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A media asta


Indudablemente que el 9 de Enero es fecha luctuosa para todos los panameños. Una jornada más de sacrificios rendida, principalmente por una generación de estudiantes ávidos de dignidad y soberanía.
Nuestras autoridades respondieron con honor patrio y llevaron, sobre todos los riesgos, al rompimiento de relaciones con el país más poderoso del mundo. Este gesto de incalculable valor histórico le correspondió al presidente liberal Roberto F. Chiari, dando paso a nuevos entendimientos destinados a procurar una recuperación más definida de nuestra jurisdicción sobre los enclaves coloniales que gravitaban en nuestro seno.
El pasado ya es pasado, pero forma parte de nuestra historia. Y esa historia siempre estará presente.
No osbtante ayer nos emocionamos cuando acompañados de nuestro amigo el Primer VicePresidente del Partido Liberal, don Julio Harris, pasábamos por Fort Clayton y vimos a media asta no solamente la bandera panameña sino la bandera norteamericana, en un gesto de reconocimiento a nuestro pesar histórico y de significativa proyección de mejores políticas americanas para mejores acuerdos de reconciliación.
Pero si el pasado trajo consigo luchas permanentes de los panameños por rescatar su soberanía en todo el territorio nacional, es necesario que pensemos de que a finales del próximo año habremos cumplido una etapa nacional de logros patrióticos.
No es posible levantar pedestales de mármol a nacionalistas o ultranacionalistas que nada dijeron en el pasado cuando se impusieron las cláusulas onerosas, que unilateralmente le permiten a los Estados Unidos intervenir en el territorio nacional so pretexto de ineficiencia en el manejo o inseguridad en el Canal de Panamá.
Estas cláusulas tarde o temprano tendrán que ser revisadas. El mismo Torrijos reconoció que esos Tratados con sus enmiendas nos ponían bajo el paraguas del pentágono. De que si no andábamos con mucho cuidado en el manejo de estos acuerdos estaríamos frente a mayores y más graves conflictos.
Frente a estas verdades nos vienen otras, al presente, que tenemos que administrar no solamente con sentido nacionalista sino con miras al bienestar, principalmente de nuestro hemisferio. El flagelo de la droga está azotando a todos los países del mundo. En nuestro país su incursión se hace, cada día, más incisiva y peligrosa. Nuestras juventudes están expuestas a un deterioro irreparable, si no coadyuvamos en combatir a estas incursiones mortales.
Estaremos pronto frente a una decisión que debemos tomar con todo nuestro orgullo soberano y con toda nuestra capacidad jurídica de ejercer esa plena soberanía sin miedos, pero con alto sentido de responsabilidad panameña y continental.
Llegado el momento, cada panameño debe prepararse para actuar con su conciencia en la proyección cívica e histórica, que debemos tener para con Panamá.

101 años de Panamá América

 
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