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Matilde Gómez: Una lección de dignidad


"No volveré al Darién mientras tenga un amo". Había afirmado Matilde cuando fue destituida como maestra de la Escuela de Garachiné, su pueblo natal, donde inició como maestra graduada en La Normal de Institutoras, apenas salida de la adolescencia. Corría el año 1934. Su gran pecado: haber atendido a un amigo político que llegó de paso a su casa. Es la época en que la politiquería -igual que hoy- destronó a la eficiencia, donde la estabilidad era apenas un sueño.
Hoy, día del maestro, quiero rendir homenaje a esta educadora, que ejemplifica en toda su extensión la dignidad del maestro.
Tan dolorosa experiencia la llevó a desempeñarse en tareas diferentes, no muy acordes con la educación recibida. Logró, después de muchos meses, ser nombrada en Siolí, una remota comunidad rural de la provincia de Chiriquí. Se inicia allí un itinerario profesional que pasa por Siolí Abajo y San Andrés; Purio, El Cocal de Las Tablas y Guararé en la provincia de Los Santos. Por reconocimiento a su labor se le traslada a la Escuela República de Venezuela en la provincia de Panamá. Ingresa en la Universidad de Panamá y se recibe como profesora de segunda enseñanza con especialización en Geografía e Historia.
Su ejercicio docente en al Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, en el Liceo de Señoritas, en el Seminario San José y en la Universidad Nacional fue ejemplar para sus discípulos, tanto más que por su fecundo contenido didáctico, por el componente humano que imprimió a su trabajo, aun a su avanzada edad, conserva la gratitud de sus exalumnos, particularmente de aquellos que tuvieron como residencia espiritual la Escuela normal de Santiago.
En efecto, Matilde no regresó al Darién. Pero nos dio una lección invalorable y permanente: la de la dignidad con empeño moralizador. Una lección que hoy como ayer debe asimilar todo educador auténtico.
Allá y acá, en San Miguelito, ya no existe un espacio físico para enterrar a los muertos. Los camposantos del centro de la ciudad están saturados.
Ese el caso de los cementerios municipales de Concepción, Pueblo Nuevo, Juan Díaz y Amador.
Los cementerios hace poco fueron divididos por corregimientos y muchos sepelios no se podrán realizar en el mismo sector, porque no hay espacio para un muerto más.
Nilsa de Caballero, del Municipio de Panamá dice que en el 2003 se construyó el cementerio municipal de Utivé, pero que aunque el estudio de mercado apuntaba a 80 años de duración, sólo durará la mitad (40 años).
Pero, no todo queda allí. En el distrito de Panamá hay 11 cementerios y todos han sido auditados.
La morosidad en siete de ellos es alarmante.
Según informes del departamento de Servicios Funerarios, hasta el 31 de agosto de este año, la morosidad en el pago de la tasa de mantenimiento ascendía a B/.373 mil 775 con 95, mientras que al 31 de julio superó B/.375 mil 889 con 10.
En la actualidad la mora en los camposantos capitalinos es de B/.400 mil. Una fosa cuesta B/.48 y se debe pagar B/.10 anuales después de 3 años. En una bóveda se paga B/.135 y después de cuatro años se paga B/.30 anuales. En el cementerio de Juan Díaz una cripta cuesta B/.175.

101 años de Panamá América

 
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