Más inversiones en Amador
A los dos últimos gobiernos, el de Ernesto Pérez Balladares y Mireya Moscoso, cabe reconocer el éxito que tiene la Calzada de Amador en términos de inversiones, generación de empleos y atracción de turistas. La estrecha península artificial que partiendo desde tierra firme se adentra en la Bahía de Panamá, da una visión inigualable, con la vista de la ciudad de Panamá a un lado y de la entrada del Canal al otro. Es como navegar por el Pacífico sobre ruedas.
La Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) hizo una inversión de B/.32 millones, que fue criticada inicialmente por muchos y tomada con escepticismo por otros, incluyéndonos. No nos hacía ninguna gracia observar las bellísimas aceras y moderna infraestructura vial, instalaciones de alumbrado subterráneo, sistema de alcantarillado, provisión de servicios públicos y comunicaciones de última generación, etc., totalmente ociosas durante dos o tres años. Parecía que sólo las palmeras y las aves marinas sacarían provecho del lugar, salvo los ocasionales visitantes que aprovechaban para caminar, ejercitarse o simplemente pasar un rato agradable. Nadie invertía un centavo, salvo algunos audaces que parecían sentarse sobre sus concesiones ganadas pero vacías.
En los últimos dos años, sin embargo, el desarrollo del lugar ha sido explosivo. Decenas de negocios, entre hoteles, bares, restaurantes, marinas, centros de exhibición, monumentos, miradores, tiendas y otros han sido instalados. La Calzada es hoy un caldero en ebullición, colmado de gente, música y vida. Los turistas acuden por cientos, y no sólo de paseo, sino a gastar y llenar sus sentidos de una experiencia sin igual.
Pero seamos francos, el éxito ha superado con creces todas las expectativas; y las millonarias inversiones de infraestructura hoy no alcanzan para servir a lo que existe, y mucho menos a lo que está por venir. Al menos tres grandes hoteles empiezan a sumarse a los ya existentes, uno de ellos el World Gate, con 350 habitaciones y 200 viviendas, causará un pandemonio inimaginable que hará palidecer a la vía que une a Arraiján con la capital en los tiempos que tenía tan sólo dos carriles.
Las agencias de cruceros advierten que si no se ensancha la Calzada con dos carriles adicionales, será imposible atracar cruceros mayores y llevar a los visitantes a otros puntos de la capital y cercanías. Virtualmente, quedarían prisioneros en el lugar, lo cual sería inconveniente, por más que sea un lugar paradisiaco. Ni hablar de cuando se construya el Museo de la Biodiversidad de Frank Ghery. Aquello será una locura.
El mismo Ghery aconsejó que, tras su experiencia con el célebre Museo de Bilbao, del cual fue también arquitecto, la infraestructura vial requiere ser ampliada y modificada. Ojalá no dejemos esa tarea para último. Después será mucho más traumático, en medio de hoteles, negocios y visitantes.
La Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) hizo una inversión de B/.32 millones, que fue criticada inicialmente por muchos y tomada con escepticismo por otros, incluyéndonos. No nos hacía ninguna gracia observar las bellísimas aceras y moderna infraestructura vial, instalaciones de alumbrado subterráneo, sistema de alcantarillado, provisión de servicios públicos y comunicaciones de última generación, etc., totalmente ociosas durante dos o tres años. Parecía que sólo las palmeras y las aves marinas sacarían provecho del lugar, salvo los ocasionales visitantes que aprovechaban para caminar, ejercitarse o simplemente pasar un rato agradable. Nadie invertía un centavo, salvo algunos audaces que parecían sentarse sobre sus concesiones ganadas pero vacías.
En los últimos dos años, sin embargo, el desarrollo del lugar ha sido explosivo. Decenas de negocios, entre hoteles, bares, restaurantes, marinas, centros de exhibición, monumentos, miradores, tiendas y otros han sido instalados. La Calzada es hoy un caldero en ebullición, colmado de gente, música y vida. Los turistas acuden por cientos, y no sólo de paseo, sino a gastar y llenar sus sentidos de una experiencia sin igual.
Pero seamos francos, el éxito ha superado con creces todas las expectativas; y las millonarias inversiones de infraestructura hoy no alcanzan para servir a lo que existe, y mucho menos a lo que está por venir. Al menos tres grandes hoteles empiezan a sumarse a los ya existentes, uno de ellos el World Gate, con 350 habitaciones y 200 viviendas, causará un pandemonio inimaginable que hará palidecer a la vía que une a Arraiján con la capital en los tiempos que tenía tan sólo dos carriles.
Las agencias de cruceros advierten que si no se ensancha la Calzada con dos carriles adicionales, será imposible atracar cruceros mayores y llevar a los visitantes a otros puntos de la capital y cercanías. Virtualmente, quedarían prisioneros en el lugar, lo cual sería inconveniente, por más que sea un lugar paradisiaco. Ni hablar de cuando se construya el Museo de la Biodiversidad de Frank Ghery. Aquello será una locura.
El mismo Ghery aconsejó que, tras su experiencia con el célebre Museo de Bilbao, del cual fue también arquitecto, la infraestructura vial requiere ser ampliada y modificada. Ojalá no dejemos esa tarea para último. Después será mucho más traumático, en medio de hoteles, negocios y visitantes.