default

Medios de comunicación social para la paz


El Papa, en su mensaje anual con motivo de la Jornada de Comunicación Social, este año nos ofrece algunas consideraciones. Está el criterio de que el valor de las ideas no está en proporción de la mayor o menor publicidad que reciban, sino en el germen vital de verdad que lleven. Por eso es preciso sembrar ideas siempre. La verdad es fecunda y tarde o temprano da su fruto. El afirma que "todos sabemos de la influencia que ejercen los medios de comunicación social en el aprendizaje de conductas y valores. Su acción es imprescindible para el desarrollo de la sociedad, pero por ello mismo les incumbe una gran responsabilidad. Los medios de comunicación tienen como funciones: informar, entretener y educar. Si el criterio para las decisiones es únicamente el índice de audiencia, la dimensión cultural y formativa acabará perdiéndose".
"Tampoco puede considerarse el derecho a la información como absoluto sin tener en cuenta otros derechos de la persona. Ninguna libertad, ni siquiera la libertad de expresión, es absoluta; pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás y, sobre todo, el respeto a la verdad. Comunicar la difamación y la calumnia, o mensajes que fomentan sistemáticamente la violencia, la obscenidad y la pornografía no pueden cobijarse bajo el derecho de libertad de expresión". Sin embargo, como panameños en un diuturno proceso de maduración, a veces discutimos este aspecto.
"Los dueños y comunicadores sociales no pueden dejarse guiar únicamente por las libertades económicas, por el sensacionalismo y por los intereses particulares, sino que tienen que estar conscientes de su papel de orientadores de la opinión pública, tomando en cuenta a los sectores más vulnerables de la sociedad, como son niñas y niños, los jóvenes y los empobrecidos."
"Apelamos a los constructores de la sociedad, en especial a los responsables de los medios de comunicación social, a unirse a nuestro compromiso por promover auténticos valores humanos y estilos de vida cónsonos con nuestra vocación de excelencia humana. Les exhortamos a que elaboren su propio código de conducta, tomando en cuenta que el Estado tiene la responsabilidad de frenar los abusos de quienes insisten en presentar programas de irrespeto a la dignidad de las personas o contrarios a los valores que profesa la sociedad". "Los ciudadanos tienen que cultivar una mayor conciencia crítica para analizar y seleccionar el uso de los medios, y organizarse para responder adecuadamente a la agresión con esos medios que propagan antivalores o nos inducen a actitudes destructivas contra la vida. Sobre todo los padres de familia tienen una gran responsabilidad de enseñar a sus hijas e hijos a usar con un sentido crítico la enorme cantidad de información que nos invade diariamente a través de los medios..." "Mientras tanto, ha crecido enormemente el poder de los medios para moldear las relaciones humanas e influenciar la vida política y social, tanto para el bien como para el mal".
"Los medios y la verdad. La libertad de buscar y decir la verdad es un elemento esencial de la comunicación humana, no sólo en relación con los hechos y la información, sino también y especialmente sobre la naturaleza y destino de la persona humana, el respeto a la sociedad y el bien común, respecto a nuestra relación con Dios. Los medios masivos tienen una irrenunciable responsabilidad en este sentido, pues constituyen la escena donde hoy en día se intercambian las ideas y donde los pueblos pueden crecer en el conocimiento mutuo y la solidaridad". "De hecho, con frecuencia, los medios prestan un valiente servicio a la verdad; pero a veces funcionan como agentes de propaganda y desinformación al servicio de intereses estrechos o de prejuicios de naturaleza nacional, étnica, racial o religiosa, de avidez material o de falsas ideologías de tendencias diversas. Ante las presiones que empujan a la prensa a tales errores, es imprescindible una resistencia ante todo por parte de los propios hombres y mujeres de los medios, pero también de la Iglesia y otros grupos responsables". " Si bien es cierto que los medios suelen pertenecer a grupos con intereses propios, privados y públicos, la naturaleza intrínseca de su impacto en la vida requiere que no favorezcan la división entre los grupos -por ejemplo en el nombre de la lucha de clases, del nacionalismo exacerbado, de la supremacía racial, la limpieza étnica u otros similares. Enfrentar a unos contra otros en nombre de la religión es un error particularmente grave contra la verdad y la justicia".
"La libertad es una condición indispensable de a verdadera paz, así como uno de sus más preciosos frutos. Los medios sirven a la libertad sirviendo a la verdad y por el contrario, obstruyen la libertad en la medida en que se alejan de la verdad y difunden falsedades o crean un clima de reacciones emotivas incontroladas ante los hechos". " Si los medios están para servir a la libertad, ellos mismos deben ser libres y usar correctamente esa libertad. En particular, los reporteros y comentaristas tienen el grave deber de seguir las indicaciones de su conciencia moral y resistir a las presiones que les empujen a "adaptar" la verdad para satisfacer las exigencias de los poderes económicos o políticos". "...Los hombres y mujeres de los medios están especialmente obligados a la paz en todas las partes del mundo derribando las barreras de la desconfianza, impulsando la reflexión sobre el punto de vista de los otros, y esforzándose siempre por aunar a los pueblos y las naciones en un entendimiento y respeto mutuo; y más allá de la comprensión y el respeto, en la reconciliación y la misericordia". Tanto por vocación como por profesión, están llamados a ser agentes de paz, de justicia, de libertad y de amor, contribuyendo con su importante labor a un orden social "basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de justicia, sustentado y henchido por la caridad y realizado bajo los auspicios de la libertad".
