Más sobre equiparación
Ahora resulta que la principal asesora legal del gobierno, la Procuradora de la Administración, considera que el artículo de equiparación de los derechos y privilegios de las concesionarias portuarias es inconstitucional. Recordemos que el contrato-ley de Manzanillo fue el primero, luego siguió el de Evergreen -que incluyó la hoy famosa cláusula de equiparación- y finalmente se celebró el de Hutchison. La cláusula de equiparación no era parte del contrato de Evergreen, sino un artículo de la ley mediante la cual se aprueba dicho contrato. Era una cláusula de "nación más favorecida" ("most favored nation") pero al reverso; en otras palabras, establecía que todo puerto en similar situación que el de Evergreen podría acogerse a los mismos derechos y privilegios que los concedidos a favor de este consorcio.
Cuando Manzanillo solicitó por primera vez ejercer el derecho concedido por el mencionado artículo, nadie se quejó y las autoridades lo concedieron. Sin embargo, cuando Hutchison, que había celebrado un contrato cuando ya estaba vigente el contrato-ley de Evergreen, pero pactó un régimen diferente, hizo una solicitud similar, Manzanillo objetó y muchos otros se sumaron. Sin embargo, el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) ya había concedido los derechos solicitados a Hutchison, por lo cual lo único que quedó fue recurrir ante los tribunales de justicia.
Además de los recursos judiciales presentados en contra de la actuación del MICI, la Procuradora de la Administración ha demandado por inconstitucional el artículo de equiparación incluido en la ley de Evergreen. Considera que riñe con el numeral 15 del artículo 153 de la Constitución por cuanto que limita, restringe, anula, suprime o inhibe una facultad de control inherente a la naturaleza representativa de la Asamblea Legislativa.
De ser exitoso ese argumento, significaría que tanto la equiparación otorgada a Manzanillo como la concedida a Hutchison serían improcedentes. La inseguridad jurídica que produjo la equiparación de Hutchison propiciada por el MICI se multiplicaría por la decisión de la Corte Suprema de Justicia. ¿Qué pasaría con las inversiones? ¿Qué pasaría con la reducción de cánones? Aunque esas observaciones no deben ser consideradas por la más alta corporación de justicia, los empresarios e inversionistas extranjeros sí las toman en cuenta. Y a la postre, pierde el país porque continúa en posiciones prominentes y bochornosas en las listas negras de inversión.
Fernando Manfredo, a quien no conozco personalmente, pero a quien respeto mucho, escribió un artículo sobre el tema de las áreas revertidas "Las antiguas bases militares, motor de desarrollo nacional".
Mis comentarios sobre ese artículo: En ningún momento la Fundación ha dicho que estamos proponiendo no utilizar las áreas revertidas para sacarle provecho y cambiarlas por bases militares. Proponemos alquilar algunas de esas instalaciones que son diseñadas para lo que son (como Howard, que es una base aérea y no creo que se adapte bien a oficinas gubernamentales) en adición a lo que ya se está haciendo hoy en día con la promoción de las áreas revertidas.
Al final de cuentas, yo me hubiese quedado con las dos cosas: Todo lo que nos revirtieron para explotarlo y sacarle el mayor beneficio económico, y con los americanos con alguna presencia física, cuidándonos el país para que vengan más inversiones, por ejemplo, a estas mismas áreas revertidas. Lo mejor de ambos mundos.
Lo que más nos motiva en la Fundación es el hecho de representar a las mayorías de este país, ofreciendo una solución concreta al gran problema que tenemos tanto en el aspecto económico como el de la seguridad.
Aún así, hay quienes aseguran que en ciertos casos los miembros de la seguridad actúan en contubernio con los vendedores de droga para facilitarles la tarea. Durante los días de observación y en los sitios visitados no se pudo determinar si esto es así.
Era temprano, las 10:00 de la noche y aún no empezaba "la tanda de la ponchera", que en la jerga discotequera se traduce en reggae o "plena". Los ánimos aún no se encendían y la calma reinaba al compás de una que otra salsa y merengue.
Los minutos transcurrían y poco a poco las mesas, curiosamente identificadas con un visible letrero de gran tamaño con la denominación de "reservada", empezaban a escasear, a pesar de que la condición para ocuparlas es la compra de una botella de licor y que para aquellos días, la quincena sonaba distante... lejana. La fecha: un jueves 10 de octubre.
