Más ideas y propuestas, menos piedras y protestas
Es preocupante la forma en la que la dirigencia magisterial y las organizaciones sindicales panameñas abordan los diversos problemas que enfrenta el país, en el orden social, educativo y económico.
A pesar de que estos gremios están conformados por gente civilizada y pensante con inclusive estudios a nivel superior, su palabras favoritas son huelgas y protestas a la hora de buscar solucionar un problema o conflicto.
El diálogo y la consulta es el principal ausente en las convocatorias multitudinarias de los gremios de docentes y organizaciones sindicales del país.
Su lucha se fundamenta en la confrontación con las autoridades, en la descalificación de todos los que cuestionen sus métodos y en la aplicación de esquemas que buscan mantener presas de permanentes conflictos y presiones al sector privado.
Tales acciones generan inseguridad jurídica en los inversionistas extranjeros que han fijado sus ojos en Panamá, obligándolos a suspender sus planes de inversión afectando la economía del país.
La era del cierre de calles y del lanzamiento de piedras aunque multitudinarias y ruidosas, gestadas por educadores y sindicalistas para golpear las puertas del poder y despertar el ojo público, son hoy medidas extemporáneas.
Porque se trata de medidas de huelgas y protestas que dejan de lado el aporte de “ideas y propuestas para darle cabida a las piedras y protestas”. Se trata de intereses particulares disfrazados de luchas y reivindicaciones e inquietudes de la gente de a pie, de los de abajo.
La misión de estos sindicalistas y dirigentes magisteriales apoyadas en luchas desordenadas, heterogéneas y anárquicas pareciera estar orientada a desestabilizar gobiernos, mediante la afectación del tránsito y la creación de un caos colectivo.
Ambos sectores con su alboroto, no buscan otra cosa que llamar la atención, mostrar sus niveles de fuerza y particularmente de aprovecharse de la publicidad gratuita que le brindan los medios para así ganar notoriedad.
Es necesario que las organizaciones sindicales y magisteriales cambien el método de reclamar sus derechos y le den paso al diálogo la sociedad, sus bases y la educación, lo exigen.
El cierre de las escuelas y de calles y la afectación del tránsito y de los hospitales no es la ruta para lograr las reivindicaciones de los que reclaman mejores condiciones de vida.
Empero, somos conscientes de que el gobierno debe empezar a cumplir sus promesas y a situar las necesidades de las grandes mayorías, como una prioridad y adoptar una combinación de políticas económicas y sociales que mejoren el sistema educativo y generen nuevos empleos.
Señores sindicalistas y educadores ya basta de afectar a los “hijos de la cocinera” con medidas arbitrarias e impositivas. Señores del gobierno, es tiempo de llevar al país al pedestal económico, social y educativo con el que lo hicieron soñar en las elecciones de mayo de 2009.