Desde muy temprano los liberales inconformes con su papel secundario en la Junta de Gobierno y sobre todo en el Gobierno de Amador, resultado de su papel secundario en la Independencia misma, estimularon las ambiciones del General Huertas, quien solicitó por escrito del Presidente el relevo de sus principales ministros conservadores, a saber Tomás Arias de Gobierno y Relaciones Exteriores y Nicolás Vitoria Jaén de Educación, en carta en la que se equiparaba en importancia al Presidente y advertía que si no actuaban juntos él podría verse obligado a actuar sólo, en un tono implícitamente amenazante. Su iniciativa condujo a su propio retiro y al desmantelamiento del ejército, como peligroso para la estabilidad democrática de nuestro país. Tomás Arias tan pronto supo de la carta le presentó su renuncia a Amador y a solicitud del Presidente le hizo su renuncia irrevocable para que Amador no apareciera decidiendo aceptarla, sino teniendo que hacerlo. Fue primero sustituido por otro conservador, Santiago de la Guardia, con quien tenía algunas diferencias de punto de vista, y luego por su hermano de padre e íntimo amigo, Ricardo Arias Feraud, liberal moderado.
En su Memoria de 1906 como Secretario (Ministro) de Gobierno y Relaciones Exteriores, que se guarda y pude consultar en los Archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, se encuentran los siguientes comentarios de Arias Feraud sobre la realidad política del primer gobierno de la República. Afirma que como resultado de la separación de Colombia, se logró el "gran beneficio" de que se cerró "la era de las contiendas políticas...causa de la ruina material del país y de la desmoralización parcial de su pueblo". Señala que el gobierno ha actuado con "excesivo espíritu de tolerancia que ha sido válvula de escape a las pasiones". Pero añade "que tenemos que lamentar que las pasiones políticas hayan estado durante el tiempo que cubre esta memoria grandemente excitadas, produciéndose por tanto ese malestar público que embaraza la administración y le quita elementos valiosos utilizables en más serenas circunstancias." Las causas de este resurgir de pasiones sectarias eran, para Arias Feraud, "los antiguos vicios de educación y de hábito" que no se adecuaban a "nuestra constitución política...[que fue un] pacto de concordia entre las antiguas doctrinas" y tampoco se adecuaban a "las peculiares condiciones creadas para la República por el Tratado para la construcción del Canal...[que nos imponen como principal obligación] el mantenimiento del orden a toda costa." Termina expresando la esperanza que se puedan "restañar las heridas del pasado y emprender nueva vida nacional, si no bajo los mismos singularmente felices auspicios del nacimiento de la República, al menos borrando en cuanto sea posible las huellas extraviadas del pasado."
Gracias a voces sensatas y reconciliadoras como la de Ricardo Arias Feraud se le daría tiempo a la nueva República para consolidarse antes que tuviera que enfrentar en 1931 su primera gran crisis institucional. [La próxima semana analizaré el papel importante de Belisario Porras en el establecimiento de la República].
(ariyan@sinfo.net)
Por su parte, el Dr. Silvio Guerra, catedrático universitario y estudioso de la jurisprudencia, considera que el proyecto traduce un avance en la legislación penal panameña. Sin embargo, su contenido pudo haber ido más lejos, toda vez que el derecho penal del siglo XX e inicios del siglo XXI es un derecho penal de acto, es decir que las acciones ilícitas previstas como delictivas deberán atender al acto delictivo y no al autor, ya que se terminaría reconociendo que quien comete un delito es declarado culpable o penalmente responsable.
222 Aunque representa un avance en la legislación panameña, su contenido pudo haber ido más adelante. Según los juristas, una de sus carencias es la figura de los Jueces de Vigilancia, personal independiente del Poder Judicial que controla el cumplimiento de las penas.
Las consecuencias jurídico penales están enmarcadas en un contexto claramente advertible en que es para la privación de la libertad en la mayor parte de los casos o la limitación o restricción impuesta para el ejercicio de ciertas actividades profesionales o de oficio.
Considera Guerra que si algo bueno pudo haberse proyectado en la nueva legislación electoral era reconocer el derecho al voto tanto de la población detenida preventivamente como de quienes ya cumplen con una pena impuesta. Novedosas teorías del derecho penal de la criminología, indican que la pena no debe recaer jamás en lo que atañe al cuerpo o conformación de la persona declarada culpable. Una pena se constriñe a la cuestión de la libertad ambulatoria. Hay toda una gama de libertades: De la libre emisión de pensamiento, de libre asociación, de comercio etc. La interrogante sería: una persona declarada culpable o detenida preventivamente ¿no podría ejercer el comercio?
Al respecto, Guerra indicó que muchos empresarios privados de libertad siguen manejando sus respectivos negocios. En una auténtica democracia el poder deliberativo de los asociados no puede excluir jamás a la población penitenciaria que por el hecho de haber sido condenados o detenidos preventivamente, no han perdido su condición de nacionales. Reducirles su derecho político a elegir, es tanto como minimizarlos en su condición de personas. Es peligroso aplicar un reduccionismo jurídico a quienes han delinquido o se encuentran en espera de una pena.
El derecho al voto hay que advertirlo en el nivel de transparencia que implica la necesidad de establecer los mecanismos de claridad para que su emisión no se encauce hacia el voto controlado por los detentadores del poder político. Se requiere que el Tribunal Electoral, fiscalice y custodie el voto del detenido. Los verdaderos garantes son los funcionarios del Tribunal Electoral. Según Guerra, países como Costa Rica, Suiza, España, Brasil, Francia e Italia, fundamentados en el liberalismo jurídico político constitucional, tienen bien entendido que el ser reducido a prisión no significa, en la práctica, el reduccionismo de las otras libertades de la esfera de los derechos ciudadanos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América