Una visita por un sitio que parece llevar implícito el sello de "sala de reuniones"; el baño de damas, permitió presenciar una conversación que atrajo a cada una de las que entró en ese momento. Cada cual tenía su punto de vista.
"Dayra", de 22 años, como decidimos llamarla de manera ficticia, propició el tema. Mientras se miraba al espejo, presionaba sus senos, uno contra el otro con el consentimiento de la abertura de su blusa que lo sugería sin recato, al tiempo que decía en voz alta: "a veces pienso que tengo muchas, creo que me las debería operar... ¿ustedes qué creen?"...
"No, ni se te ocurra", respondió pronto una vendedora de cajetillas de chicle, estratégicamente ubicada en su silla, a un lado del lavamanos y de una canasta de "propinas". "¿Tú no sabes cuántas quisieran tenerlas así?".
Le siguieron varias jóvenes que entraban por un retoque del labial, después de varios sorbos del trago de su predilección o para verificar que cada cabello estuviera en su sitio. Impecable y regia, ese es el truco.
La noche avanzaba y pasada las 12:00 se hizo el anuncio: "el show está por empezar". Una primera ronda de "shot" de tequila para medir fuerzas, reunió a tres muchachos frente a una mesa en una tarima rodeada de un público considerable, aunque resultó imposible obtener la taquilla a pesar de múltiples esfuerzos. La prueba consistía en calificar su rapidez. Un empate produjo otra ronda. Esta vez fueron tres, pero la situación se repitió. No había jurados. La decisión de quién resultara ganador recayó en los aplausos y gritos de la audiencia que ahora pedía otra vuelta. Finalmente uno se alza con la victoria y se lleva a la mesa una botella de whisky, que esa noche se vendía en B/. 30.00
Ahora les tocaba a ellas. La selección de las participantes era voluntaria, igual que la anterior, pero tardó un poco más. Sólo una subió al instante, "Dayra".
"Que suba, que suba", repetían a coro un grupo de amigos instando a una, pero ella se negó. En medio de la insistencia, otra concursante se enlistó en la aventura.
"Una, dos, tres" y el tequila empezó a correr por sus gargantas. "Dayra" y otra joven se convierten en finalistas, pero empatan a cuatro tragos.
Sus rostros se compungían, sin embargo, levantaban sus brazos indicando: "que siga la cosa". A la segunda etapa se bebieron cuatro tragos más y nada.
El animador del certamen decide entonces que la decisión salomónica se daría según el contorneo de las curvas de "Dayra y su rival", al ritmo de "pica, pa" que piques".
La voluptuosa chica, de cabello rizado a media espalda, que no le teme al licor, demostró que, además de libar, sabía bailar. Sólo bastó la pregunta del animador "ésta o ésta", con sus manos sobre la cabeza de ambas, para que en coro se escuchara "Dayra, Dayra".
Curiosamente el anfitrión del evento se atrevió a preguntarle a la protagonista de nuestra historia, previo al inicio de la reñida competencia: "¿tú mamá sabe que estás aquí?" y ella, muy segura respondió: "sí... claro".
Después de su ardua tarea frente a la barra improvisada, "Daira" no perdió un segundo para moverse incesante en la pista, merengue tras merengue, en una "tanda retro" como la denominó el "dj".
No obstante, uno de los tres participantes que antecedieron al evento de las damas, no corrió la misma suerte. Sentado en una mesa colindante a la pista, luchaba en el borde de una silla por no irse al piso, en el que ya se dejaban ver las primeras muestras de los estragos del alcohol que había salido del estómago por su boca.
Sus amigos luchaban porque no se cayera, pero cada vez la lucha se tornaba más titánica. Al punto que poco después no les quedó más remedio que retirarse de la disco.
Un miembro del equipo de este medio logró infiltrarse en un grupo de jóvenes que tenía planeado divertirse en una de las discotecas.
Un contacto sirvió de puente para llegar al grupo. Una vez en él, se detectó que sus miembros pretendían "entonarse" antes de entrar a la disco, pues allí es difícil introducir droga, debido a que se sabe que hay agentes infiltrados en estos centros, además de que cada cliente es revisado al entrar.
La residencia de uno de los muchachos sirvió de escenario para la "entrada en calor".
De manera indolente, uno de ellos sacó un paquete con marihuana y procedió a confeccionar los cigarrillos de esta droga. Sin más, él y sus amigos la fumaron con placer.
Ese momento fue aprovechado para, sigilosamente, fotografiar la acción con una diminuta cámara digital. Una vez cumplido su cometido, el grupo se dirigió a la discoteca.
