Megaproyectos o megailusiones
FUE imposible en los años 1992 vender la idea de que había que privatizar los puertos de Cristóbal y Balboa, entonces en las manos ineficientes del Estado y de sindicatos portuarios. Por otro lado, la labor que hubo que hacer para lograr la aprobación de un primer proyecto privado, fue titánica. No existía una cultura portuaria de primer mundo, los servicios que se prestaban eran una verdadera vergüenza, cuando llovía había paro de labores, las grúas y sus equipos obsoletos estaban en permanente espera de piezas para su reparación. Las naves permanecían tres y más veces el tiempo necesario para su descargue.
Como presidente de la Autoridad Portuaria Nacional y miembro del Gabinete me tocó convencer al presidente Guillermo Endara de que nuestro país no podía seguir operando sus puertos en esa forma y que para nuestra condición de ruta marítima obligada significaba desperdiciar oportunidades de inversión y la creación de nuevos empleos. La preocupación dentro del Gabinete se centró, por razones obvias, en la oposición de parte de los sindicatos y las posibilidades de un paro portuario a nivel nacional que dejaría al país aislado y económicamente paralizado.
Después de evaluar todos estos posibles escenarios, llegamos a la conclusión de que la mejor manera de evitar una confrontación era venderles la idea de que el crecimiento del país y las actividades canaleras hacían necesario un nuevo puerto en el Atlántico y que como el gobierno no tenia recursos se daría su construcción a concesión privada. Muchos empresarios y políticos que no entendían entonces la importancia de este proyecto se manifestaron públicamente en contra, y algunos hasta comparecieron ante el pleno de la Asamblea Legislativa durante la discusión del contrato ley, para manifestar su desacuerdo (ver artículo de opinión, EPASA octubre 20 de 2002).
Quiero manifestar la gran satisfacción que siento de haber dedicado tantos esfuerzos a ese tema y el haber contado con un equipo en el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) que me apoyó sin vacilaciones. Ahora que puedo observar como una idea y la perseverancia de muchos que creyeron en el proyecto, en especial el Presidente Endara, logró este resultado de gran trascendencia para nuestro país.
Desde hace meses se viene hablando de un Megapuerto, patrocinado por el gobierno en la entrada del Canal. Hasta donde he podido analizar esta megainversión no encuentro justificación para realizarla en estos momentos. Me preocupa ver titulares en los medios que indican que: "Gobierno reduce tamaño de Megapuerto para hacerlo rentable". Creo que si este es un proyecto privado son los inversionistas los que deben decidir el tamaño de su inversión y no el Gobierno Nacional y segundo, porqué tiene el gobierno que promover con tanta vehemencia una obra que a todas luces no es en estos momentos indispensable para el país. Los puertos de Balboa están trabajando hoy por debajo de su capacidad y actualmente se invierten en ellos cientos de millones en nuevas expansiones y grúas. Considero que debemos esperar que estas obras maduren y no estar forzando cifras para que un nuevo proyecto justifique su inversión.
Tengo entendido que la obra de expansión del Canal tendrá que disponer de millones de metros cuadrados de tierra y que dentro de sus estudios está la posibilidad de la creación de una isla en la bahía de Panamá con alto calado para naves PostPanamax. Entonces, ¿No tendremos tiempo dentro de un par de años, cuando la obra canalera esté en proceso, para pensar en licitar la concesión de dicha área portuaria? ¿No tendrá este proyecto que ver con el atraso que el Palacio de Las Garzas le está dando a dicha presentación que desde principios de año la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) tiene lista para dar a conocer a la ciudadanía?
Me preocupa que intereses privados personales de profesionales y funcionarios están dando la equivocada impresión de que este proyecto puede sustituir la necesaria expansión del Canal, cuando no es así. Se aduce que el mismo va a crear miles de empleos y millones de ingresos al fisco como si se tratara de una novedad, cuando los puertos existentes tendrán por muchos años capacidad para atender esa demanda. De aprobarse la expansión, dentro de diez años cuando las naves PostPanamax tengan que llegar a nuestras costas para atravesar la vía interoceánica, será entonces el momento de estrenar un megapuerto de alto calado, no ahora. O es que estas grandes naves se van a desviar a nuestras costas solo para dejar parte de su carga.
Se habla de un enorme relleno con arena sacada de fondo de mar, cuando en unos años vamos a tener disponibilidad de tierra para dicha obra y muchas otras. He escuchado de expertos que si utilizamos en ese proyecto los recursos areneros del país el daño a la ecología será muy grande y el precio de este material de construcción escaseará y se elevará por los cielos, causando un alza en los costos de las obras públicas y de las viviendas.
