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Más sobre taxistas armados


La idea de otorgar licencias para portar armas a 500 taxistas es disparatada y, tal como dijera el exministro de Gobierno y Justicia, Ricardo Arias Calderón, ella refleja el fracaso de la política de seguridad frente a la delincuencia, seguida por el gobierno nacional.
Nadie que aprecie su vida abordará un taxi en el que sea recibido por un conductor armas en mano, de quien no sabe si es titular del permiso de operación o un palanca de segunda o tercera mano.
En tales circunstancias, es imposible saber de antemano si se está frente a quien lo ha de conducir al destino deseado, o por el contrario, lo ha de desvalijar, violar o asesinar a uno, en la primera oportunidad, con ayuda del mismo arma que las autoridades le han facilitado.
Por lo demás, si el taxista opta por guardar el arma lejos de la vista de un cliente atemorizado, la precaución armada le servirá de nada frente a un maleante decidido y presto a asaltarle desde el asiento trasero, con sus manos fuera de la vista del conductor.
De ese modo, el revólver, pistola o metralleta, en vez de servirle de defensa, puede representar un motivo o incentivo adicional para ser asaltado, además del dinero producto del oficio que pueda tener consigo.
¿Cuántos serenos y agentes de seguridad privados han sido asaltados o han perdido la vida, por el solo hecho de portar un arma de fuego que se convierte en botín predilecto de los delincuentes?
¿Cuántos ciudadanos han terminado hiriéndose a sí mismo con un arma de fuego que supuestamente debió servirles para autodefensa? ¿Cuántos terminaron hiriendo a seres queridos o a terceros inocentes que nada tenían que ver en un asalto o robo? ¿Cuántos niños, hijos propios o ajenos, tendrán ahora a su alcance una de las flamantes 500 nuevas armas?
Por otra parte, es un hecho que gran número de robos y asaltos a negocios y residencias, son perpetrados con participación o ayuda de taxistas. Las estadísticas criminales pueden dar fe de al menos un 20% de tales casos, incluyendo decapitaciones y violaciones.
¿Pueden las autoridades asegurar que las nuevas armas no apuntarán al resto de la ciudadanía colmada de tanta inseguridad como es posible soportar?
El gobierno nacional debe buscar otras alternativas. En Nueva York por ejemplo, los vehículos operan con vidrios de plástico blindados. ¿Por qué no buscan mejores ideas e iniciativas que el promover la justicia por la propia mano, cual ley del Oeste?

101 años de Panamá América

 
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