Detrás de un ritmo pegajoso, el humo y una noche de fantasía en una discoteca, podría estar el peligro latente. Los jóvenes que hoy día asisten a estos centros nocturnos del país, en lo que menos piensan es que podrían corren un gran peligro, por lo menos en las que pudo visitar El Panamá América.
Y es que la diversión que buscan los jóvenes hoy día debe ir acompañada con la seguridad que garantice la integridad personal en caso de desastre, incendios u otro evento que pueda causar el pánico entre las personas.
Por ejemplo, en el caso de las cuatro visitadas por este medio, sólo una tiene dos puertas, mientras que tres cuentan con una puerta, de dimensiones muy estrechas para la cantidad de gente que las frecuenta. Y lo que es peor: En dos de ellas se accede a sus instalaciones por un estrecho pasillo, y en otra es necesario subir dos pisos por estrechas escaleras.
De llegar a ocurrir algún tipo de emergencia en un local como éstos, habría pánico, y las personas que allí se encuentren embriagadas y en una semi oscuridad no podrían evacuar el local a tiempo.
Generalmente, según pudo constatar este medio, los concurrentes a estos centros de diversión no tienen presente el factor seguridad. Sólo les interesa la diversión y el desenfreno.
Una irregularidad latente dentro de una de las discotecas fue la presencia de tanques de gas para la venta de tacos, a un costado de la pista, sin tener las medidas de seguridad como los extintores.
Unicamente una de ellas tiene un extintor de incendios visible, pese a que en el local en que menos clientes se observó había unas 200 personas. El que presentaba mayor número de clientes era visitado por unas 500 personas.
Por otro lado, internamente existen agentes de seguridad privados que laboran para las discotecas, y esporádicamente se aparecen policías de menores a primeras horas de la madrugada para hacer sus rondas.
Un agente de seguridad de una de las discotecas, que prefirió permanecer en el anonimato, informó que "sí asisten menores de edad a las discotecas", pero por lo general "la competencia", es decir, propietarios de otras discotecas cercanas, denuncian la situación a la policía mediante una simple llamada telefónica.
Según la seguridad de este establecimiento, a pesar de que se solicita la cédula en la entrada, los menores de edad que conocen y tienen algún tipo de confianza en el lugar pueden ingresar, especialmente a los denominados "saraos" universitarios de los viernes.
Una de las noches de la investigación periodística, la Policía de Menores ingresó a una discoteca pasada la media noche, pero no encontró menores de edad, por lo menos dentro del local. Sin embargo, en los alrededores del establecimiento, la policía detuvo a una menor.
Cuando Manzanillo solicitó por primera vez ejercer el derecho concedido por el mencionado artículo, nadie se quejó y las autoridades lo concedieron. Sin embargo, cuando Hutchison, que había celebrado un contrato cuando ya estaba vigente el contrato-ley de Evergreen, pero pactó un régimen diferente, hizo una solicitud similar, Manzanillo objetó y muchos otros se sumaron. Sin embargo, el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) ya había concedido los derechos solicitados a Hutchison, por lo cual lo único que quedó fue recurrir ante los tribunales de justicia.
Además de los recursos judiciales presentados en contra de la actuación del MICI, la Procuradora de la Administración ha demandado por inconstitucional el artículo de equiparación incluido en la ley de Evergreen. Considera que riñe con el numeral 15 del artículo 153 de la Constitución por cuanto que limita, restringe, anula, suprime o inhibe una facultad de control inherente a la naturaleza representativa de la Asamblea Legislativa.
De ser exitoso ese argumento, significaría que tanto la equiparación otorgada a Manzanillo como la concedida a Hutchison serían improcedentes. La inseguridad jurídica que produjo la equiparación de Hutchison propiciada por el MICI se multiplicaría por la decisión de la Corte Suprema de Justicia. ¿Qué pasaría con las inversiones? ¿Qué pasaría con la reducción de cánones? Aunque esas observaciones no deben ser consideradas por la más alta corporación de justicia, los empresarios e inversionistas extranjeros sí las toman en cuenta. Y a la postre, pierde el país porque continúa en posiciones prominentes y bochornosas en las listas negras de inversión.
Fernando Manfredo, a quien no conozco personalmente, pero a quien respeto mucho, escribió un artículo sobre el tema de las áreas revertidas "Las antiguas bases militares, motor de desarrollo nacional".
