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Más seguridad en el país


La inseguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de todos los panameños. Es cierto que Panamá no es tan inseguro como Guatemala o México, pero recientemente hemos alcanzado niveles de criminalidad sin precedente, con actos delictivos extraños para nuestro medio (como los secuestros) o particularmente sangrientos (como los múltiples ajusticiamientos). Amén de la participación de los menores de edad en actos criminales, ya sea individualmente o a través de pandillas. Por esto, todos esperamos que el nuevo gobierno preste particular atención a las graves y evidentes deficiencias de régimen legal y administrativo vigente para combatir la criminalidad y promueva la ejecución de acciones específicas.
En lo que respecta a la Policía, debe tomar nota del esfuerzo en países como El Salvador y Colombia de generar un acercamiento entre dicha institución y la comunidad, lo cual logran a través de reuniones periódicas entre ambos, en las que se reportan crímenes y se informa sobre la labor policial en el área.
Ese tipo de medida, bien podría ser complementada con iniciativas estructurales como las unidades de investigación interna sobre corrupción y abusos de autoridad. En Perú, además de introducir esas unidades especializadas después de los días de Fujimori, se instaló un ombudsman a lo interno de la propia institución. Por supuesto que el objeto de esto es lograr que la comunidad confíe en las autoridades policiales y trabaje de la mano con ellas, confianza que es casi inexistente en nuestros países, en algunos casos producto de dictaduras y años de abusos.
En México y Brasil, además de crear mayores vínculos entre la policía y sus comunidades, están mejorando la calidad del personal, particularmente en lo que respecta a criminología y la labor policial. En primera instancia la están convirtiendo en una institución más eficiente, comenzando por reducir el número de mandos altos y reforzando los medios. Además, han creado entes similares a universidades en las cuales se educan los policías.
En Panamá, pareciera que han reconocido lo anterior, ya que desde hace ya años se cuenta con un instituto de entrenamiento y la nueva administración propuso recientemente reducir el Directorio de la Policía Nacional de 24 a 12 miembros. Pero falta reconocer que la remuneración de los policías, de todos los niveles, tiene que mejorar para así evitar la corrupción que garantiza la operatividad de ciertas bandas criminales.
La Policía debe pasar de una mentalidad militarista de mantener el orden a una de prevenir y resolver actos criminales. Recientemente hemos conocido que lugares hasta hace poco libres de crímenes están sufriendo del mal. Por ejemplo en Boquete, foco de desarrollo y atracción de inversión extranjera, un grupito de personas (en algunos casos menores de edad) se ha dado a la tarea de asaltar y robar. En esos casos, la policía no debe tener excusa alguna, ya que dado el tamaño de la comunidad tiene que conocer quiénes son los antisociales.
Pero es muy poco lo que la policía puede lograr unilateralmente para combatir efectivamente el crimen. El éxito de sus iniciativas depende en gran medida del sistema judicial, incluyendo al Ministerio Público. Mayor represión del crimen o mayores penas son insuficientes sin una verdadera expectativa de que el actor criminal será arrestado, procesado y encarcelado. Por ello, se requiere un plan integral de seguridad ciudadana, a lo largo de todo el país. Es plan, bien podría ser desarrollado y ejecutado de la mano entre la policía y la comunidad.
El control monetario es complicado porque cuando fluyen dólares a China el BPC tiene que comprar esos dólares con dinero nuevo para mantener la tasa de cambio en alrededor de 8.28 por dólar, para luego reducir el dinero en circulación en una cantidad similar, de manera de evitar la inflación.
Mientras más capital fluye a China más difícil resulta la "esterilización" de esos fondos. Y si aumentan los intereses atraerán más capital, lo cual a su vez aumenta la presión sobre la tasa de cambio.
EL BPC no se puede dar el lujo de instrumentar medidas administrativas para tratar de ocultar la causa real de la inflación y la distribución de créditos es una mala manera de organizar los mercados de capital.
Si China quiere convertirse en un centro financiero internacional, inversiones guiadas por el mercado deben reemplazar a las decisiones estatales y China tiene que reconocer los límites de la política monetaria.
El BPC no puede fijar la tasa de cambio nominal y al mismo tiempo mantener una política monetaria independiente para lograr la estabilidad de precios, sin controles al capital.
A la China le es cada día más difícil hacer cumplir los controles de capital. Las reservas ya pasan de los 500 mil millones de dólares.
¿Cuánto más capital quiere Beijing invertir (desperdiciar) para mantener la tasa de cambio?
China se beneficiaría eliminando los controles de capital, permitiendo la flotación del yuan, instrumentando políticas monetarias para lograr la estabilidad a largo plazo de los precios y permitiendo que un mercado privado de capitales asigne los fondos.
El problema es que una amplia privatización de los mercados financieros amenazaría el monopolio del poder del Partido Comunista Chino. ¿Por qué la clase dirigente va a ceder su acceso privilegiado al capital?
Aquellos que creen que la libertad del capital los llevaría al caos no comprenden que los controles les niega a los chinos sus derechos completos de propiedad, politizan las decisiones sobre inversiones y mantienen el poder en las manos del Partido.
La reforma política debe avanzar paralelamente a la reforma económica para que China pueda resolver sus problemas monetarios, mejorar el rendimiento del capital invertido en la Bolsa y asegurar un desarrollo completo.
(*) Vicepresidente académico y especialista en China del Cato Institute.
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101 años de Panamá América

 
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