Más de la elección en Taiwan
El resultado de la elección presidencial del domingo pasado en República de China (Taiwan) no pudo ser más impactante. Chen-Shui-bian, candidato del opositor Partido Democrático Progresista (PDP), que preconiza la independencia de la pequeña nación insular de 23 millones de habitantes, se alzó con la victoria.
Chen cimentó su victoria, más que en su discurso independentista, en una destacada foja de servicios, que incluyó su extraordinaria labor como alcalde de Taipei (1994-1998), antesala de la Presidencia. Curioso es apuntar que, con todo y su trayectoria, venía de una derrota cuando en 1998 perdió su reelección contra el actual alcalde Mae, del partido Kuomitang, quien evidentemente aspirará a sucederlo en la presidencia en el 2004.
Su triunfo constituyó más que el fin de una era en la que el país fue gobernado con criterio absolutista por el partido Kuomitang durante 50 años, esto es desde la fundación misma de la república en 1949 por el general Chang Kai-chek, quien se replegó a la isla con su diezmado ejército, luego de perder su cruenta guerra por el poder contra los comunistas en el continente. Llevó también en la mochila consigo su partido, que fundó a inicios de siglo, presentándose el caso curioso de una nación dirigida por un partido más antiguo que ella.
Otro elemento interesante es que Chen tiene como vicepresidente a la activista feminista Avette Lu, abogada graduada en Taiwan y Harvard, quien es la mujer con más alto rango político alcanzado en su país, lo que por sí solo implica un salto de gigante para su sexo.
La primera elección presidencial democrática que el país tuvo fue en 1996, de la que surgió como titular Lee-Teng-hui, quien se alzó entonces con el 76% de los votos, caudal que contrasta con el apenas 39.3% obtenido por el ahora presidente electo Chen-Shui-bian. Este detalle indica que el nuevo mandatario tendrá que buscar consensos con la oposición de su turno, sobre todo en el delicado tema de las relaciones con China Continental.
Chen tendrá, pues, una oposición muy fuerte en los partidos Kuomitang 23.1% y los independientes del disidente del último, James Soong (una especie de Alberto Vallarino) que obtuvo el 36.8%, apenas 1.5% debajo del ganador. Ambos opositores coinciden en no declarar la independencia y propiciar en cambio un entendimiento que mantenga el status- quo y que al mismo tiempo estreche las relaciones con China Continental.
La ajustada correlación de fuerzas y la creciente dependencia comercial de la isla de su madre patria, forzará a Chen a moderar su discurso independentista a favor de una política más realista. Sus primeras declaraciones fueron precisamente ambivalentes. Por un lado, fiel a su discurso tradicional insistió en el rechazo del principio continental "Una China, dos sistemas" aplicados a Hong Kong y Macao; y por el otro, manifestó su disposición de viajar a China, recibir a su homólogo en Taiwan y "emprender una comunicación y diálogo constructivo".
Chen cimentó su victoria, más que en su discurso independentista, en una destacada foja de servicios, que incluyó su extraordinaria labor como alcalde de Taipei (1994-1998), antesala de la Presidencia. Curioso es apuntar que, con todo y su trayectoria, venía de una derrota cuando en 1998 perdió su reelección contra el actual alcalde Mae, del partido Kuomitang, quien evidentemente aspirará a sucederlo en la presidencia en el 2004.
Su triunfo constituyó más que el fin de una era en la que el país fue gobernado con criterio absolutista por el partido Kuomitang durante 50 años, esto es desde la fundación misma de la república en 1949 por el general Chang Kai-chek, quien se replegó a la isla con su diezmado ejército, luego de perder su cruenta guerra por el poder contra los comunistas en el continente. Llevó también en la mochila consigo su partido, que fundó a inicios de siglo, presentándose el caso curioso de una nación dirigida por un partido más antiguo que ella.
Otro elemento interesante es que Chen tiene como vicepresidente a la activista feminista Avette Lu, abogada graduada en Taiwan y Harvard, quien es la mujer con más alto rango político alcanzado en su país, lo que por sí solo implica un salto de gigante para su sexo.
La primera elección presidencial democrática que el país tuvo fue en 1996, de la que surgió como titular Lee-Teng-hui, quien se alzó entonces con el 76% de los votos, caudal que contrasta con el apenas 39.3% obtenido por el ahora presidente electo Chen-Shui-bian. Este detalle indica que el nuevo mandatario tendrá que buscar consensos con la oposición de su turno, sobre todo en el delicado tema de las relaciones con China Continental.
Chen tendrá, pues, una oposición muy fuerte en los partidos Kuomitang 23.1% y los independientes del disidente del último, James Soong (una especie de Alberto Vallarino) que obtuvo el 36.8%, apenas 1.5% debajo del ganador. Ambos opositores coinciden en no declarar la independencia y propiciar en cambio un entendimiento que mantenga el status- quo y que al mismo tiempo estreche las relaciones con China Continental.
La ajustada correlación de fuerzas y la creciente dependencia comercial de la isla de su madre patria, forzará a Chen a moderar su discurso independentista a favor de una política más realista. Sus primeras declaraciones fueron precisamente ambivalentes. Por un lado, fiel a su discurso tradicional insistió en el rechazo del principio continental "Una China, dos sistemas" aplicados a Hong Kong y Macao; y por el otro, manifestó su disposición de viajar a China, recibir a su homólogo en Taiwan y "emprender una comunicación y diálogo constructivo".