Medicamentos desechables
Hace cerca de dos años la Caja de Seguro Social tuvo que botar medicamentos de vigencia vencida que representaban la suma de 900 mil dólares. Se habían mantenido en sus depósitos hasta que perdieron la vigencia por haber perdido su eficacia. No llegaron a usarse por dos posibles razones: Se compraron en cantidades excesivas, o los médicos dejaron de recetarlos por ineficaces, una vez enterados de ello por los propios pacientes.
En ambos casos puede colegirse que fueron adquiridos en esas formas a base de amiguismo o parentesco, o por pecaminosas y censurables combinaciones entre los respectivos vendedores y gente de la propia institución. Para entonces dimos nuestra voz de alerta y solicitábamos una investigación prolija sobre el particular y sugeríamos una medida de seguridad para evitar la repetición de tan costoso despilfarro. Los directores no se enteraron de nuestros buenos propósitos, o los menospreciaron. Nada se hizo.
Ahora, para nuestro estupor, estamos frente a la necesidad de desecho de medicamentos que corrieron la misma suerte que los anteriores, pero con un equivalente superior al millón de dólares. Ante tan alarmante realidad, el asunto no debe quedar allí. En virtud de que se trata de un nuevo desperdicio que se ha hecho público anunciado por la propia institución, insistimos en que se dé atención al caso para evitar futuras repeticiones de los dos casos mencionados. Una solución es sancionar, hasta con su peculio, al o los funcionarios responsables del desperdicio.
Es preciso establecer y mantener un celoso control de calidad. No es al mejor postor a quien debe otorgársele un contrato de suministro cuando de medicamentos se trata, y en lo que está envuelta la salud pública.
Mientras no se adopten serias y eficaces medidas de prevención, seguirán ocurriendo combinaciones pecaminosas para surtir a la CSS de medicamentos; peor aún, puede ocurrir que verdaderos clavos sustituyan en un momento dado a los eficaces.