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Me excusan, pero insisto


DEBIDO A LOS diferentes intereses particulares y de grupos no le vaticino buen final, al diálogo para modificar la Ley 17. Ojalá esté equivocado, pero creo mi deber expresar esta preocupación por el destino del país y de la democracia si no logramos ponernos de acuerdo en un tema tan crucial y sensitivo.
Aparte del error estratégico del gobierno en el manejo del tema, al poner la carreta delante de los bueyes, contribuye a ese probable fracaso no visualizar que la ley en mención es rechazada por toda la ciudadanía y, aunque ésta no comulga con las intenciones y métodos de lucha de FRENADESSO, cómodamente piensa que el fin justifica los medios; y si no hay pan, buenas son las tortillas.
Hay que tomarle la justa medida al sentimiento popular. El pueblo no quiere las medidas paramétricas, y por el nivel de insatisfacción que existe, por los múltiples temas ya mencionados, el pueblo no aceptará estas medidas. Por el otro lado, debido a la crisis financiera del Seguro Social, no hay tiempo suficiente, ni el ambiente necesario, para convencer a nadie de la necesidad de las mismas.
Sería otro error garrafal tratar de imponer el criterio establecido en la Ley 17. Esto provocará la ira nacional. El sentimiento de manipulación del diálogo por parte del gobierno ya está arraigado en la población, de tal manera que el insistir en dicha ley, se desencadenará un proceso de protesta generalizado. Sin la menor duda, ello juega con intereses ocultos de grupos de políticos que ya se agitan pensando en las próximas elecciones y no es la solución de la CSS. Están los sindicalistas con agenda no muy clara y mucho menos convincentes. Están también los empresarios y comerciantes, algunos con intereses genuinos por el futuro de la institución. Veo en la clase media, salvo escasas excepciones, un verdadero interés en salvar la seguridad social (que no es igual a CSS).
Ante este panorama, estimo que la mejor solución es un sistema de seguridad social totalmente nuevo, aunque la regla política no aconseje los cambios radicales, pues crean inseguridad y se forman antipáticos. La inseguridad se vence con transparencia y liderazgo y la antipatía se neutraliza cuando las mayorías salen beneficiadas con el cambio.
El cambio debe ser hacia los dos pilares: con cuentas individuales manejadas institucionalmente por la CSS, es decir, sin privatizar el organismo; y la solidaridad de toda la sociedad para y hacia seguridad social de toda la población. O sea, se crea un subsidio básico para toda la población con derecho a jubilarse. A este subsidio se sumarían nuestros aportes individuales. Lógicamente, los gerontes menos pudientes sería los más beneficiados.
El sistema actual se extinguiría en unos 35-40 años y sería financiado por el Estado, devolviendo así la deuda acumulada de los intereses dejados de pagar a la CSS durante toda su existencia. Además, este sistema daría a nuestra juventud seguridad absoluta y real después de los 20 ó 40 años como se ha vaticinado.
Esto no se paternalismo, es un modelo justo, cristiano y socialmente necesario. Económicamente estimularía sectores productivos, hoy silentes e improductivos. Tiene un costo, pero éste es una inversión en seguridad social y pública y, sobre todo, es una inversión para la dignidad de nuestros ciudadanos de la tercera edad.
Con frecuencia escuchamos hablar a renombrados personajes sobre la pobreza, la marginalidad y la pésima distribución de las riquezas. A algunos les creo; a otros, la mayoría, considero que mienten, pues ante medidas que se proponen para remediar estos males sociales, disfrazando su pensamiento derechista y antisocial gritan: ¡Paternalismo!
Insisto en que lo que propongo, junto a un apoyo sustancial a la educación, es la forma más equitativa para mejorar la distribución de la riqueza nacional. La función social de un gobierno democráticamente elegido es procurar el bienestar de todos los segmentos de la sociedad. A los niños, asegurarles su alimentación, educación y esparcimiento, a los jóvenes y adultos, su educación y oportunidades de trabajo y; a los ciudadanos de la tercera edad, las condiciones parea que vivan sus últimos años con dignidad, decoro y alegría. ¡Qué diferentes se ven los ciudadanos de tercera edad de otras latitudes que nos visitan en los cruceros y qué vida más placentera tienen esos ciudadanos en Europa! No se parece en nada a la antesala del infierno que viven los panameños jubilados en nuestro medio.
No hay duda que este es un programa con cierta inversión, pero cobrando los impuestos sin ningún tipo de exoneración ni miramientos, eliminando los subsidios, que ingrese al Estado lo que producen los consulados, eliminando los aportes a los partidos políticos, regularizando los grandes sueldos de funcionarios, eliminando los suplentes de legisladores y representantes de corregimientos, eliminando un cargo de vicepresidente, prescindiendo de nuestra participación con diputados al PARLACEN y muchos gastos más, resultaría factible.
Al beneficiarse toda la población con el nuevo sistema, cabría un aporte de los ingresos del Canal y del fondo fiduciario, entre otras medidas.
Con estas acciones, estoy seguro que se obtiene el capital semilla anual para financiar el programa y, en última instancia, se pueden crear tasas impositivas para la seguridad social para todos los que devengamos un salario y para otras actividades lucrativas alejadas del campo social. Todo ello coadyuvaría a la tranquilidad de los hogares de todo el país.
Marisol Rivera, tesorera del club de padres de familia, manifestó el temor que sienten ante la implementación de un salón de cómputo para el progreso de los estudiantes, ya que los delincuentes pueden ingresar y hurtar los equipos computarizados.
Rivera hace un llamado a las autoridades para que se brinde seguridad a las escuelas del país.
El centro de estudio recibe el apoyo del celador de la Junta Comunal, quien está vigilante ante cualquier anormalidad que se registre en la Escuela Melchor Lasso de la Vega.
Otras de las medidas que ha implementado el centro de estudio, es que las personas que lleguen deben anunciarse a la dirección para prevenir los robos.
La matrícula de estudiantes es de 1, 228 alumnos repartidos en turnos matutino y vespertino.



101 años de Panamá América

 
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