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Más claro ni el agua


En el acto de rendición de cuentas de la Vice Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Esmeralda Arosemena de Troitiño, cuyo nombramiento llega a su término a fin de mes, se dijeron muchas palabras, la mayoría elogiosas, expresivas de la satisfacción que deja el deber cumplido, pero hay una que no deja de retumbar en todas las paredes del Órgano Judicial, pues la contudente serenidad con que fueron pronunciadas es un indicador de la gravedad de la situacion. “Hay que sacar al corrupto”, dijo la Magistrada haciéndose eco de una amplia preocupación de la ciudadanía. Es una expresión dura porque se trata de una realidad dura: hay corrupción dentro del Órgano Judicial. Recordamos que hace unos pocos meses los magistrados de la Corte adoptaron una fórmula para disciplinar a sus subalternos mediante una resolución que tenía un débil asidero constitucional y la medida fue exitosamente repelida. Los magistrados no la aplicaron y la dejaron sin efecto calladamente. Debemos suponer así que en el combate a la corrupción judicial, los corruptos están ganando la batalla. ¿Será ésta una consideración del Ejecutivo al momento en que se decida hacer las designaciones que le competen en virtud de las dos vacantes que se producen a fin de mes? ¿Cuál de los dos bandos se verá reforzado con las nuevas designaciones? Las palabras de Troitiño envían un mensaje muy claro al Primer Mandatario. Mañana sabremos todos qué significa la consigna del “Cambio” en la administración de justicia.

101 años de Panamá América

 
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