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Más sobre el ruido excesivo


Acogemos con complacencia la noticia de que la Autoridad Nacional del Ambiente proyecta combatir el ruido excesivo. Esperamos que lo haga con rigor y a cabalidad, ya que al igual que el narcotráfico, éste también constituye un delito contra la salud pública.
Los médicos han repetido en varias ocasiones que el ruido excesivo causa estrés, ataca los nervios, provoca desvelos, a la larga conduce a una sordera total y hasta ataca al corazón. Los principales candidatos a sufrir esos males son, en primer lugar, los conductores de autobuses con sus troneras, los empleados de comercios cuyos patronos mantienen dentro de sus locales un escándalo permanente durante
las horas de trabajo, los empleados de canteras y aserraderos y quienes laboran donde funciona todo tipo de maquinaria ruidosa. La mayoría de los conductores de taxis ensordecerá en cuatro o cinco años.
Por desgracia, la sordera no avisa. Se adquiere lentamente. Como siguen oyendo no se percatan de que su capacidad auditiva no es la misma que la de un año atrás.
Los propietarios de almacenes y súpermercados con aparatos transmisores de música no demoran en tener que afrontar demandas de indemnización entabladas contra ellos por parte de sus propios empleados por haberles disminuido o hacer perder en su totalidad su capacidad auditiva.
Confiamos en que vean en nuestra advertencia el deseo de servirles. No los estamos amenazando, puesto que no somos nosotros quienes los demandarían. Tan sólo pretendemos abrirles los ojos para que vean con claridad, antes de que sea muy tarde, los riesgos que están corriendo de afrontar demandas por cuantiosas sumas de dinero.

101 años de Panamá América

 
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