Más poder para los pobres
Son muy pocas, por no decir "nunca", las oportunidades en que los pobres hablan directamente con las autoridades. Por lo general no conocen cómo dirigirse a las instituciones que les lucen lejanas y extrañas, apartadas e inaccesibles a sus comentarios, críticas y reclamos. Y cuando lo hacen, su gestión no es atendida. No obstante, a pesar de todo, resulta imperioso saber qué piensan los sectores de más bajos ingresos acerca de la sociedad en que viven y eso logra precisarlo el Banco Mundial en el documento dado a la luz pública intitulado "Voces de la pobreza". Ojalá este documento fuese de obligada lectura para todos los que se activan en la política, ya que enseña las necesidades de la mayoría de la población y lo que ésta cavila sobre su situación.
Eduardo Febbro, un ensayista que trata el tema, nos proporciona interesante crónica sobre este inusitado escenario en el que, en forma sucinta, destaca los principales puntos, a saber: Con el inofensivo título "Voces de la Pobreza", el Banco Mundial ha hecho público un impresionante trabajo sobre el mundo de la pobreza: 10 años de investigación en 60 países y 60, 000 personas consultadas que explican en detalle sus vivencias cotidianas y lo que requieren para mejorar su suerte. El documento no sólo traza las condiciones de la pobreza, sino que además ofrece el testimonio de la pobreza, vista por los pobres. Lo primero que resalta de este cúmulo de estudios y testimonios es el carácter multidimensional de la pobreza. Esta no es únicamente una cuestión de escasos ingresos sino un conjunto de situaciones que se apuñan las unas a las otras para desembocar a una profunda soledad social: el hambre se enlaza con los problemas de vivienda, con el difícil acceso a la salud, a la educación, al aislamiento frente a la posibilidad de influir en las decisiones del Estado. Ello genera vergüenza social, injusticia, dependencia y una sensación existencial por demás aguda. Una de las consecuencias más recientes de la pobreza es la ruptura de los lazos familiares: la familia ha sido desminuida por las evoluciones de la economía.
"Voces de la Pobreza" pone de relieve la impotencia del conjunto de los Estados del mundo o por aliviar los problemas de los marginados. Los testimonios recogidos son demoledores, ya que la mayoría de los Estados aparecen ausentes y a menudo son, incluso, nefastos.
La originalidad del documento consiste en que éste da la palabra a los protagonistas del tema tratado evitando así reducirlos a simples estadísticas. Son esos testimonios los que enriquecen conceptualmente el vasto mapa de los extremos sociales que en la realidad, ocupan el centro de la humanidad. A pregunta ¿qué es la pobreza?, un campesino de Tanzania responde: "Ser pobre es estar forzado a pagar el precio fijado por otros". Un habitante de Lituania da esta definición: "La pobreza es la humillación, el sentimiento de la dependencia, es estar forzado a aceptar la falta de amabilidad, los insultos y la indiferencia cuando pedimos ayuda". Un keniata responde: " Ser pobre es estar siempre cansado" y una ucranania dice: "Yo o mi hija, ser pobre es tener que decidir quién va a comer".
Las principales conclusiones del documento se dividen en cinco capítulos: la pobreza tiene facetas múltiples; el Estado es ineficaz y está ausente en los sectores empobrecidos; la corrupción y la desconfianza juegan un papel predominante en el incremento de la pobreza; el núcleo familiar se disloca bajo la presión de las tensiones provocadas por las situaciones de penuria y el tejido social, hasta ahora la única garantía de solidaridad, se desintegra. Esta tendencia es una de las más recientes consecuencias de la pauperización. El Banco Mundial constata que esa garantía social basada en la solidaridad familiar, al desaparecer, acrecienta la desigualdad, la violencia y la criminalidad a las que están expuestos los pobres. Los hogares se encuentran así en un contexto completamente dislocado por la precariedad donde los cambios económicos, políticos y sociales de gran amplitud han aislado y fragmentado a las comunidades en muchas partes del mundo. Ni siquiera la escuela ofrece ya una posibilidad de ascenso social, aunque sea limitado. Las instituciones educativas inspiran desconfianza ya que, como lo muestra el testimonio de una ciudadana de Armenia, "la educación pierde su estatuto social, los maestros ya no se benefician más con el respeto de antaño porque los diplomas no alcanzan para garantizar el trabajo".
222 "Voces de la Pobreza" pone de relieve la impotencia del conjunto de los Estados del mundo o por aliviar los problemas de los marginados.