En base a estos planteamientos considero que este no es un proyecto para considerar en estos momentos. El gobierno debe recapacitar y sacar las manos de este megaproyecto que no tiene la debida sustentación económica y que después terminará obligando al Estado a dar concesiones directas que terminamos pagando los contribuyentes. A nuestro pequeño país siempre le ha ido mejor con muchos proyectos pequeños y medianos, dejemos los Mega para las grandes economías, por favor, señor Presidente abstenga a sus colaboradores de vendernos megailusiones.
Como presidente de la Autoridad Portuaria Nacional y miembro del Gabinete me tocó convencer al presidente Guillermo Endara de que nuestro país no podía seguir operando sus puertos en esa forma y que para nuestra condición de ruta marítima obligada significaba desperdiciar oportunidades de inversión y la creación de nuevos empleos. La preocupación dentro del Gabinete se centró, por razones obvias, en la oposición de parte de los sindicatos y las posibilidades de un paro portuario a nivel nacional que dejaría al país aislado y económicamente paralizado.
Después de evaluar todos estos posibles escenarios, llegamos a la conclusión de que la mejor manera de evitar una confrontación era venderles la idea de que el crecimiento del país y las actividades canaleras hacían necesario un nuevo puerto en el Atlántico y que como el gobierno no tenia recursos se daría su construcción a concesión privada. Muchos empresarios y políticos que no entendían entonces la importancia de este proyecto se manifestaron públicamente en contra, y algunos hasta comparecieron ante el pleno de la Asamblea Legislativa durante la discusión del contrato ley, para manifestar su desacuerdo (ver artículo de opinión, EPASA octubre 20 de 2002).
Quiero manifestar la gran satisfacción que siento de haber dedicado tantos esfuerzos a ese tema y el haber contado con un equipo en el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) que me apoyó sin vacilaciones. Ahora que puedo observar como una idea y la perseverancia de muchos que creyeron en el proyecto, en especial el Presidente Endara, logró este resultado de gran trascendencia para nuestro país.
Desde hace meses se viene hablando de un Megapuerto, patrocinado por el gobierno en la entrada del Canal. Hasta donde he podido analizar esta megainversión no encuentro justificación para realizarla en estos momentos. Me preocupa ver titulares en los medios que indican que: "Gobierno reduce tamaño de Megapuerto para hacerlo rentable". Creo que si este es un proyecto privado son los inversionistas los que deben decidir el tamaño de su inversión y no el Gobierno Nacional y segundo, porqué tiene el gobierno que promover con tanta vehemencia una obra que a todas luces no es en estos momentos indispensable para el país. Los puertos de Balboa están trabajando hoy por debajo de su capacidad y actualmente se invierten en ellos cientos de millones en nuevas expansiones y grúas. Considero que debemos esperar que estas obras maduren y no estar forzando cifras para que un nuevo proyecto justifique su inversión.
Tengo entendido que la obra de expansión del Canal tendrá que disponer de millones de metros cuadrados de tierra y que dentro de sus estudios está la posibilidad de la creación de una isla en la bahía de Panamá con alto calado para naves PostPanamax. Entonces, ¿No tendremos tiempo dentro de un par de años, cuando la obra canalera esté en proceso, para pensar en licitar la concesión de dicha área portuaria? ¿No tendrá este proyecto que ver con el atraso que el Palacio de Las Garzas le está dando a dicha presentación que desde principios de año la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) tiene lista para dar a conocer a la ciudadanía?
Me preocupa que intereses privados personales de profesionales y funcionarios están dando la equivocada impresión de que este proyecto puede sustituir la necesaria expansión del Canal, cuando no es así. Se aduce que el mismo va a crear miles de empleos y millones de ingresos al fisco como si se tratara de una novedad, cuando los puertos existentes tendrán por muchos años capacidad para atender esa demanda. De aprobarse la expansión, dentro de diez años cuando las naves PostPanamax tengan que llegar a nuestras costas para atravesar la vía interoceánica, será entonces el momento de estrenar un megapuerto de alto calado, no ahora. O es que estas grandes naves se van a desviar a nuestras costas solo para dejar parte de su carga.
Se habla de un enorme relleno con arena sacada de fondo de mar, cuando en unos años vamos a tener disponibilidad de tierra para dicha obra y muchas otras. He escuchado de expertos que si utilizamos en ese proyecto los recursos areneros del país el daño a la ecología será muy grande y el precio de este material de construcción escaseará y se elevará por los cielos, causando un alza en los costos de las obras públicas y de las viviendas.
En base a estos planteamientos considero que este no es un proyecto para considerar en estos momentos. El gobierno debe recapacitar y sacar las manos de este megaproyecto que no tiene la debida sustentación económica y que después terminará obligando al Estado a dar concesiones directas que terminamos pagando los contribuyentes. A nuestro pequeño país siempre le ha ido mejor con muchos proyectos pequeños y medianos, dejemos los Mega para las grandes economías, por favor, señor Presidente abstenga a sus colaboradores de vendernos megailusiones.