Más que una política energética
TODOS vemos con asombro y muchos con preocupación, el aumento en los precios del petróleo en el ámbito internacional y con lo cual, Panamá, es un mero espectador, toda vez que no produce, refina o comercializa este producto o sus derivados.
Podemos ver las acciones que se han tenido que tomar con relación a la situación actual, entre ellas, la continuación de subsidios del Estado para estabilizar el precio de la energía eléctrica y la suspensión temporal de una parte del impuesto al consumo de la gasolina y el diesel, así como la facilitación de la comercialización de nuevos energéticos, que permitan aumentar las opciones de los consumidores panameños al momento de requerir un combustible para sus vehículos.
La política nacional de hidrocarburos y energías alternas, que divulga el Gobierno Nacional, pretende reaccionar frente a lo que actualmente sucede y prever escenarios más difíciles a nuestra economía, sin embargo, las acciones concretas que deben llevarse a cabo para que se logren resultados en dicha política, siguen difusas, toda vez que requieren de la participación del sector privado, los que siguen esperando mejores opciones para invertir y desarrollar otras alternativas.
No podemos perder de vista que el problema energético, debemos verlo bajo dos ámbitos, uno el que tiene que ver con la energía eléctrica, la generación de esta a través de derivados del petróleo y la comercialización que tenemos actualmente y el segundo, el relacionado con los derivados del petróleo que utilizamos para los vehículos particulares y el transporte público.
Sobre la energía eléctrica, seguimos a la espera de acciones que incentiven a los sectores privados a establecer otros medios de generación eléctrica como por ejemplo, los sistemas eólicos, tal como se estableció en la legislación que aprobó la pasada administración para los sistemas de generación hidroeléctrica y de otras fuentes nuevas, renovables y limpias, en la cual se otorgaron incentivos fiscales para el establecimiento de estas fuentes de generación.
Sabemos que la sustitución del bunker en la generación de energía eléctrica, no es fácil, sin embargo, con el mero hecho de tener una legislación que permita el desarrollo de una actividad no es suficiente, se debe acompañar del apoyo estatal para la atracción de estas inversiones, el establecimiento de estas y su rápida inserción al sistema.
Mientras más generadores de electricidad, que utilizan otros medios distintos al bunker entren al sistema, en condiciones de igualdad comercial que los existentes, se podrá contar con una oferta de generación que contribuya a disminuir el precio que pagan los panameños por la electricidad y en consecuencia la dependencia del petróleo.
Esto también tendría un impacto positivo para la industria, quienes se encuentran sumamente golpeados por el alto costo de la electricidad y a quienes se les ha dejado por fuera de cualquier intención de fomento y desarrollo, al no contar con instrumentos que favorezcan y contribuyan al fortalecimiento de este sector.
En cuanto a la gasolina y el diesel que se utiliza en los vehículos, la política nacional de hidrocarburos, apunta a diversificar la balanza energética y la promoción de nuevas tecnologías.
La introducción del GLP es un buen inicio ya que la misma contó con la previsión de establecer normas de seguridad adecuadas y sobre todo, la promulgación de una norma técnica que garantizó una tecnología uniforme, todo esto con base a los resultados de estudios llevados a cabo por el MICI, los que iniciaron en el año 2002. Los otros carburantes, especialmente el Etanol y Biodiesel, cuyo compuesto químico contiene elementos provenientes de la caña de azúcar y el aceite de palma, respectivamente, requerirán también del apoyo estatal para su utilización, primero en el fomento a la inversión, ya que aunque tenemos tierras destinadas a estos cultivos, los mercados nacionales e internacionales del azúcar y el aceite de palma, mantiene su ritmo de demanda, por lo que una orientación a otro consumo, conlleva riesgos que deben minimizarse con acciones estatales de fomento.
En esto, es importante la promulgación de leyes y reglamentos que den garantía suficiente a la inversión privada.
Entre estas acciones están la de definir el porcentaje de combinación que debe contener el carburante, la previsión de los cambios permitidos a los vehículos por los fabricantes y distribuidores y las plantas de procesamiento que se requieren.
Es en esto en lo que debemos ir más allá de la política, ya que si no se establecen con formalidad y responsabilidad, estas condiciones, no se lograrán los resultados que se esperan.