Mis comentarios sobre ese artículo: En ningún momento la Fundación ha dicho que estamos proponiendo no utilizar las áreas revertidas para sacarle provecho y cambiarlas por bases militares. Proponemos alquilar algunas de esas instalaciones que son diseñadas para lo que son (como Howard, que es una base aérea y no creo que se adapte bien a oficinas gubernamentales) en adición a lo que ya se está haciendo hoy en día con la promoción de las áreas revertidas.
Al final de cuentas, yo me hubiese quedado con las dos cosas: Todo lo que nos revirtieron para explotarlo y sacarle el mayor beneficio económico, y con los americanos con alguna presencia física, cuidándonos el país para que vengan más inversiones, por ejemplo, a estas mismas áreas revertidas. Lo mejor de ambos mundos.
Lo que más nos motiva en la Fundación es el hecho de representar a las mayorías de este país, ofreciendo una solución concreta al gran problema que tenemos tanto en el aspecto económico como el de la seguridad.
Aún así, hay quienes aseguran que en ciertos casos los miembros de la seguridad actúan en contubernio con los vendedores de droga para facilitarles la tarea. Durante los días de observación y en los sitios visitados no se pudo determinar si esto es así.
Era temprano, las 10:00 de la noche y aún no empezaba "la tanda de la ponchera", que en la jerga discotequera se traduce en reggae o "plena". Los ánimos aún no se encendían y la calma reinaba al compás de una que otra salsa y merengue.
Los minutos transcurrían y poco a poco las mesas, curiosamente identificadas con un visible letrero de gran tamaño con la denominación de "reservada", empezaban a escasear, a pesar de que la condición para ocuparlas es la compra de una botella de licor y que para aquellos días, la quincena sonaba distante... lejana. La fecha: un jueves 10 de octubre.
Una visita por un sitio que parece llevar implícito el sello de "sala de reuniones"; el baño de damas, permitió presenciar una conversación que atrajo a cada una de las que entró en ese momento. Cada cual tenía su punto de vista.
"Dayra", de 22 años, como decidimos llamarla de manera ficticia, propició el tema. Mientras se miraba al espejo, presionaba sus senos, uno contra el otro con el consentimiento de la abertura de su blusa que lo sugería sin recato, al tiempo que decía en voz alta: "a veces pienso que tengo muchas, creo que me las debería operar... ¿ustedes qué creen?"...
"No, ni se te ocurra", respondió pronto una vendedora de cajetillas de chicle, estratégicamente ubicada en su silla, a un lado del lavamanos y de una canasta de "propinas". "¿Tú no sabes cuántas quisieran tenerlas así?".
Le siguieron varias jóvenes que entraban por un retoque del labial, después de varios sorbos del trago de su predilección o para verificar que cada cabello estuviera en su sitio. Impecable y regia, ese es el truco.
La noche avanzaba y pasada las 12:00 se hizo el anuncio: "el show está por empezar". Una primera ronda de "shot" de tequila para medir fuerzas, reunió a tres muchachos frente a una mesa en una tarima rodeada de un público considerable, aunque resultó imposible obtener la taquilla a pesar de múltiples esfuerzos. La prueba consistía en calificar su rapidez. Un empate produjo otra ronda. Esta vez fueron tres, pero la situación se repitió. No había jurados. La decisión de quién resultara ganador recayó en los aplausos y gritos de la audiencia que ahora pedía otra vuelta. Finalmente uno se alza con la victoria y se lleva a la mesa una botella de whisky, que esa noche se vendía en B/. 30.00
Ahora les tocaba a ellas. La selección de las participantes era voluntaria, igual que la anterior, pero tardó un poco más. Sólo una subió al instante, "Dayra".
"Que suba, que suba", repetían a coro un grupo de amigos instando a una, pero ella se negó. En medio de la insistencia, otra concursante se enlistó en la aventura.
"Una, dos, tres" y el tequila empezó a correr por sus gargantas. "Dayra" y otra joven se convierten en finalistas, pero empatan a cuatro tragos.
Sus rostros se compungían, sin embargo, levantaban sus brazos indicando: "que siga la cosa". A la segunda etapa se bebieron cuatro tragos más y nada.
El animador del certamen decide entonces que la decisión salomónica se daría según el contorneo de las curvas de "Dayra y su rival", al ritmo de "pica, pa" que piques".
La voluptuosa chica, de cabello rizado a media espalda, que no le teme al licor, demostró que, además de libar, sabía bailar. Sólo bastó la pregunta del animador "ésta o ésta", con sus manos sobre la cabeza de ambas, para que en coro se escuchara "Dayra, Dayra".
