A más ingresos más gastos
El Ministerio de Economía y Finanzas se felicita por el aumento que registran los ingresos tributarios entre enero y junio de este año, merced a la reforma tributaria que hizo aprobar por la Asamblea Legislativa el año pasado. Sin embargo, ningún alivio ha recibido como premio en sus deficitarias finanzas puesto que en igual o mayor proporción se incrementan sus gastos, confirmando parte de los reparos que, en su momento, formulamos en esta columna a dicha reforma.
En efecto, el viceministro de Economía, Domingo Latorraca, ha declarado que dichos ingresos tributarios aumentaron en B/36.7 millones en el primer semestre, lo que representa un incremento del 7% con respecto a igual período del año pasado. En esos seis meses, se totalizó por concepto de impuestos un total de B/558.9 millones.
Al margen de las reservas que nos merece el citado incremento, en nuestra opinión debido en gran parte a la importación no recurrente de automóviles y el incremento también no recurrente de las construcciones para aprovechar el más favorable régimen tributario previo a la reforma, hemos de examinar con detenimiento la marcha de los gastos gubernamentales. Porque sería en vano el sacrificio de los contribuyentes de aportar más dinero, si el mismo no alivia las tribulaciones del presupuesto nacional y, en particular del gasto social.
Examinando las cifras del primer tercio del año, arrojadas por la Contraloría General, observamos que el gobierno ha gastado B/1,017.6 millones, de lo que surge un incremento en gastos de B/95 millones superior al de igual período del año pasado, excluyendo el servicio de la deuda externa, puesto que se trata de evaluar el gasto de funcionamiento del gobierno central, no el pago de deuda.
Del otro extremo, tenemos que también, en el primer tercio del año, los ingresos del gobierno alcanzaron los B/992.4 millones, de los cuales B/476.8 millones son de capital (préstamos en su mayoría) y B/515.6 millones de impuestos.
Si en el mismo primer tercio del año restamos los B/1,017.6 millones de gastos a los B/992.4 millones de ingresos, nos daría una diferencia de B/25.2 millones que es el déficit que presentan las finanzas del gobierno central hasta abril del presente año. O sea que el sacrificio que para los contribuyentes ha significado la reforma tributaria ha sido en vano porque, como hijo botarate, al gobierno mientras más le damos más derrocha.
La democracia no es el llamado circunstancial a la elección de unos por otros, sino una verdadera participación en la toma de decisiones, a todos los niveles.
Para la democracia, el centro de poder está en el ciudadano y no en sus representantes. Hecho que parecen olvidar algunos. Por esto, la conducción del Estado no puede ser dirigida por pseudo políticos, gente sin formación, sin filosofía, sin contenido que se forja el alma en los fuegos de la conveniencia personal y familiar.
La demagogia de los pseudo políticos es incompatible con un país democrático que aspira mucho más a ser el reflejo de una civilización y de una cultura desarrollada que la imagen de un desorientado grupo de interés.
La democracia, la estabilidad y el desarrollo del país requieren que en las próximas elecciones no cometamos el error de confiar en los demagogos de siempre, so pretexto de algo nuevo, igual a lo de siempre. Por ello, busquemos, políticos serios, honestos y verdaderos, lejanos a la demagogia y a la politiquería. Busquemos verdaderos políticos, con reales valores democráticos y seleccionemos solamente a los mejores, a los comprobados, pues tenemos el derecho a ser exigentes y obtener lo mejor; la mediocridad que acompaña a los pseudo-políticos y demagogos debe ser derrotada.
En efecto, el viceministro de Economía, Domingo Latorraca, ha declarado que dichos ingresos tributarios aumentaron en B/36.7 millones en el primer semestre, lo que representa un incremento del 7% con respecto a igual período del año pasado. En esos seis meses, se totalizó por concepto de impuestos un total de B/558.9 millones.
Al margen de las reservas que nos merece el citado incremento, en nuestra opinión debido en gran parte a la importación no recurrente de automóviles y el incremento también no recurrente de las construcciones para aprovechar el más favorable régimen tributario previo a la reforma, hemos de examinar con detenimiento la marcha de los gastos gubernamentales. Porque sería en vano el sacrificio de los contribuyentes de aportar más dinero, si el mismo no alivia las tribulaciones del presupuesto nacional y, en particular del gasto social.
Examinando las cifras del primer tercio del año, arrojadas por la Contraloría General, observamos que el gobierno ha gastado B/1,017.6 millones, de lo que surge un incremento en gastos de B/95 millones superior al de igual período del año pasado, excluyendo el servicio de la deuda externa, puesto que se trata de evaluar el gasto de funcionamiento del gobierno central, no el pago de deuda.
Del otro extremo, tenemos que también, en el primer tercio del año, los ingresos del gobierno alcanzaron los B/992.4 millones, de los cuales B/476.8 millones son de capital (préstamos en su mayoría) y B/515.6 millones de impuestos.
Si en el mismo primer tercio del año restamos los B/1,017.6 millones de gastos a los B/992.4 millones de ingresos, nos daría una diferencia de B/25.2 millones que es el déficit que presentan las finanzas del gobierno central hasta abril del presente año. O sea que el sacrificio que para los contribuyentes ha significado la reforma tributaria ha sido en vano porque, como hijo botarate, al gobierno mientras más le damos más derrocha.
La democracia no es el llamado circunstancial a la elección de unos por otros, sino una verdadera participación en la toma de decisiones, a todos los niveles.
Para la democracia, el centro de poder está en el ciudadano y no en sus representantes. Hecho que parecen olvidar algunos. Por esto, la conducción del Estado no puede ser dirigida por pseudo políticos, gente sin formación, sin filosofía, sin contenido que se forja el alma en los fuegos de la conveniencia personal y familiar.
La demagogia de los pseudo políticos es incompatible con un país democrático que aspira mucho más a ser el reflejo de una civilización y de una cultura desarrollada que la imagen de un desorientado grupo de interés.
La democracia, la estabilidad y el desarrollo del país requieren que en las próximas elecciones no cometamos el error de confiar en los demagogos de siempre, so pretexto de algo nuevo, igual a lo de siempre. Por ello, busquemos, políticos serios, honestos y verdaderos, lejanos a la demagogia y a la politiquería. Busquemos verdaderos políticos, con reales valores democráticos y seleccionemos solamente a los mejores, a los comprobados, pues tenemos el derecho a ser exigentes y obtener lo mejor; la mediocridad que acompaña a los pseudo-políticos y demagogos debe ser derrotada.