Más penas,¡qué pena!
Ante la incapacidad de reducir la frecuencia con que ocurren los crímenes violentos, de ofrecer una explicación pormenorizada a la ciudadanía del estado real de la situación actual, de investigar de modo eficiente los delitos cometidos, de ser correcto en el uso de las medidas de coerción y reconocer los errores cometidos, la única medida que ofrece el gobierno actual, siguiendo a pie juntillas la tradición de los gobiernos anteriores, es el aumento de penas. En realidad, hay aquí dos problemas. Uno es que dicha elevación de las penas de prisión no ha mostrado tener efectividad en ningún sentido y la evidencia está en los hechos: durante todos estos años que han presenciado tres o cuatro reformas del Código Penal con idéntico propósito, los crímenes violentos no han dejado de aumentar. Pero, lo más grave, no es eso. Es que con la finta del aumento legislativo de los máximos de las penas de prisión, se crea la impresión falsa de que se está atendiendo un problema. Tras la cortina de humo quedan los ciudadanos presas de la misma sensación de inseguridad que antes y el crimen organizado frotándose las manos ante las oportunidades que para la economía del crimen crean el enorme mercado de armas de fuego ilícitas, la corrupción policial y las debilidades del sistema de justicia penal. ¡Qué pena que el gobierno solo sepa aumentar las penas! ¿Hasta cuándo?