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Más años no evitan violencia


Es un mito que el aumentar las penas a los menores infractores disminuya el índice de criminalidad.

Los jóvenes que ingresan a pandillas no se integran motivados a delinquir, sino más bien porque en ellas ven un espacio de empatía y pertenencia. Del otro lado, las personas temen a los pandilleros porque son violentos y, al hacerlo, les niegan las oportunidades que aquéllos necesitan para poder dar el paso a su integración social. Ante esta falta de oportunidades, el pandillero reincide en el uso de la violencia y se acentúa el círculo de deterioro psicosocial del cual es cada vez más difícil salir.

Desaprender modelos de comportamiento es difícil, pero más grave es no contar con la orientación adecuada.

Faltan escuelas para padres. No sabemos cómo imponer disciplina sin golpes y por ende, repetimos patrones aprendidos. Carecemos de herramientas para poder “manejar” la conducta del menor. Se debe profundizar en el sector social; empleo, vivienda, salud, educación, recreación etc.

Enfatizar en la prevención primaria, antes de que se emita la conducta, es donde radica la posibilidad de disminución del delito; pues, desde la óptica de represión secundaria, los recursos y esfuerzos resultan insuficientes, y no constituye una verdadera respuesta a la seguridad y bienestar de la sociedad.

Una política criminológica no debe incluirse en la agenda nacional, porque muere un escolta del Alcalde capitalino. Todos los panameños merecemos la misma efectividad e inmediatez cuando alguien pierde a un ser querido por un crimen semejante.

101 años de Panamá América

 
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