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Meditación XVII, en el XXI


EN 1624, a pocos años de su muerte, el poeta John Donne escribió un trozo de prosa -llamada la Meditación XVII- que refleja el inicio de la visión universal, globalizada, del mundo que tenemos hoy. Habla de la tradición rural de sonar campanas anunciando al pueblo la muerte de un hermano. "Quizás para quien suenan las campanas está tan enfermo que no sabe que suenan para él mismo; y quizás yo piense que estoy mejor de lo que realmente estoy, y que ellos que me rodean, al ver mi estado, hayan causado que suenen para mí, y no lo sepa".
El escrito continúa advirtiendo que ningún hombre es una isla para sí, que la pérdida de un hombre en nuestra sociedad es pérdida para todos, pues nosotros no podemos considerarnos verdaderamente independientes: "la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque soy parte de la humanidad".
Suenan campanas en todo el continente, y en todo el mundo, excepto en Caracas. Si hermanos en Venezuela pierden una voz, una institución, una pilastra del último vestigio de democracia sin claro control autoritario del ejecutivo de ese pueblo, entonces nosotros también perdemos una porción de lo que es democracia en nuestro país.
El atropello de derechos humanos en cualquier país del mundo ya trasciende fronteras; los regímenes autoritarios, fascistas o dictatoriales que en antaño escudaban prácticas antidemocráticas, bordeando en terroristas, con excusas de soberanía interna, ya no son políticamente tolerables. Hemos aprendido que el deterioro en democracia de nuestros vecinos nos afecta directamente, sea por temas migratorios, comerciales o de seguridad en la región.
No hay que averiguar por quién suena la campana de Caracas, como escribió Donne hace casi 400 años. La campana que advierte el silencio forzoso de voces en Venezuela suena para nosotros también, no sólo en Panamá sino en todas las Américas. El caso no es RCTV, el caso es un gobierno que se encuentra forzado a callar a golpes las voces que lo critican. ¿Cual será el legado? ¿Ayudará esto al progreso y la estabilidad en Venezuela, en nuestra región? ¿Cómo se puede decir que el pueblo venezolano realmente es mejor con este cierre?
La pregunta no puede ser si habrá otro cierre de medios en Venezuela, otra nacionalización, si otra empresa con miles de empleados quedará ahorcada por razones políticas; la pregunta realmente es ¿cuándo será? Y con este paso, ya no podemos quedarnos con el lujo de pensar que este episodio es aislado, único en el hemisferio, allá en Venezuela. El cierre de RCTV nos toca, y nos tocará, a todos en Latinoamérica, a todos con derecho a conocer lo que ocurre en un país vecino, a todos con derecho a opinar, comentar y aprender, a todos quienes gozamos de libertad de expresión y apreciamos nuestro derecho a la información.
Desde hace más de una década nuestras frágiles democracias salieron de un largo período dominado por gobiernos no tolerantes a la renovación, con el consabido estancamiento de desarrollo que acapara sociedades con ese yunque. Si la democracia no es justa, el autoritarismo es claramente justo, por definición, -sólo para unos pocos- el desarrollo de los muchos queda limitado al albedrío de esos pocos, sin cuestión de empeño ni esperanza alternativa para el resto.
Mientras que la democracia moderna no garantiza desarrollo frente a los nuevos retos sociales del hemisferio, seguramente en todo momento hay que respetar los derechos inalienables de los miembros de nuestras sociedades, sean indígenas, mareros, comerciantes o burócratas. Y una sociedad que calla la crítica o rehúsa la renovación ejecutiva, amenaza el desarrollo ordenado de no sólo su propio futuro, sino también el promisorio futuro de la región que tanto lo necesita.

101 años de Panamá América

 
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