Curiosamente el anfitrión del evento se atrevió a preguntarle a la protagonista de nuestra historia, previo al inicio de la reñida competencia: "¿tú mamá sabe que estás aquí?" y ella, muy segura respondió: "sí... claro".
Después de su ardua tarea frente a la barra improvisada, "Daira" no perdió un segundo para moverse incesante en la pista, merengue tras merengue, en una "tanda retro" como la denominó el "dj".
No obstante, uno de los tres participantes que antecedieron al evento de las damas, no corrió la misma suerte. Sentado en una mesa colindante a la pista, luchaba en el borde de una silla por no irse al piso, en el que ya se dejaban ver las primeras muestras de los estragos del alcohol que había salido del estómago por su boca.
Sus amigos luchaban porque no se cayera, pero cada vez la lucha se tornaba más titánica. Al punto que poco después no les quedó más remedio que retirarse de la disco.
Un miembro del equipo de este medio logró infiltrarse en un grupo de jóvenes que tenía planeado divertirse en una de las discotecas.
Un contacto sirvió de puente para llegar al grupo. Una vez en él, se detectó que sus miembros pretendían "entonarse" antes de entrar a la disco, pues allí es difícil introducir droga, debido a que se sabe que hay agentes infiltrados en estos centros, además de que cada cliente es revisado al entrar.
La residencia de uno de los muchachos sirvió de escenario para la "entrada en calor".
De manera indolente, uno de ellos sacó un paquete con marihuana y procedió a confeccionar los cigarrillos de esta droga. Sin más, él y sus amigos la fumaron con placer.
Ese momento fue aprovechado para, sigilosamente, fotografiar la acción con una diminuta cámara digital. Una vez cumplido su cometido, el grupo se dirigió a la discoteca.
Detrás de un ritmo pegajoso, el humo y una noche de fantasía en una discoteca, podría estar el peligro latente. Los jóvenes que hoy día asisten a estos centros nocturnos del país, en lo que menos piensan es que podrían corren un gran peligro, por lo menos en las que pudo visitar El Panamá América.
Y es que la diversión que buscan los jóvenes hoy día debe ir acompañada con la seguridad que garantice la integridad personal en caso de desastre, incendios u otro evento que pueda causar el pánico entre las personas.
Por ejemplo, en el caso de las cuatro visitadas por este medio, sólo una tiene dos puertas, mientras que tres cuentan con una puerta, de dimensiones muy estrechas para la cantidad de gente que las frecuenta. Y lo que es peor: En dos de ellas se accede a sus instalaciones por un estrecho pasillo, y en otra es necesario subir dos pisos por estrechas escaleras.
De llegar a ocurrir algún tipo de emergencia en un local como éstos, habría pánico, y las personas que allí se encuentren embriagadas y en una semi oscuridad no podrían evacuar el local a tiempo.
Generalmente, según pudo constatar este medio, los concurrentes a estos centros de diversión no tienen presente el factor seguridad. Sólo les interesa la diversión y el desenfreno.
Una irregularidad latente dentro de una de las discotecas fue la presencia de tanques de gas para la venta de tacos, a un costado de la pista, sin tener las medidas de seguridad como los extintores.
Unicamente una de ellas tiene un extintor de incendios visible, pese a que en el local en que menos clientes se observó había unas 200 personas. El que presentaba mayor número de clientes era visitado por unas 500 personas.
Por otro lado, internamente existen agentes de seguridad privados que laboran para las discotecas, y esporádicamente se aparecen policías de menores a primeras horas de la madrugada para hacer sus rondas.
Un agente de seguridad de una de las discotecas, que prefirió permanecer en el anonimato, informó que "sí asisten menores de edad a las discotecas", pero por lo general "la competencia", es decir, propietarios de otras discotecas cercanas, denuncian la situación a la policía mediante una simple llamada telefónica.
Según la seguridad de este establecimiento, a pesar de que se solicita la cédula en la entrada, los menores de edad que conocen y tienen algún tipo de confianza en el lugar pueden ingresar, especialmente a los denominados "saraos" universitarios de los viernes.
Una de las noches de la investigación periodística, la Policía de Menores ingresó a una discoteca pasada la media noche, pero no encontró menores de edad, por lo menos dentro del local. Sin embargo, en los alrededores del establecimiento, la policía detuvo a una menor.