Frente a la situación energética mundial, un país como el nuestro debe buscar alternativas que le permitan funcionar sin tanta dependencia del petróleo.
Todavía no es posible decir que no necesitamos el petróleo, pero si podemos buscar alternativas para no depender completamente de él, por ello, el seguimiento a las nuevas tecnologías es importante, como por el ejemplo con el uso del hidrógeno, pero con la actuación oportuna y la promoción de condiciones que permitan utilizarlas una vez esté probada su eficiencia.
En esto la política nacional de hidrocarburos lo señala como una prioridad, lo cual es señal de comprensión y y una meta que lograr.
Hacia la conformación de un centro regional para la distribución de hidrocarburos, tal como lo menciona la política nacional de hidrocarburos, cabe mencionar que esto ha sido una política gubernamental desde que se promulgó la legislación para conformar las zonas libres de petróleo, en la década pasada.
Con las necesidades de expansión del Canal, se ha visto a nuestro país como una plaza para el abastecimiento de barcos y de distribución.
De ahí que varias zonas libres de petróleo se hayan instalado en las áreas adyacentes del Canal de Panamá. Con la necesidad mundial de refinación de crudo, no dudamos que el establecimiento de una refinería en Panamá, es una buena idea, sin embargo, es importante considerar que las condiciones actuales pueden variar, tal como hemos visto suceder en estos últimos años, frente a hechos que se escapan de nuestra consideración y que mucho de esto está sujeto a intereses internacionales, en los que Panamá, participa, pero no controla.
Queremos insistir en la racionalización de los recursos energéticos. Desde principios del 2004, insistimos en concienciar a los panameños de que esto era importante, no solo por su efecto en la economía panameña sino también para los bolsillos de todos. Sabemos que requerimos de la energía, para vivir, para transportarnos y para disfrutar de los avances de la ciencia, pero debemos reconocer que estos recursos son finitos y debemos ajustarnos a las actuales condiciones.
El mejoramiento del transporte público es importante, las campañas por adecuar las luminarias y demás son positivos, pero sin la conciencia del panameño nada de esto se traduce en buenos resultados.
Tampoco es que reduciendo los impuestos ahorraremos más, ya vemos que mientras se disminuye el impuesto al consumo, más consumimos los panameños, por ende, se requiere ahorrar y darnos cuenta que es importante hacerlo.
Podemos ver las acciones que se han tenido que tomar con relación a la situación actual, entre ellas, la continuación de subsidios del Estado para estabilizar el precio de la energía eléctrica y la suspensión temporal de una parte del impuesto al consumo de la gasolina y el diesel, así como la facilitación de la comercialización de nuevos energéticos, que permitan aumentar las opciones de los consumidores panameños al momento de requerir un combustible para sus vehículos.
La política nacional de hidrocarburos y energías alternas, que divulga el Gobierno Nacional, pretende reaccionar frente a lo que actualmente sucede y prever escenarios más difíciles a nuestra economía, sin embargo, las acciones concretas que deben llevarse a cabo para que se logren resultados en dicha política, siguen difusas, toda vez que requieren de la participación del sector privado, los que siguen esperando mejores opciones para invertir y desarrollar otras alternativas.
No podemos perder de vista que el problema energético, debemos verlo bajo dos ámbitos, uno el que tiene que ver con la energía eléctrica, la generación de esta a través de derivados del petróleo y la comercialización que tenemos actualmente y el segundo, el relacionado con los derivados del petróleo que utilizamos para los vehículos particulares y el transporte público.
Sobre la energía eléctrica, seguimos a la espera de acciones que incentiven a los sectores privados a establecer otros medios de generación eléctrica como por ejemplo, los sistemas eólicos, tal como se estableció en la legislación que aprobó la pasada administración para los sistemas de generación hidroeléctrica y de otras fuentes nuevas, renovables y limpias, en la cual se otorgaron incentivos fiscales para el establecimiento de estas fuentes de generación.
Sabemos que la sustitución del bunker en la generación de energía eléctrica, no es fácil, sin embargo, con el mero hecho de tener una legislación que permita el desarrollo de una actividad no es suficiente, se debe acompañar del apoyo estatal para la atracción de estas inversiones, el establecimiento de estas y su rápida inserción al sistema.
