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Medicamentos


Con frecuencia los panameños nos quejamos que los medicamentos son costosos y que el sufrido pueblo no tiene dinero para comprarlos, a esto añadimos o insinuamos que existen intereses creados que controlan el negocio de las medicinas.
Frente a esta situación algo debe hacerse, la salud en un bien preciado a la que no escatimamos esfuerzos por conservarla y no nos queda más remedio que adquirir los medicamentos que nos recetan los facultativos. Desde hace mucho tiempo escuchamos la iniciativa de crear el Instituto de Medicamentos, como una alternativa para disminuir los costos de los medicamentos. También se habla de que las prescripciones se hagan con nombres genéricos. En la primera opción, se asume que el Instituto de Medicamentos controlaría la oferta de medicamentos y corregiría cualquier tipo de desviaciones que conlleve un aumento de costos desmesurado, situación que podría darse si tomamos en cuenta que el ente normativo de esta organización sería el Estado, el cual representa más del 70% de la demanda de medicamentos, lo que le da una capacidad de negociación con las empresas que ofertan medicamentos.
Cuando hablamos de medicamentos con nombres genéricos, se pretende insinuar que si se prescriben los medicamentos con nombres comerciales, estamos forzando al paciente a que adquiera un producto de determinado laboratorio a mayor costo, existiendo en el mercado medicamentos que tienen el mismo principio excipiente y que se pueden conseguir a menor costo. Este planteamiento equivaldría a decir, en proporciones guardadas, que un cliente que compra arroz, no tenga la discreción de escoger la marca de arroz de su preferencia. Los médicos que de acuerdo a su criterio profesional consideran que deben prescribir sus recetas con nombre comerciales pueden hacerlo y aquellos que deseen hacerlo con nombres genéricos están en su pleno derecho.
A nuestro criterio, ninguna de estas dos opciones apuntan a los que originan los gastos de medicamentos, que son los médicos, pues no tenemos un sistema que nos permita valorar la racionalidad de los médicos en la prescripción de medicamentos, a excepción de algunas restricciones que tienen médicos generales en cuanto a la cantidad de medicamentos que pueden recetar en una consulta médica.
En algunos sistemas, al médico no se le restringe los medicamentos, se le solicita que haga una buena clínica y como consecuencia de un buen tratamiento, el paciente disminuya la frecuencia con que deba regresar a la consulta. Es obvio, que un buen tratamiento disminuye los costos de atención médica, incluyendo las medicinas, y si ello involucra prescribir un medicamento con nombre comercial, vale la pena la inversión.
Para lograr este objetivo, se necesita disponer de un sistema informático, que permita tener una retroalimentación de la práctica médica y valorar el costo de la atención médica. Entre las variables que se pueden medir y que tienen gran incidencia en el costo de los medicamentos podemos mencionar las siguientes:
El costo del componente medicina dentro de la atención médica.
La frecuencia con que el paciente regresa a la consulta por la misma patología.
La tendencia que pueda tener un médico a recetar medicamentos de un solo laboratorio.
La tendencia de una institución de salud a recetas medicamentos de un solo laboratorio.
Los días estancias de un paciente ingresado en un hospital.
Al hacer una relación de estas variables, podemos llegar a conclusiones, tales como el médico que representa mayor costo al sistema, la manipulación que pueda darse por parte de un laboratorio al influir en los médicos para que receten sus medicamentos, entre otras, y que indudablemente obligaría a los médicos a hacer una mejor clínica, porque el sistema eliminaría en un mercado competitivo a los médicos que no son rentables.
Desde luego, como en toda organización deben existir los contrapesos que eviten los excesos en un sistema, y en el sector salud debe tener profesionales calificados en administración de servicios de salud, con suficientes criterios para detener en el momento oportuno la tendencia alcista de los medicamentos. Para concluir, tenemos que admitir que el sistema no se puede mantener como un mero espectador de lo que realizan los médicos, y que se dispone de la tecnología para medir la eficiencia del acto médico y en consecuencia realizar los correctivos necesarios.

101 años de Panamá América

 
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