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Más sobre el Presupuesto


Alguien entonces explicó que era para gastar el presupuesto porque sino el del próximo año sería recortado y asignado a quién sabe quién. Obviamente, era un criterio burocrático, egoísta y entendible en el gobierno de un país rico, donde el sentido y vocación de ahorro no eran necesarios. Pero trasladar el mismo principio a una nación pobre como Panamá sería desastroso.
Desafortunadamente, cada año nos ocurre acá lo mismo. Las vistas presupuestarias en la Asamblea Legislativa se transforman en interminables peroratas de ministros y jefes de entidades empeñados en sustentar cada uno un sustancial aumento en su presupuesto, con el consabido propósito de que al menos no se lo rebajen. Para ello inventan proyectos irrealizables que al momento de su ejecución quedan en nada o, lo que es peor, sirven de pretexto al despilfarro.
Por eso abogamos por una mejor ejecución presupuestaria, pero con eficiencia, esto es, rindiendo los mejores y mayores frutos. Hablamos de los más adecuados y económicos equipos y servicios, los planos y diseños más eficientes y durables, los proveedores más veloces y buenos, de medicinas de calidad a precios razonables, de edificios y carreteras bien hechos, etc.
El del 2001 es un presupuesto ambicioso que con todo y sus recortes asciende a B/.5,612 millones, superando los del 2000 que fue de B/.5,147 millones, así como los de 1999 que fue de B/.5,090 millones y de 1998 de B/.5,392 millones. Es pues el mayor de los últimos cuatro años.
El cómo lo lograron, ha sido objeto de generalidades cuyos detalles debe explicarse. Por lo pronto hablan de ahorros y de mayores impuestos producto de una reforma tributaria. A ello se suma B/.200 millones de intereses del Fondo Fiduciario y desembolsos de préstamos comprometidos de las IFIs a cambio de privatizaciones y otros ajustes, que están por detallar. El 20% es para pagar deuda.
Explica el ministro Norberto Delgado que por primera vez el 50% se destina al gasto social. Pero eso no es del todo exacto, considerando que parte de ese porcentaje es para planillas, aire acondicionado, luz, automóviles y viajes. Y es así porque B/.3,000 millones o sea casi el 60% se va en "gastos de funcionamiento", quedando para todo lo demás sólo el 40%. ¿Qué resta para obras y verdadera inversión social? Está por detallar. La red vial por ejemplo, se está deteriorando.
Con todo y eso, somos optimistas de que con una ejecución medianamente buena, el gobierno contribuirá al tan ansiado despegue luego de tres años de muy pobre desempeño económico. Pero hemos de estar alertas para conjurar el despilfarro y la corrupción que siempre asoman.

101 años de Panamá América

 
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