Medio Oriente: ¿A las puertas de la paz?
Israel y Palestina han anunciado progresos en las negociaciones de paz. Voz alentadora si se consideran las angustias que ha pasado esa torturada región. Pero indicador también de que superada la posición radical que representaba el fallecido líder Yasser Arafat, las posibilidades de paz han avanzado más rápidamente.
El propio Primer Ministro, Ariel Sharon, representante y sostenedor por muchos años de posiciones inflexibles, ha dado muestras contundentes de su interés por cesar la guerra.
De otra manera no se puede interpretar que a riesgo de su propia vida, haya presentado para su aprobación en la Knesset, el plan de retirada de los israelíes residentes en la franja de Gaza, a partir de agosto venidero, consciente como está del rechazo en su propia base política que tal medida supone, aunque sea respaldado por la mayoría de los israelíes.
Terminar la guerra a como dé lugar es una meta que, aun cuando no representa el fin del conflicto, traslada su solución a un nivel cualitativamente distinto a los escenarios de guerra e Intifadas, que la han caracterizado en los últimos años. La sombra de un peligro se levanta, sin embargo, contra esta posibilidad. La sombra de los extremismos en ambos países. Mientras que sectores radicales de Al Fatah y los grupos como Hamas y Jihad Islámica mantienen las posiciones militantes del desaparecido Arafat, los grupos ultranacionalistas religiosos de Israel rememoran, con sus amenazas a Sharon, el triste episodio que culminó con el asesinato del inolvidable Isaac Rabin.
Pero la intransigencias son siempre enemigas de ese tipo de alternativas, y las incomprensiones que portan sólo prolongan los sufrimientos y el encuentro de medios y propósito pacificadores.
Es de esperar que las fuerzas progresistas de Medio Oriente, así como las del mundo, materialicen lo que ahora parece estar en un calendario pacificador, e impidan que con los líderes de Israel y Palestina suceda lo que ocurrió con Rabin, cuya muerte significó seguir marchando por el calvario de la guerra.
El propio Primer Ministro, Ariel Sharon, representante y sostenedor por muchos años de posiciones inflexibles, ha dado muestras contundentes de su interés por cesar la guerra.
De otra manera no se puede interpretar que a riesgo de su propia vida, haya presentado para su aprobación en la Knesset, el plan de retirada de los israelíes residentes en la franja de Gaza, a partir de agosto venidero, consciente como está del rechazo en su propia base política que tal medida supone, aunque sea respaldado por la mayoría de los israelíes.
Terminar la guerra a como dé lugar es una meta que, aun cuando no representa el fin del conflicto, traslada su solución a un nivel cualitativamente distinto a los escenarios de guerra e Intifadas, que la han caracterizado en los últimos años. La sombra de un peligro se levanta, sin embargo, contra esta posibilidad. La sombra de los extremismos en ambos países. Mientras que sectores radicales de Al Fatah y los grupos como Hamas y Jihad Islámica mantienen las posiciones militantes del desaparecido Arafat, los grupos ultranacionalistas religiosos de Israel rememoran, con sus amenazas a Sharon, el triste episodio que culminó con el asesinato del inolvidable Isaac Rabin.
Pero la intransigencias son siempre enemigas de ese tipo de alternativas, y las incomprensiones que portan sólo prolongan los sufrimientos y el encuentro de medios y propósito pacificadores.
Es de esperar que las fuerzas progresistas de Medio Oriente, así como las del mundo, materialicen lo que ahora parece estar en un calendario pacificador, e impidan que con los líderes de Israel y Palestina suceda lo que ocurrió con Rabin, cuya muerte significó seguir marchando por el calvario de la guerra.