Mientras más generadores de electricidad, que utilizan otros medios distintos al bunker entren al sistema, en condiciones de igualdad comercial que los existentes, se podrá contar con una oferta de generación que contribuya a disminuir el precio que pagan los panameños por la electricidad y en consecuencia la dependencia del petróleo.
Esto también tendría un impacto positivo para la industria, quienes se encuentran sumamente golpeados por el alto costo de la electricidad y a quienes se les ha dejado por fuera de cualquier intención de fomento y desarrollo, al no contar con instrumentos que favorezcan y contribuyan al fortalecimiento de este sector.
En cuanto a la gasolina y el diesel que se utiliza en los vehículos, la política nacional de hidrocarburos, apunta a diversificar la balanza energética y la promoción de nuevas tecnologías.
La introducción del GLP es un buen inicio ya que la misma contó con la previsión de establecer normas de seguridad adecuadas y sobre todo, la promulgación de una norma técnica que garantizó una tecnología uniforme, todo esto con base a los resultados de estudios llevados a cabo por el MICI, los que iniciaron en el año 2002. Los otros carburantes, especialmente el Etanol y Biodiesel, cuyo compuesto químico contiene elementos provenientes de la caña de azúcar y el aceite de palma, respectivamente, requerirán también del apoyo estatal para su utilización, primero en el fomento a la inversión, ya que aunque tenemos tierras destinadas a estos cultivos, los mercados nacionales e internacionales del azúcar y el aceite de palma, mantiene su ritmo de demanda, por lo que una orientación a otro consumo, conlleva riesgos que deben minimizarse con acciones estatales de fomento.
En esto, es importante la promulgación de leyes y reglamentos que den garantía suficiente a la inversión privada.
Entre estas acciones están la de definir el porcentaje de combinación que debe contener el carburante, la previsión de los cambios permitidos a los vehículos por los fabricantes y distribuidores y las plantas de procesamiento que se requieren.
Es en esto en lo que debemos ir más allá de la política, ya que si no se establecen con formalidad y responsabilidad, estas condiciones, no se lograrán los resultados que se esperan.
Frente a la situación energética mundial, un país como el nuestro debe buscar alternativas que le permitan funcionar sin tanta dependencia del petróleo.
Todavía no es posible decir que no necesitamos el petróleo, pero si podemos buscar alternativas para no depender completamente de él, por ello, el seguimiento a las nuevas tecnologías es importante, como por el ejemplo con el uso del hidrógeno, pero con la actuación oportuna y la promoción de condiciones que permitan utilizarlas una vez esté probada su eficiencia.
En esto la política nacional de hidrocarburos lo señala como una prioridad, lo cual es señal de comprensión y y una meta que lograr.
Hacia la conformación de un centro regional para la distribución de hidrocarburos, tal como lo menciona la política nacional de hidrocarburos, cabe mencionar que esto ha sido una política gubernamental desde que se promulgó la legislación para conformar las zonas libres de petróleo, en la década pasada.
Con las necesidades de expansión del Canal, se ha visto a nuestro país como una plaza para el abastecimiento de barcos y de distribución.
De ahí que varias zonas libres de petróleo se hayan instalado en las áreas adyacentes del Canal de Panamá. Con la necesidad mundial de refinación de crudo, no dudamos que el establecimiento de una refinería en Panamá, es una buena idea, sin embargo, es importante considerar que las condiciones actuales pueden variar, tal como hemos visto suceder en estos últimos años, frente a hechos que se escapan de nuestra consideración y que mucho de esto está sujeto a intereses internacionales, en los que Panamá, participa, pero no controla.
Queremos insistir en la racionalización de los recursos energéticos. Desde principios del 2004, insistimos en concienciar a los panameños de que esto era importante, no solo por su efecto en la economía panameña sino también para los bolsillos de todos. Sabemos que requerimos de la energía, para vivir, para transportarnos y para disfrutar de los avances de la ciencia, pero debemos reconocer que estos recursos son finitos y debemos ajustarnos a las actuales condiciones.
El mejoramiento del transporte público es importante, las campañas por adecuar las luminarias y demás son positivos, pero sin la conciencia del panameño nada de esto se traduce en buenos resultados.
Tampoco es que reduciendo los impuestos ahorraremos más, ya vemos que mientras se disminuye el impuesto al consumo, más consumimos los panameños, por ende, se requiere ahorrar y darnos cuenta que es importante hacerlo.