Megapuerto
La propuesta de construir un megapuerto en la entrada canalera del Pacífico puede ser conveniente sólo si se mantiene un régimen uniforme para los operadores portuarios. Los argumentos y contra argumentos sobre su viabilidad económica quedarán zanjados una vez se hagan públicos los términos de referencia de la licitación internacional y se vea si hay o no interesados.
Más inversión en el área portuaria consolida a Panamá como el principal centro de trasbordo del subcontinente. La calidad de los trabajadores panameños se certifica al conocer que las grandes empresas que manejan los puertos privados en ambos océanos no sólo están trasladando sus sedes regionales a Panamá, sino que operarios y ejecutivos panameños son llevados a dictar cursos y conferencias a los puertos de estas empresas en otros países. Y no estamos hablando de cualquier par de empresas, sino del operador portuario más grande del mundo y del operador portuario más grande de los Estados Unidos.
Este diario cuestionó dura y permanentemente la llamada "equiparación", no porque no consideráramos conveniente que hubiera un régimen universal de puertos, sino porque ésta no era tal cosa y su circunstancia fue escandalosa.
Una vez zanjadas las diferencias, gracias a la brillante y valiente labor del ministro Alejandro Ferrer y su equipo, lo que se impone es un régimen universal de puertos. Sería motivo de grave cuestionamiento y de posible escándalo que los términos de la licitación del megapuerto contuvieran beneficios y concesiones adicionales a las que se les han establecido a los otros operadores establecidos. Todo el esfuerzo de saneamiento de este tema tan escabroso puede verse empañado nuevamente y ya no habría la excusa de culpar al "Gobierno anterior". Tampoco consideraríamos conveniente que la misma empresa que opera el puerto de Balboa maneje el de Farfán. Lo que este país y la economía regional requieren es competencia y para ello lo correcto sería que cada puerto tenga un operador distinto en cada océano. Si bajo condiciones de igualdad hay empresas interesadas en obtener la concesión e invertir los cientos de millones de balboas que se requerirán, entonces todos ganaremos. Si se dan beneficios especiales o se permite un monopolio, entonces volveremos al escándalo.
Más inversión en el área portuaria consolida a Panamá como el principal centro de trasbordo del subcontinente. La calidad de los trabajadores panameños se certifica al conocer que las grandes empresas que manejan los puertos privados en ambos océanos no sólo están trasladando sus sedes regionales a Panamá, sino que operarios y ejecutivos panameños son llevados a dictar cursos y conferencias a los puertos de estas empresas en otros países. Y no estamos hablando de cualquier par de empresas, sino del operador portuario más grande del mundo y del operador portuario más grande de los Estados Unidos.
Este diario cuestionó dura y permanentemente la llamada "equiparación", no porque no consideráramos conveniente que hubiera un régimen universal de puertos, sino porque ésta no era tal cosa y su circunstancia fue escandalosa.
Una vez zanjadas las diferencias, gracias a la brillante y valiente labor del ministro Alejandro Ferrer y su equipo, lo que se impone es un régimen universal de puertos. Sería motivo de grave cuestionamiento y de posible escándalo que los términos de la licitación del megapuerto contuvieran beneficios y concesiones adicionales a las que se les han establecido a los otros operadores establecidos. Todo el esfuerzo de saneamiento de este tema tan escabroso puede verse empañado nuevamente y ya no habría la excusa de culpar al "Gobierno anterior". Tampoco consideraríamos conveniente que la misma empresa que opera el puerto de Balboa maneje el de Farfán. Lo que este país y la economía regional requieren es competencia y para ello lo correcto sería que cada puerto tenga un operador distinto en cada océano. Si bajo condiciones de igualdad hay empresas interesadas en obtener la concesión e invertir los cientos de millones de balboas que se requerirán, entonces todos ganaremos. Si se dan beneficios especiales o se permite un monopolio, entonces volveremos al escándalo.