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Más dinero para la clase política


El actual gobierno, aprovechándose de la falta de organización de la ciudadanía, que aún no concluye el debate de las reformas electorales, ha presentado ante el Órgano Legislativo un proyecto de ley por medio del cual pretende incrementar sus ingresos a fin de poder hacer frente a gastos que sólo ellos conocen.
Expresamos, en una ocasión, y volvemos ahora a hacerlo, que una de las asignaturas pendientes de la democracia panameña es la de edificar una Reforma Tributaria que corresponda a un verdadero Estado de Derecho. Una Reforma Tributaria que invite eficazmente a la equitativa distribución de las cargas públicas entre los ciudadanos y a la lucha contra el fraude. Una Reforma Tributaria que destierre para siempre la confusión de los intereses públicos con los intereses particulares y que cesen los grupos de élite excluidos de la obligación de tributar.
El Gobierno Nacional, en forma demagógica, para atemperar las protestas surgidas, ha señalado que primordialmente lo que desea es exonerar del pago de impuestos a los que menos ganan, de allí que ha propuesto que no pagarán impuestos aquellos que ganen menos de ochocientos balboas mensuales.
Estimo que el Estado panameño, tiene un desenfoque en este fundamental problema pues más que estar excluyendo a los pobres de la responsabilidad tributaria, debería estar empeñado en elevar el estándar económico de éstos de tal forma que los que hoy no tienen recursos para pagar, puedan hacerlo en el futuro y así contribuyan con el crecimiento y desarrollo del país. Debemos pensar en aumentar los activos de los pobres, en crear riqueza, y no excluirlos o convertirlos en menesterosos por el resto de sus días. En vez de restar debemos sumar. Debemos incorporar a los pobres al sistema social y hacerlos participantes. Entre mejor sea la distribución de la riqueza, menos impuesto tendremos individualmente los ciudadanos de este país que pagar ya que la carga impositiva será distribuida entre todos y no recaerá sólo sobre una clase social.
La pobreza que vive gran parte de la población panameña no es sólo por falta de ingresos; ella también es la denegación de opciones y oportunidades (salud, vivienda y educación, entre otras) para vivir una vida tolerable, de allí que excluir a los pobres del pago de impuesto no constituye ninguna solución. La mayor riqueza que tiene todo país son sus habitantes por lo que no nos podemos dar el "lujo" de crear ciudadanos paridas que constituirán un freno y lastre permanente al desarrollo del país.
Por otro lado, otro asunto primordial que los promotores de la Reforma Tributaria están soslayando y que debe aclararse antes de proseguir con todo intento de una Reforma Tributaria, es la Reforma Administrativa. Antes de estar pensando en incrementar los impuestos a la ciudadanía debemos poner la casa en orden, debemos comprobar y justificar cada uno de los gastos fiscales actuales ya que sólo en esa medida podremos determinar, a ciencia cierta, si el Estado requiere o no mayores ingresos. Puede acontecer, como estamos seguros ocurre, que los ingresos recibidos son excesivos con relación a los beneficios obtenidos. Tenemos que conocer a cabalidad cuál es el planteamiento funcional del gasto público, en qué se gastará cada uno de los distintos ingresos que el Estado recibe y para ello los detalles del Presupuesto Nacional deben cesar de ser un secreto de Estado. Todos los panameños debemos conocer la forma como se gastan los dineros que pagamos en concepto de impuestos.
222 La actual clase política carece de la credibilidad necesaria para impulsar una Reforma Tributaria pues se ha distinguido por la mala administración de los fondos públicos.
La actual clase política carece de la credibilidad necesaria para impulsar una Reforma Tributaria pues se ha distinguido por la mala administración de los fondos públicos. Gracias a ella el Estado panameño confronta las limitaciones económicas reinantes y han sido incapaces de actuar y prestar soluciones en función de país. Los escándalos por mala administración de los fondos públicos son comidilla diaria en los medios de comunicación y en estos actos de corrupción se han mencionado, como protagonistas, algunos de los miembros más conspicuos de esta administración. Es ilógico que quien es un mal administrador -la misma clase política lo ha aceptado al justificar las privatizaciones- pensemos darle más dinero pues obviamente será dilapidado.
Gran parte de la ciudadanía opina que los dineros que recibe el Estado en calidad de impuestos, sólo sirven para la satisfacción de los intereses de los que detentan el gobierno y que el pueblo no los ve retribuidos en obras.
Bajo ningún punto de vista debemos pensar en darle más dinero a los políticos para que lo derrochen. Desean engrosar las arcas del Estado para continuar con el dispendio. El Gobierno Nacional, tal como expresó un conocedor de los asuntos económicos, "tiene que tener una clara disciplina fiscal y que esa disciplina fiscal no ahogue al sector privado, para ello hay que hacerlo, no aumentando los impuestos que afectan a la actividad productiva, sino por el contrario hay que reducir el gasto que permita reducir impuestos y aliviar la carga sobre las actividades productivas".
No podemos pensar en seguir manteniendo un sistema que es una vergüenza y que denota el fracaso de la clase política nacional que no ha sabido manejar el Estado. Aunque las reformas fiscales pasaron pese a la oposición existente, pues para ello contaron con la clase política y con los votos necesarios en el Legislativo, es bueno que sepan también que deberán atenerse a la última palabra de la ciudadanía en las próximas elecciones. Sus desaciertos no se mantendrán impunes.

101 años de Panamá América

 
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