Empleados públicos corruptos, violencia policial, sistemas educativos escasos y funcionarios con criterios preferenciales, estructuras de salud inaccesibles, enormes dificultades para acceder a las infraestructuras básicas, la lista de problemas e impedimentos con que tropiezan los ciudadanos pobres es inacabable. Los Estados, que deberían facilitar con sus recursos un mínimo de estabilidad, asumen, por el contrario, el papel inverso: son autoritarios, humillantes, ineficaces y brutales. Otro detalle que sobresale es la función limitada de las Organizaciones no Gubernamentales. Los testimonios dan cuenta de que las ONG no llegan a suplir o a mejorar la ausencia del Estado y, por lo tanto, no cumplen una función importante en la vida de las personas.
Las voces espontáneas de que consta el estudio no dejan de denunciar la ilegalidad en que bañan el conjunto de los sistemas estatales y el trabajo de "escudo" que hace la policía. En vez de servicios sociales y de asistencia, los gobiernos ponen a la autoridad policial en primera línea de la "fractura social" con la misión de reprimir las insuficiencias propias del Estado.
¿Qué hacer en el futuro? Más allá del retrato universal de la pobreza realizado por el Banco Mundial, la institución multilateral invita a la comunidad internacional a modificar su enfoque de la pobreza aplicando estrategias innovadoras. Como uno de los núcleos de la pobreza parece ser la corrupción y la inadaptabilidad de los recursos otorgados, el Banco Mundial insta a "conferir a los pobres más poder". Este criterio, recalca, es uno de los temas capitales en los próximos 10 años. No muy alejado de las sugerencias de acciones ciudadanas que realizan y proponen las ONG occidentales en los países ricos, el Banco Mundial argumenta que sería preciso que los excluidos pudiesen "tomar el control" a fin de evaluar por sí mismos sus necesidades y concebir los medios capaces de mejorar sus condiciones de vida. El Presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn, pone de relieve la importancia que revisten los proyectos de desarrollo impulsados por la comunidad que transfieren a los grupos oriundos de la comunidad más autoridad y control sobre las asignaciones nacionales de dinero y recursos. La conclusión general es de una transparencia universal: la corrupción, la debilidad de los Estados y el acaparamiento del poder por un grupo de elegidos que reparten entre los amigos son componentes centrales de la pobreza. Hasta aquí el contenido de la aludida crónica.
Nos basta tan sólo señalar que creemos que el paso dado por el Banco Mundial, además de denotar valentía y entereza, constituye una luz en el camino, sólo que nos parece que la ejecución de "esa toma de control" debe ser inmediata. Una espera de 10 años nos luce dilatada y podría conllevar el fracaso de tan emprendedor plan.
Eduardo Febbro, un ensayista que trata el tema, nos proporciona interesante crónica sobre este inusitado escenario en el que, en forma sucinta, destaca los principales puntos, a saber: Con el inofensivo título "Voces de la Pobreza", el Banco Mundial ha hecho público un impresionante trabajo sobre el mundo de la pobreza: 10 años de investigación en 60 países y 60, 000 personas consultadas que explican en detalle sus vivencias cotidianas y lo que requieren para mejorar su suerte. El documento no sólo traza las condiciones de la pobreza, sino que además ofrece el testimonio de la pobreza, vista por los pobres. Lo primero que resalta de este cúmulo de estudios y testimonios es el carácter multidimensional de la pobreza. Esta no es únicamente una cuestión de escasos ingresos sino un conjunto de situaciones que se apuñan las unas a las otras para desembocar a una profunda soledad social: el hambre se enlaza con los problemas de vivienda, con el difícil acceso a la salud, a la educación, al aislamiento frente a la posibilidad de influir en las decisiones del Estado. Ello genera vergüenza social, injusticia, dependencia y una sensación existencial por demás aguda. Una de las consecuencias más recientes de la pobreza es la ruptura de los lazos familiares: la familia ha sido desminuida por las evoluciones de la economía.
"Voces de la Pobreza" pone de relieve la impotencia del conjunto de los Estados del mundo o por aliviar los problemas de los marginados. Los testimonios recogidos son demoledores, ya que la mayoría de los Estados aparecen ausentes y a menudo son, incluso, nefastos.
