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Mayín en la alcaldía


Nuestro distrito capital tiene una gran incidencia en el desarrollo de todo el país. Generalmente lo que se hace y resulta aquí es imitado primero en las cabeceras de provincias y luego en los corregimientos. Las iniciativas y los aciertos de esta ciudad mueven el progreso de toda la nación.
Cuando nos visitan extranjeros, por una suerte de abstracción, se imaginan que el país es como la capital: es nuestra tarjeta de presentación. Nos puede hacer atractivos como destino turístico o como oportunidad de inversión, y también nos puede mostrar como sitio intrascendente e inhóspito, financiera y culturalmente.
Es un deber de las capitales ser vanguardia y liderazgo colectivo de desarrollo en sus territorios nacionales, no sólo por la población que las habita, sino también para corresponder a las proporciones de sus presupuestos.
El municipio es un entorno de participación, un ámbito de realizaciones en el que quien administre, si tiene la capacidad para lograr resultados de importancia, coligar diferentes y hasta opuestas fuerzas, y trabaja, en equipo, orientado por una visión de futuro tan ambiciosa como para contemplar el mayor beneficio colectivo, recibirá el mejor y más valioso retorno a que puede aspirar cualquier funcionario: respeto, admiración y por ende, confianza, de la población.
Por eso, algunos políticos que no pueden evitar pensar más en el beneficio que en los deberes, ven esta posición como trampolín para alcanzar la presidencia. La paradoja está en que un trampolín sirve menos para ascender que para caer en las aguas de las piscinas; en todo el mundo. Los trampolines no son ascensores, o más elementalmente catapultas. En América Latina han sido varios los ejemplos en que buenos alcaldes capitales han sido luego candidatos a la Presidencia de la República.
La posibilidad de realizar obras tangibles, con las que entra en contacto un gran segmento de la población, les resulta muy útil para proyectarse electoralmente. Sin embargo, las grandes oportunidades pueden convertirse en grandes catástrofes, cuando los individuos no tienen la grandeza para realizar el sencillo esfuerzo de ocuparse de sus conciudadanos.
La historia de nuestro municipio capital no ha tenido hasta la fecha ese ciudadano de grandes posibilidades y capacidad demostradas que haya dejado una huella memorable de su gestión. Apenas pueden mencionarse algunos casos un tanto remotos como los de De Diego (poco recordado), y de Nilson Espino, durante los gobiernos militares. Actualmente, Mayín Correa parece haberlos superado a todos, pero la proporción de lo que gasta de los fondos municipales en promoverse pone un tanto en entredicho la trascendencia de su gestión. Es más, la supuesta graduación política a que aspiraba optando por la Presidencia de la República primero se hizo remota y después se hizo absurdo al punto que de encabezar las encuestas hace algunos meses, ahora siempre aparece en la cola, y muy distante.
El caso de la actual alcaldesa es una buena oportunidad para analizar el devenir y el futuro de la alcaldía capital. Mayín nunca ocultó sus deseos de ser la Presidenta de Panamá y sus colocaciones en las encuestas hacían razonables esas aspiraciones, sin embargo algo ocurrió desde entonces. A pesar de estar en la posición más privilegiada para consolidar su imagen; a pesar de gastar inexcusablemente más de dos millones de dólares anuales en anuncios pagados que más pretendían proyectar su figura que la labor de Municipio como corporación; a pesar de haber sido hasta el momento la más hábil administradora del municipio, algo le falló.
Si Mayín hubiera logrado trabajar en equipo y hubiera alcanzado resultados de importancia para la población, hoy contaría con el respeto, la admiración y por supuesto, la confianza de la población. Si así hubiera sido, su propaganda -que está bien dirigida y producida- tendría los efectos buscados. Pero esto no es así.
Ahora está en serios aprietos, porque el respaldo popular del que alguna vez gozó lo ha perdido. Las causas podríamos encontrarlas quizás en los cambios de lealtad que hemos visto a través de su carrera. Cuestionó a los que participaron en la dictadura, pero tiene de colaboradores a muchos que trabajaron para los militares. Ha cuestionado el nepotismo de gobiernos anteriores, pero la acusan de tener 48 familiares y amigos nombrados en el municipio, incluyendo a varios de sus hermanos. Reclama liderazgo, pero no ha podido liderar a los miembros del Consejo Municipal. Por otro lado ha logrado proyectos muy vistosos socialmente y costosos económicamente pero ninguno de trascendencia. El último proyecto, Mi Pueblito Afroantillano, costó más de 8.5 millones de balboas (6 el terreno y 2.5 la infraestructura). Y se habla de problemas de administración con unas contrataciones.
Habiendo declarado que aspiraba a encabezar la primera fuerza electoral y simultáneamente perder favor en las encuestas, la única opción que la tomó en cuenta, la del banquero Alberto Vallarino, ya no la encuentra tan valiosa para la alianza porque se ha convertido en un lastre político. Entonces Mayín queda con el problema que significa largarse a la reelección en la alcaldía, cuando ella ha dicho que adversa la reelección, los funcionarios de la alcaldía la rechazan y encima se tomaría un riesgo muy grande que podría acabar con su carrera y es que la Alianza Nueva Nación logró reclutar como candidato a la alcaldía a quien tiene todas las cualidades para acabar con su carrera.
Lo cierto es que la medida de sus errores guardan proporción con su importancia política. Mayín ha cometido enormes errores porque tuvo grandes ambiciones. Quizá le faltó una organización, con más altura política y capacidad de concentración. Quizá le faltaron principios o lo que le faltó fue propaganda, pero su ejemplo demuestra que no basta.
Sin embargo, su ejemplo será el punto de partida para el próximo, que quizá ya haya tomado nota de lo que no hay que hacer para morir políticamente en la alcaldía, porque ya 8 años bastan, 13 serían insufribles.

101 años de Panamá América

 
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