Matar al mensajero
“Matar al mensajero” sigue siendo un recurso atractivo para las autoridades cuando se trata de enfrentar la corrupción. Si el encargado de administrar los fondos del FECE denunció formalmente ante el Ministerio Público las irregularidades cometidas por otros funcionarios en el manejo de estos dineros, no se entiende por qué el denunciante de los actos de corrupción sea el primero en ser expulsado de la institución. Los dos servidores que han ocupado la cartera no deben tratar de pasar “agachados” y le adeudan una explicación a la ciudadanía, pues un desfalco de más de un millón de un fondo de unos B/. 27 millones no es poca cosa.
Estas son malas noticias desde todo punto de vista. Primero, para la maltrecha educación del país; segundo, para la gestión pública porque su operación es ineficiente y -por lo visto- porque cualquier intento de flexibilizar las reglas de manejo de fondos las deja vulnerables al latrocinio que tiene como actores principales a los propios funcionarios; y para la política, porque denota un pobre compromiso en la lucha contra la corrupción, que exige que se protejan a los testigos y denunciantes, sobre todo cuando son servidores del Estado.