La originalidad del documento consiste en que éste da la palabra a los protagonistas del tema tratado evitando así reducirlos a simples estadísticas. Son esos testimonios los que enriquecen conceptualmente el vasto mapa de los extremos sociales que en la realidad, ocupan el centro de la humanidad. A pregunta ¿qué es la pobreza?, un campesino de Tanzania responde: "Ser pobre es estar forzado a pagar el precio fijado por otros". Un habitante de Lituania da esta definición: "La pobreza es la humillación, el sentimiento de la dependencia, es estar forzado a aceptar la falta de amabilidad, los insultos y la indiferencia cuando pedimos ayuda". Un keniata responde: " Ser pobre es estar siempre cansado" y una ucranania dice: "Yo o mi hija, ser pobre es tener que decidir quién va a comer".
Las principales conclusiones del documento se dividen en cinco capítulos: la pobreza tiene facetas múltiples; el Estado es ineficaz y está ausente en los sectores empobrecidos; la corrupción y la desconfianza juegan un papel predominante en el incremento de la pobreza; el núcleo familiar se disloca bajo la presión de las tensiones provocadas por las situaciones de penuria y el tejido social, hasta ahora la única garantía de solidaridad, se desintegra. Esta tendencia es una de las más recientes consecuencias de la pauperización. El Banco Mundial constata que esa garantía social basada en la solidaridad familiar, al desaparecer, acrecienta la desigualdad, la violencia y la criminalidad a las que están expuestos los pobres. Los hogares se encuentran así en un contexto completamente dislocado por la precariedad donde los cambios económicos, políticos y sociales de gran amplitud han aislado y fragmentado a las comunidades en muchas partes del mundo. Ni siquiera la escuela ofrece ya una posibilidad de ascenso social, aunque sea limitado. Las instituciones educativas inspiran desconfianza ya que, como lo muestra el testimonio de una ciudadana de Armenia, "la educación pierde su estatuto social, los maestros ya no se benefician más con el respeto de antaño porque los diplomas no alcanzan para garantizar el trabajo".
222 "Voces de la Pobreza" pone de relieve la impotencia del conjunto de los Estados del mundo o por aliviar los problemas de los marginados.
Empleados públicos corruptos, violencia policial, sistemas educativos escasos y funcionarios con criterios preferenciales, estructuras de salud inaccesibles, enormes dificultades para acceder a las infraestructuras básicas, la lista de problemas e impedimentos con que tropiezan los ciudadanos pobres es inacabable. Los Estados, que deberían facilitar con sus recursos un mínimo de estabilidad, asumen, por el contrario, el papel inverso: son autoritarios, humillantes, ineficaces y brutales. Otro detalle que sobresale es la función limitada de las Organizaciones no Gubernamentales. Los testimonios dan cuenta de que las ONG no llegan a suplir o a mejorar la ausencia del Estado y, por lo tanto, no cumplen una función importante en la vida de las personas.
Las voces espontáneas de que consta el estudio no dejan de denunciar la ilegalidad en que bañan el conjunto de los sistemas estatales y el trabajo de "escudo" que hace la policía. En vez de servicios sociales y de asistencia, los gobiernos ponen a la autoridad policial en primera línea de la "fractura social" con la misión de reprimir las insuficiencias propias del Estado.
¿Qué hacer en el futuro? Más allá del retrato universal de la pobreza realizado por el Banco Mundial, la institución multilateral invita a la comunidad internacional a modificar su enfoque de la pobreza aplicando estrategias innovadoras. Como uno de los núcleos de la pobreza parece ser la corrupción y la inadaptabilidad de los recursos otorgados, el Banco Mundial insta a "conferir a los pobres más poder". Este criterio, recalca, es uno de los temas capitales en los próximos 10 años. No muy alejado de las sugerencias de acciones ciudadanas que realizan y proponen las ONG occidentales en los países ricos, el Banco Mundial argumenta que sería preciso que los excluidos pudiesen "tomar el control" a fin de evaluar por sí mismos sus necesidades y concebir los medios capaces de mejorar sus condiciones de vida. El Presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn, pone de relieve la importancia que revisten los proyectos de desarrollo impulsados por la comunidad que transfieren a los grupos oriundos de la comunidad más autoridad y control sobre las asignaciones nacionales de dinero y recursos. La conclusión general es de una transparencia universal: la corrupción, la debilidad de los Estados y el acaparamiento del poder por un grupo de elegidos que reparten entre los amigos son componentes centrales de la pobreza. Hasta aquí el contenido de la aludida crónica.
Nos basta tan sólo señalar que creemos que el paso dado por el Banco Mundial, además de denotar valentía y entereza, constituye una luz en el camino, sólo que nos parece que la ejecución de "esa toma de control" debe ser inmediata. Una espera de 10 años nos luce dilatada y podría conllevar el fracaso de tan emprendedor plan.