendiga a la nación entera y dirija a los hombres buenos por los caminos de la verdad en este año nuevo que se inicia.
Entramos al año 2004 con un cúmulo de contradicciones no resueltas, mismas que tendrán que encontrar soluciones que vayan en beneficio de esas grandes mayorías sufridas de la Patria. El nuevo año debe ser el de la dignificación del ser panameño. El Poder Social que emana de esas mismas mayorías marginadas de todo progreso, prosperidad o desarrollo individual y social, es de tal magnitud que en mayo del 2004 ostenta el poder dinamitero que detonará para producir los cambios políticos necesarios que, a su vez, deberán encausar a la nación entera por los derroteros de nuevas instituciones políticas, jurídicas, democráticas, educativas, sociales, culturales, que habrán de dar cuenta plena al pueblo de que sí somos una nación capaz de construir su propio destino, de lograr su propia identidad y personalidad dentro de un ambiente de paz, sosiego doméstico, progreso y desarrollo. Se trata de un Poder Social que tiene la competencia exclusiva de oxigenar a la Patria tras el desangramiento que los malos hijos han producido en sus propias entrañas.
La historia nacional está plagada de contradicciones que apenan a los buenos hijos de la Patria y quienes acusamos, de modo permanente, a aquellos que ofenden la entereza moral de nuestra nación, sea desde el ejercicio del poder político o desde la práctica de actos particulares o individuales. Los hombres nobles sabemos distinguir entre lo bueno y lo malo y es por ello que el pueblo panameño también ha sabido olfatear la fetidez que expiran las cloacas de un mal gobierno.
En el orden político tal pareciera que no aparecerán más contendores por el solio presidencial. El ajedrez electoral se encuentra definido: Martín Torrijos, Guillermo Endara, Ricardo Martinelli y José Miguel Alemán. Cada uno de ellos, como corresponde, se presenta ante la Patria y nuestro pueblo como la panacea, lo soñado, lo único, lo salvador, la mejor opción o propuesta política. Uno de ellos, Endara Galimany, ya ejerció el poder en el período que va desde 1990 hasta 1994, y a menos de un año de culminar su gestión presidencial, el pueblo panameño ya demandaba su renuncia, solicitud ésta que era secundada por fuertes y poderosos sectores de la economía nacional, entre ellos por uno de los más conspicuos patrocinadores de la actual campaña del precitado candidato. Martín Torrijos perdió en el pasado torneo electoral ante la actual Presidenta de la República. Cuando ganó Moscoso las elecciones fueron muchos los compatriotas, quienes la apoyaron, que vieron en esa opción política la concreta posibilidad de un mejor mañana. Las promesas de altas reivindicaciones populares quedaron en la nada; la participación ciudadana en los resortes del poder fue una quimera; el desarrollo social y el progreso de las grandes mayorías marginadas quedaron en la Utopía de Tomás Moro; la lucha contra la rampante corrupción melló aún más las altas esferas del poder y el Gobierno, así como el Órgano Judicial nada hicieron ni harán por demostrarle a la nación entera que todavía queda un mínimo de decoro o de transparencia y moralidad en la Patria.
El clásico bipartidismo político y el hecho de compartirse el ejercicio del poder, de manera alternativa por parte de las dos grandes agrupaciones políticas del país, son dos cuestiones que empiezan a dar muestras, lo más probable que así será, de que, al final de cuentas, sea el hijo del extinto General Omar Torrijos Herrera quien llegará a ocupar el solio presidencial. No obstante, nada está dicho de modo definitivo ni escrito en piedra.
Corresponderá a los dos candidatos de mayor opción política, que pienso que al final del torneo electoral estará definido entre Martín Torrijos y José Miguel Alemán, presentar y sembrar en la conciencia del pueblo panameño sueños con posibilidad de realización, materialización, respecto al mejoramiento de la justicia, de la eliminación progresiva y audaz de los altos niveles de pobreza que se encuentran en nuestra nación, mejores propuestas de trabajo, concreta seguridad ciudadana, efectiva y solidaria seguridad social, mejoramiento del sistema de educación y de salud, participación ciudadana en la administración de justicia y en el ejercicio del poder, mejoramiento de la Asamblea Legislativa para que deje de ser un recipiendario de las órdenes del Ejecutivo, que los magistrados sean hombres probos y rectos en su actuar, que los ministros serán los más capaces y no los siempre monos gordos de la política criolla, que tanta oportunidad tendrá el hijo de la cocinera como el del albañil, del empresario o del "cocotudo".
En fin, tendrán que venderle al pueblo, con capacidad de persuasión singular, la idea de que merecen el voto noble y honesto de nuestros hombres y mujeres. Ya basta de engaños a los humildes conciudadanos. La nación entera está sumergida en un solaz panorama de incredulidad, desasosiego e inestabilidad emocional. La Patria lamenta que haya hombres y mujeres amantes de la mentira, que se acuestan en terrible contubernio con el engaño, que trafican cual perversos filibusteros con la humildad y necesidad de una población sencilla, noble y franca, pero que nada tiene de ingenua o de tonta. Simplemente se trata de un pueblo que aún quiere creer.
El gobierno de doña Mireya Moscoso sólo ha dejado muestras claras de que el populismo engañador, hipócrita nunca produce buenos réditos a la Patria. El populismo no es malo, pero el demagógico, el que lleva in situ el infiel programa de la avaricia, de la codicia, del apetito voraz por ansias de riquezas, siempre ha traducido corrupción, malicia, y perversidad en toda política de gobierno. Miren, por ejemplo, lo que acaba de hacer el dictador Chávez en Venezuela, en plena burla hacia un pueblo humilde, dijo el 28 de diciembre -Día de los Inocentes- que renunciaba, que se retiraba del poder para luego advertir con sarcasmo extremo: "Inocente Mariposa". No rogaré a Dios para que tenga clemencia de él. Tampoco lo haré por los malos que no se arrepienten. Que Dios bendiga a la nación entera y dirija a los hombres buenos por los caminos de la verdad en este año nuevo que se inicia.