Masacre ecológica en Penonomé
Desde hace varias semanas venimos publicando noticias sobre el alarmante incremento de delitos ecológicos en Penonomé, provincia de Coclé, ante la indiferencia de las autoridades municipales, provinciales y de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
El primer incidente hecho público consistió en la matanza por masivo envenenamiento de cientos de patos silvestres wichiches ocurrido en el corregimiento de El Coco, cuyo expediente de denuncia reposa en la fiscalía de dicha provincia. La acción legal es promovida por el abogado Juan Ramón Sevillano, a nombre de ANCON.
El segundo caso, en igual período, es la denuncia por contaminación ambiental proveniente de vecinos del mismo corregimiento, afectados por el abuso de pesticidas diseminados por fumigación aérea. Se estima que ambos casos involucran sustancias de uso y abuso en faenas agrícolas, para cuya regulación y cumplimiento poco o nada hacen las autoridades de Salud Pública y de Agricultura.
El tercer caso es en extremo triste y no ha merecido denuncia ni atención de autoridad u organización alguna. Se trata de la matanza de venados liberados hace poco en el Cerro Guacamaya, a iniciativa de organizaciones ecologistas locales, por cazadores furtivos procedentes del corregimiento de Coclé, conocidos como "Quincos", quienes aducen cuentan con permiso de "montería".
La matanza de venados viene dándose en la pequeña localidad de Cerro Gordo, cercana a Sarajevo, El Cañaveral de Penonomé, donde existen abundantes fuentes de agua, árboles y pasto. En el lugar se concentra una rica fauna que aprovecha ciénagas, quebradas y la abundante vegetación que preservan celosamente sus residentes.
A Cerro Gordo ni siquiera llega la luz y, no fue sino hasta hace poco, que se mejoró el estrecho camino que lo comunica a la vía que conduce a Cañaveral. Su escuela primaria sólo cuenta con una educadora que imparte clases a todos los grados y a la vez hace de directora. Las deficiencias escolares son, por ende, evidentes y, de hecho ha provocado un éxodo hacia otras escuelas más lejanas.
Hace un año, a un mal vecino del lugar se le ocurrió hacerse de la explotación de la fina arena que producen las quebradas de Cerro Gordo. No le costó mucho convencer a conocidos comerciantes de comprarle la arena, lo que se tradujo en una devastación inmisericorde, por medio de pesados camiones, que habrían transformado el hermoso paraje en paisaje lunar, a no ser por la providencial llegada de las lluvias. Pero volverán el próximo verano. Lo denunciamos, pero nada ocurrió. ¿Hasta cuándo la indolencia gubernamental? Después vienen las quejas.
El primer incidente hecho público consistió en la matanza por masivo envenenamiento de cientos de patos silvestres wichiches ocurrido en el corregimiento de El Coco, cuyo expediente de denuncia reposa en la fiscalía de dicha provincia. La acción legal es promovida por el abogado Juan Ramón Sevillano, a nombre de ANCON.
El segundo caso, en igual período, es la denuncia por contaminación ambiental proveniente de vecinos del mismo corregimiento, afectados por el abuso de pesticidas diseminados por fumigación aérea. Se estima que ambos casos involucran sustancias de uso y abuso en faenas agrícolas, para cuya regulación y cumplimiento poco o nada hacen las autoridades de Salud Pública y de Agricultura.
El tercer caso es en extremo triste y no ha merecido denuncia ni atención de autoridad u organización alguna. Se trata de la matanza de venados liberados hace poco en el Cerro Guacamaya, a iniciativa de organizaciones ecologistas locales, por cazadores furtivos procedentes del corregimiento de Coclé, conocidos como "Quincos", quienes aducen cuentan con permiso de "montería".
La matanza de venados viene dándose en la pequeña localidad de Cerro Gordo, cercana a Sarajevo, El Cañaveral de Penonomé, donde existen abundantes fuentes de agua, árboles y pasto. En el lugar se concentra una rica fauna que aprovecha ciénagas, quebradas y la abundante vegetación que preservan celosamente sus residentes.
A Cerro Gordo ni siquiera llega la luz y, no fue sino hasta hace poco, que se mejoró el estrecho camino que lo comunica a la vía que conduce a Cañaveral. Su escuela primaria sólo cuenta con una educadora que imparte clases a todos los grados y a la vez hace de directora. Las deficiencias escolares son, por ende, evidentes y, de hecho ha provocado un éxodo hacia otras escuelas más lejanas.
Hace un año, a un mal vecino del lugar se le ocurrió hacerse de la explotación de la fina arena que producen las quebradas de Cerro Gordo. No le costó mucho convencer a conocidos comerciantes de comprarle la arena, lo que se tradujo en una devastación inmisericorde, por medio de pesados camiones, que habrían transformado el hermoso paraje en paisaje lunar, a no ser por la providencial llegada de las lluvias. Pero volverán el próximo verano. Lo denunciamos, pero nada ocurrió. ¿Hasta cuándo la indolencia gubernamental? Después vienen las quejas.